lunes, 14 de septiembre de 2020

La otra guerra 2: momento televisivo digno de notar

Dejando a un lado lo que ha supuesto 2020 para el mundo en torno al asunto de la COVID-19, otro tema que ha marcado mi vida en estos últimos meses ha sido atravesar la semana en mis quehaceres cotidianos y esperar con ansias el domingo a las nueve de la noche para deleitarme aproximadamente durante cuarenta y cinco minutos con la exitosa serie La otra Guerra en su segunda temporada. Confieso que al principio no llamó mi atención cuando transmitieron la primera hace algún tiempo atrás, pero de esta que ahora vemos por Cubavisión, el canal de todos, me tiene enfermo con la pregunta todo un ciclo de seis días de qué sucederá en el próximo capitulo.

 

De aquellos que he visto hay tres momentos que conmovieron todo mi ser de manera electrificante. El primero fue la recreación del asesinato de los niños de Bolondrón en 1963 por las bandas contrarrevolucionarias, el segundo la historia contada por el personaje de Luis Enrique Carreres del viejo mambí Juan Mateo y la tercera, la muerte del gordo Yeyo en la emisión de anoche 13 de septiembre de 2020. Ignoro si los dos últimos fueron basados en la realidad o simplemente una buena jugada dramática del guionista Eduardo Martín Vázquez Pérez, pero para el espectador que de una forma u otra puede sentirse un personaje más, han sido toques que penetran el espíritu con una fuerza tremenda y profunda.

 

Así podemos palpar ese pasado que no está del todo claro en los libros de textos que desde la educación primaria nos acompañan pero que con el discursar de los años llegas a la conclusión de que no dicen aquello que deberían de decir. Eso es tema para otro artículo, recuerdo y aquí lo anoto para cuando me decida a escribir de ello. Por ahora en mi mente el llanto de la madre al descubrir en el piso de tierra los cuerpos inocentes de los infantes acribillados por las balas asesinas; el sentimiento como un escucha más de la historia triste de Juan Mateo al decir que estaba cerca del general Antonio en aquella carga al machete; el gordo Yeyo desangrándose con las ganas de seguir viviendo y la muerte tocándole las puertas de la existencia.

 

Osvaldo Doimeadiós, (Mongo Castillo) y Fernando Echavarría (El Gallo), muestran grandes actuaciones en esta propuesta que es lo mejor de lo mejor en esos tiempos de nuestra televisión cubana en 2020. También merecen sus notas aparte dentro de lo que se piensa en cuanto a los aspectos que forman los engranes principales de esta importante serie. Dejémosle eso al tiempo.          

jueves, 20 de agosto de 2020

Acerca de las reglas para no rendirnos antes de tiempo


   La primera regla que debemos aceptar en torno al asunto es que nos tocó ser carne, no Dios Omnipotente e Inmortal y la única rendición que real en nuestras vidas deberíamos adoptar, es la de abrirles nuestros brazos exclusivamente a la muerte al final de un largo camino. Mientras tanto, es cierto: nos agotamos y pensamos en instantes que todo se va acabando, pero ¡oh milagro!: podemos levantarnos y continuar, porque siempre llegarán nuevas fuerzas con las que poder seguir y reordenarnos el universo.  

   De otra forma para que se entienda la idea: vendrán sobre nuestras existencias huracanes tormentosos una y otra vez que nos querrán llevar a “mismísima mierda misma”, como dice un argentino que resume películas en You Tube, pero miremos bien mientras las rachas nos zarandean de aquí para allá y de allá para aquí a los lados, quitándonos el fango de los ojos para ver las dianas amarradas de la esperanza que nos pueden sujetar y ser éstas ángeles salvadores.

   De otra forma más, resumiendo, para entender la idea de una vez y por todas: aunque seamos carne lista para entregar a los sepulcros como producto putrefacto en mercado de orcos, crearnos una armadura de espectador curiosísimo que se pregunta todo el tiempo qué hay después en filme “live action” que somos, es clave esencial para “entender tal cuestión” y procurarnos con lo que nos queda de las ganas después de desechos los huracanes, unos cuantos años más de metraje para ver qué nos sucede.

   Las demás reglas para no rendirnos antes de tiempo, es mera  decisión de cada cual…     

martes, 18 de agosto de 2020

El profe Ibrahim…

Ibrahim en una demostración histórica


Acaba de morir hace algunas horas sumándose a la lista de quienes se hanido sin dejarme contar en este blog las historias inéditas que habían en sus vidas. Tuve el inmenso honor de oírlo hablar de la Historia de Cuba con pasión desorbitarte cuando compartíamos cátedra en el centro mixto “Israel Pardo Guerra” de este municipio y por aquellos tiempos yo era un pedazo de aprendiz en lo que él tenía más de cuarenta años recorridos: el profe Ibrahim era por lo tanto, en el Departamento de profesores de Historia, el más experimentado y hablaba de Céspedes Maceo, Gómez y Martí (por así citar algunos ejemplos), con tanta certeza como si hubise estado machete en cintura en la manigua con ellos. 

Ante aquellos alumnos que siempre estaban en “la guanajá”, como dijéramos en buen cubano en sus turnos de clases, su mano no le temblaba para regañarlos rectamente, cosa que me hacía compararlo con un sacerdote moderno al que no le gustaba que le faltasen el respeto a su religión bajo ninguna razón del mundo.

Recuerdo claramente con especial cariño uno de esos días de dos mil diecisiete en el horario de receso, cuando nos dábamos nuestros buches de refresco y partíamos el pan bañado con una fina capa de mantequilla con tranquilidad, que de buenas a primeras instalamos a conversar sobre aquellos Presidentes de la seudo república cubana. Evocó entonces su época de estudiante en La Habana, de cuando lo llevaron a ver a Grau San Martín que a inicios de la década de los sesenta sacaban de su residencia a tomar el sol en las mañanas y junto a un grupo de compañeros tuvo la oportunidad de ver. Aquello prendió en mí los deseos de realizarle una entrevista para EL CUBO que por entonces empezaba sus andanzas.

Meses luego realizaron en la escuela una ceremonia de reconocimiento a combatientes que en los inicios de la Revolución lucharon contra los bandidos en Guamá y de pie en la plaza estuvo el profe explicando con batuta firme en un mapa y su palabra certera aquellos incidentes de la historia municipal. La entrevista nunca pude hacerla pero de aquel día guardo entre mis archivos fotografías donde lo vemos presente en dicho homenaje a los combatientes.

En materias historiográficas los profesores más jóvenes siempre lo consultábamos y con voz  rápida nos decía: “Coja el libro compay y venga pa´ca”, y ahí mismo, sentados a la mesa o debajo de una sombra te explicaba lo que quisieras párrafo a párrafo. Algo que también lo identificaba ante mí era que a pesar de sus problemas de salud siempre llegaba puntual a la escuela y a sus turnos. En esas cuestiones compartimos en incontables ocasiones desde Chivirico los coches de dos pesos, en las primeras horas de cada jornada para estar a tiempo en los matutinos y en la primera línea de fuego. Con su partida Guamá pierde a un hijo ilustre, a un sabio, a un amigo. Haberlo conocido fue un verdadero placer y lo despido hacia la inmortalidad diciéndole: ¡Gracias Ibrahim por sus lecciones! 

En otro evento pedagógico

 

 

lunes, 10 de agosto de 2020

Aquí también comemos hayaca…

Mientras se cocina hayaca

El maíz en Guamá no se da muy extensivo. Las condiciones desfavorables en las regiones costeras del municipio no propician las grandes cantidades del alimento como lo son Contramaestre, Palma Soriano y  San Luís, por así mencionar algunos terruños que lo cultivan de manera firme durante todo el año. Aquí en las lomas del Primer Frente Oriental José Martí el grano abunda un tanto más en campos “tierra arriba” donde campesinos aferrados se empeñan en cultivarlo, y en otras ocasiones es exportado de esas municipalidades que nos rodean en tractores y carros alquilados. De esta manera es comúnmente comercializado por los barrios humildes en los que nos dividimos a lo ancho de 157 Kilómetros de longitud. 

Independientemente de la explicación que brindo en el párrafo anterior y consecuencia directa de la adquisición,  lo cierto es que los guamenses también tenemos la suerte de poder disfrutar de este verdadero oro en la deliciosa hayaca, preparada con esmero en nuestras humildes cocinas y fogones, a pesar de lo caliente que son estos meses veraniegos, por las manos expertas de nuestras esposas, madres, hermanas y abuelas.

El caldero que no pude faltar

Es duro los avatares de picar el maíz… darle manigueta al molino cientos de veces para lograr la pasta (labor que realizamos preferente los hombre), y luego condimentarla… el seleccionar las hojas adecuadas para montar el producto deseado… aguantar las altas temperaturas mientras se cocinan… hundir las de arriba para que queden perfectas en el agua hirviendo y poner las de abajo en una palangana; pero vale la pena esperar y echarle una buena salsa de hígado de puerco por encima y sentarse a degustar el exquisito sabor que tiene el maíz sembrado en esta tierra caribeña.

Hayacas acabadas de sacar de la candela

Es un plato que amo desde pequeño. Por él dejo hasta el arroz que está en nuestras mesas durante todos los meses del año y recuerdo mientras muerdo los pedazos, a aquellos colonizadores españoles del siglo XV que buscando pepitas del metal más codiciado del mundo hallaron otro legado mejor que a través de los siglos, nos servimos sus descendientes.          

 
En el plato con hígado de cerdo

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