domingo, 13 de agosto de 2017

Picar piedras en Cuba también es un trabajo.


Recuerdo haber crecido a finales de los noventa y a principios de los 2000 viendo una serie de dibujos animados de la extinta Hanna Barbera, llamada o traducida al español como los Picapiedras. Aquella mostraba las peripecias de un tal pedro picapiedras, pablo mármol y unos cuantos personajes más en la ciudad de Piedradura. El trabajo del protagonista consistía en sacar de las canteras de dicha urbe metros cúbicos y más metros cúbicos de roca. Todos los chamacos de aquel entonces nos reuníamos los fines de semana frente a los krin-18 claro, siempre y cuando hubiese electricidad. Demás esta decir por la crisis que atravesábamos por aquellos famosos años donde a veces nos venvia el sueño esperando la luz. En la actualidad no hace mucho que por la señal del Multivision, canal cubano de mucha demanda, han puesto nuevamente la serie. Aquellos Cartoons, realizados por cierto en la década del 60 del siglo XX son personajes que pertenecen a la ficción pero en la realidad de nuestra isla y de nuestro pueblo que no se deja morir, que se inventa y reinventa día a día, ser un picapiedras es un trabajo de verdad. En muchas jornadas veraniegas, en las que cesan las actividades docentes a las que me dedico, y el dinero de las vacaciones empieza a esfumarse, yo he tenido que sudarla picando piedras. A raíz del entretenido rato que he vivido haciendo este trabajo, me ha entrado hace mucho ganas de hacerle una crónica. Hoy la materializo apoyado  en una de las conversaciones sostenida con uno de mis parientes que lleva unos cuantos meses jugándoselas en esta aventura.
-¿Es verdad que sacar piedras da dinero? –le pregunte para provocarlo.
-Bueno, si trabajas con inteligencia y sin maltratarte –me responde tranquilo.
-¿Es un trabajo duro entonces? –le insisto.
-Si, es un trabajo duro que hay que cogerlo con calma, sin matarse, si lo coges con mucha furia te revienta. Mira, ahora mismo me pase un mes sin trabajar ya porque el tractor se rompió, pero también recuperándome, no es lo mismo un grupo de personas que uno solo.
-¿Qué hace falta para ser un picapiedras?
Tener un par de guantes, pantalón, una camisa mangas largas, debido a que los lugares son intrincados. Hay guao, bejucos con espinas, un machete para estar chapeando, una barreta, una mandarria…
-¿Le ves el resultado a este trabajo?
Sí se ve el resultado. Yo no tenía zapatos y otras cosas que me hacían falta. Es una pincha en que te la pasas al sol el día entero gastando energía y haciendo fuerza que para el que no este adaptado le es perjudicial para la salud. Un momento que te distraigas lo mismo te puede crear una hernia, joder la columna, es tres veces más gasto de energía que cualquier trabajo simple. Hay que sacar las piedras, llenar la carreta y hacerlo con las piedras exactas porque si no la llenas bien no hay buena paga. Esas piedras son la materia prima lo mismo que para hacer arena, que gravilla o polvo.
-Se deduce entonces que sacarlas y llevarlas al vehículo que vaya a buscarlas es un tremendo desafío.
Para uno solo es una mañana trabajando sin descansar mucho pero cuando somos mas comenzamos a las siete de la mañana y antes de la diez tenemos dos carretas sacada. A veces cuando el tractor llega nos pasamos media hora cargándolo y cuando este daba una vuelta ya teníamos el otro.
-¿Crees que sacar piedras s un trabajo normal?
Bueno, no es que se trabaje con el estado porque no tenemos un contrato ni nada de eso pero tampoco te perjudica ni te enreda con la ley.
-También está que cuando tu levantas las piedras tienes que tener cuidado con los alacranes, majas.
Por eso es que usamos loa guantes, sin ellos es una locura. Yo he recibido unos cuantos picotazos. Igual nos topamos todo el tiempo con arañas peludas.
-me han dicho que los lugares en donde se sacan piedras son áreas que los ampesinos quieren limpiar ¿es verdad eso?
Así mismo. Pero en mi caso yo ya tengo un lugarcito ahí para trabajar que no tiene nada que  ver con los campesinos.
-¿Son muchas las personas que se dedican a picar piedras?
-Hasta donde sé, somos unos cuantos grupos en la zona donde trabajo. Al frente de donde doblo el lomo hay dos socios metidos en su pedacito.
-¿Cómo se eligen los lugares?
-Eso no es algo fijo. Es a veces los mismos tractoristas donde hay buenas lajas. A mí me dijo uno donde había y nos fuimos a inspeccionar el área. Nos pusimos de acuerdo y nos quedamos allí mismo.
Vale la pena entonces el esfuerzo.
-este es un trabajo que tu no inviertes no más que tu fuerza y acaso la merienda que llevas. Merienda que en todo momento debe ser reforzada. Para ser un saca piedras hay que estar bien alimentado si nos ponemos a medir la intensidad de lo que hacemos. La merienda es mejor que sea económica porque si la buscas muy cara no da la talla. El objetivo es gastar menos para hacer mal. A principio de cuando comencé yo me mataba. Poco a poco le cogí el ritmo y sacaba una carreta diaria. Como trabajo a veces solo, me digo: son 100 pesos diarios y ya.
-¿Adónde llevan las piedras?
Las que yo saco las llevan al molino de Anacahuita. Particular pero asociado con el estado.
Podemos decir que al final la piedra que se procesa en el molino van a parar a la sociedad y a las obras del estado.
-Exacto. Mira, cuando sacamos la piedra para el molino y esta es convertida por ejemplo, en arena, tiene muchos fines. Se que el molino tiene un contrato con la fábrica de puentes y cuando a sta se les acaba el recurso para hacer las piezas prefabricadas mandan carros al molino y ya se van abasteciendo.
Hablemos ahora del dinero. Me dijiste que cada carreta vale cien pesos. ¿Cierto?
De cincuenta a cien pesos y cuando somos dos no los dividimos a la mitad. El del molino le paga al del tractor y el tractorista viene y te paga.
-¿sacas piedras todos los días?
Eso depende porque el día que no saque es dinero que me dejo de buscar y la cosa esta mala. Uno de los trucos clave de esto es que tienes que ser constante. No podemos obviar el descanso pero si el cuerpo está en óptimas condiciones, fuego a la lata, digo, a las piedras. En los primeros meses trabajaba de domingo a domingo.
Entonces te buscabas 700 pesos a la semana. ¡Qué bien! Pero hacer ese gran esfuerzo físico ¿No te ha traído problemas con la salud?
Los que nos aventuramos a esta pincha aprendemos con el tiempo. Al principio te duele el cuerpo pero luego te vas adaptando.
¿Se saca piedras todo el año o solo es por temporadas?
Por lo duro que es lo hacemos por temporadas. No podemos decir que nos vamos a dedicar a entero a ello. Esto es para pasarse tres o cuatro meses y hacer una platica rápido. Entre dos es más corto.
A pesar de lo jodido y tedioso que es se puede ver el resultado, ¿no es así?
No es lo mismo ganarse 25 pesos al día en una empresa estatal, que cien pesos en un rato. Como está el costo de la vida algunos preferimos trabajar particular así sea al costo de la salud. La necesidad obliga, ¿entiendes?
Siendo un picapiedras ganas más dinero en menos tiempo, ¿es lo que me quieres decir?
Por donde quiera que tú lo mires es mejor.
Descríbeme un día sacando piedras.
Yo me levanto a las cinco y media de la mañana. Como vivo distante en lo que llego a allá ya son las siete. Empiezo a trabajar. Como a las diez hago mi receso y me como la meriendita. De ahí comienzo otro turno hasta las doce. Luego almuerzo lo que me llevo y tengo un lugarcito donde me tiro, refresco y hasta echo un sueñecito. Por la tarde en eso de las tres me pego hasta a las cinco y algo. Cuando quiero aprovechar el día me extiendo hasta que no halla luz. Después la retirada hasta el otro día.
-Puedes decirme entonces a modo de conclusiones que piar piedras es un buen negocio. Duro pero bueno.
-Es sacar una platica rápida y limpia. Limpia porque no le robas a nadie y sobre todo que lo haces con el sudor de tu frente.

Guamo: Identidad de los guaménses

Conozco gente de ciudad que si le dices dónde vives no pueden aguantarse el mal de gesto de asombro y dicen que eres donde el diablo dio cinco voces y nadie lo oyó. Así me ha pasado con Guama, el municipio montañoso que se enclava al oeste de Santiago de Cuba, aquella villa fundada por el adelantado Diego Velázquez y en al cual tengo la dicha de vivir hace más de quince años. Demás está decir que esas situaciones a nadie le gusta sobre todo si te ofenden el lugar donde has despertado tantas mañanas de tu vida. No soy guamense de nacimiento más cuando vine a vivir aquí el verde de las montañas y el azul del mar me adoptaron para hacerme hoy lo que soy. En guama reside un mundo maravilloso. Sus residentes loma arriba apenas en la actualidad comienzan a abrirse paso en el mundo globalizado. Mi comentario puede ser buen pretexto para una otra crónica. Quiero hablarles en esta de una obra que recibe al viajero que llega a la capital municipal tanto como a los cubanos o al extranjero. Es el caracol (o Guamo), una obra que identifica al municipio y está situado a mano derecha frente a las cadenas de tienda CIMEX. Tuve la oportunidad de dialogar con Yoandris Araño, otro hijo orgulloso de su terruño y uno de los dos hermanos que trabajaron en el proyecto. Aquí les va sin más el resultado de la pequeña entrevista pero muy importante que me concediera:

¿Cuándo surgió la idea de este proyecto y quienes fueron sus protagonistas?
La idea surgió a mediados de 2015 cuando Benigno Rodríguez Torres*** nos habló acerca de crear una obra que identificara al municipio. Nos propuso varias opciones y por ejemplo la que más funcionaba era la del Caracol. Los protagonistas mi hermano y yo. (Yoandris y Yoendris Arañó. Pintor y Escultor respectivamente). Con el apoyo de Benigno y la institución de Comunales que nos brindaron el espacio y el financiamiento de la obra. Esta fue realizada en cuatro meses y medio.

¿Quiénes creyeron que se podía realizar la obra y quienes no?
Creímos en la obra nosotros y nuestra familia, conocidos; demás está decir, o para qué, quienes no.
A raíz de aquellos que dudaron, ¿Tuvieron ustedes miedo?
Fue un reto. Nunca tuvimos miedo.

¿Cómo ha aceptado el pueblo la obra?
La obra tuvo buena aceptación. El pueblo se siente identificado con esta y siempre hace actos de reconocimiento sobre todo cuando nos detiene en la calle para preguntarnos y hablarnos de ella. Tienen un muy buen criterio como de nuestro trabajo como de nosotros los artistas.

¿Crees que el Guamo representa dignamente al municipio?
Creo que el Guamo comienza a identificar el municipio porque el ícono de siempre ha sido el Pico. Creo que el Guamo funciona mejor.

¿Cómo artista cual ha sido tu experiencia con este proyecto?
Me sentí muy emocionado al ver el resultado final pero sin embargo en el proceso de creación como muchos otros la disfrute más ya que a la vez tuvimos contacto con el público, trabajando a veces hasta la nueve treinta de la noche, otras hasta las diez lleno de cemento yeso o barro. Mi papá nos ayudó así como otras personas de Chivirico. Ha sido muy interesante y no la voy a olvidar nunca.

Dices que hasta las nueve treinta, otras hasta las diez. ¿Cómo fueron esas jornadas? Es decir, ¿A qué hora comenzaban? ¿Cuáles fueron algunos de los pasos?
Empezábamos a las siete u ocho en los talleres de comunales. Hicimos primero la base (encima de una llanta de un carro pequeño). Empezamos a soldar los alambres y cabillas. Utilizamos barro para modelar la pieza (Proceso que duró tres meses, no hubo dificultades.) el yeso utilizado fue comparado en Holguín. (Se utilizaron 10 libras). Luego se trabajó en el área en donde se iba a montar la obra (diseño del espacio). Esperamos unos diez días para que se endureciera la pieza dentro del molde. Después trabajamos en el acabado (figura final que se puede observar).

¿Qué recuerdas del día de la inauguración?
El día de la inauguración se celebró un acto que hizo referencia en todos sus aspectos al municipio (Guamá). No faltó la participación de Benigno que expuso las palabras de presentación, representantes de la casa de cultura municipal y el pueblo que fue el principal protagonista.
 
¿Algún mensaje para aquellos que aún no se deciden a realizar las suyas?
Solo tengo una sola cosa que decir; arrancar y no pensar.



lunes, 31 de julio de 2017

El hombre desnudo

  
   -Cuídate, Cundo, que hoy se sueltan los perros del cielo –comentó uno de los primos que sonreía pícaramente en forma de despedida y fueron saliendo uno a uno.
   Al rato el viejo salió al portal, y no lograba explicarse por qué todavía le resonaban en los oídos aquellas palabras. La oscuridad, por instantes, era rota por los flashazos de los relámpagos. La tormenta era inminente. Sin temor alguno se sentó a balancearse en su sillón de caoba. Del bolsillo de la camisa Sacó el tabaco y prendió un fósforo.
   Oyó ladrar a los perros y aspiró una bocanada. Extrañado prestó atención. Ninguno de los primos acostumbraba a regresar luego de terminado el juego de dominó. Se paró junto a un horcón para observar mejor. Le disgustaba no obtener ninguna información entre tanta oscuridad. Tal vez le habían cogido miedo a la tormenta. 
   -¿Quien anda ahí? ¿Qué quiere?
   -¿Facundo Martínez? –le respondió una voz desconocida y sintió como desprendían el alambre del portillo.
   -Soy yo. ¿Quién quiere saberlo?
   La silueta siguió avanzando hasta que la luz del candil fue revelándola por completo. Era un joven, y el viejo quedó convencido de que no era por todo aquello. Venía desnudo. Su piel era pálida. Cualquiera se hubiese asombrado menos Facundo.
   -Vengo desde lejos –dijo- Al parecer es verdad lo que me han dicho.
   -¿Y qué le han dicho?
   -Que usted no tiene miedo.
   - Han sido pocas las cosas que me han asombrado. Pero desembuche ¿qué quiere?
   - Vengo del mismísimo infierno.
   -Mas bien parece un loco. Está a punto de llover, entre ¿Allá en el infierno no les da catarro?
   -Intentaré ser breve –interrumpió el desconocido –.No soy ningún loco.
   -Acabe de decir entonces qué es lo que quiere, No quiero perder la paciencia por segunda vez en la vida.
   -Sí, ya sé. La primera fue cuando le robaban los chivos, ¿Recuerda?
   -¿Y cómo usted sabe eso?
   -Su compadre me lo dijo antes de tomar el tren.
   -Eso es imposible. Al que era mi compadre lo machetié en el acto. Ese ladrón no llegó vivo al pueblo. ¿Usted se está burlando de mí, caríjo? 
   -Yo solo me limito a hacer mi trabajo.
   El viejo miró al desconocido a los ojos y se percató de que estos no brillaban. Por primera vez se le agitó el corazón pero quiso disimularlo y apagó el tabaco contra el mango del balance.
   -De donde vengo, veo a su compadre casi todo los días. No le guarda rencor ¿Sabe?
   -Con los muertos no se habla, a menos que uno también lo esté o que la Muerte misma quiera decirme algo en persona.
   -Es verdad, la Muerte suele hablar con algunos vivos. Sobre todo si les toca partir. No le daré más rodeos Facundo Martínez…
   -Aún no estoy listo –dijo el viejo, entendiendo.
   -No puedo hacer nada.
   -Mi madre siempre decía que la Muerte venía encapuchada, y mire usted... ¿gustaría un jarrito de café? Colé un poquito mientras jugábamos dominó. Mis primos se marcharon no hace na´. ¿No los vio por ahí?
   -Me pasaron justo al frente con los mechones en la mano. El único que se percató fue el perro, se puso a ladrar. Uno de ellos lo regañó diciéndole que no fuera tan soquete y que no le ladrara a los relámpagos. A veces es mejor ser un perro. No perdamos más tiempo, le acepto el buchito; se me está prohibido, pero haré una excepción.
   El ya no tan desconocido se sentó en el balance.
   En menos de diez minutos romperá a llover –dijo.
El viejo volvió con el jarro y el tabaco encendido. El café estaba amargo, exactamente como le gustaba, a pesar del protocolo que violaba.
   “De veras que soy osada” –pensó.
   Esperó a que el viejo terminara de fumar y apagara el mocho, después se puso en pie frente a él. Este frunció el seño cuando un rayo iluminó el camino en dirección al portillo.            
   -¿Cómo lo harás? –preguntó Facundo, pues no veía guadaña, ni ninguna otra cosa que pudiera quitarle la vida.
   -Con el dedo, simplemente con el dedo.
   Después de decir estas palabras, tocó la frente del viejo, quien comenzó a sentir un olor a tierra mojada y aunque se esforzaba en abrir los ojos, no pudo ver cómo al joven le salían unas enormes alas grises y emprendía el vuelo.

5 de octubre 2016    

Onel Pérez: ´´La literatura es como un árbol´´


El joven poeta Onel Pérez Izaguirre en una de sus más recientes lecturas

-¿Qué es para Onel Pérez Izaguirre la literatura?

-Literatura es la otra realidad que las personas no saben percibir. Hay que tener oídos y ojos espirituales  . Son aquellas palabras que te vienen como susurradas, frágiles y es inevitable que guardes silencio ante ellas. Palabras que al final van a tener un compromiso social, un compromiso para que la gente a través de la literatura pueda crecer.

-Sé que vas a publicar tu primer libro, ¿Cómo te sientes al saber que al fin tu esfuerzo va a salir a la luz?

-Un libro es una criatura, el fruto del trabajo; el sacrificio de los escritores y más de aquellos que somos locales, que vivimos alejados de las ciudades. Publicar Fosa Común me hace sentir feliz. Va a salir publicado por la AHS, organización de los jóvenes artistas que son la vanguardia y el talento, específicamente por Ediciones Ávila. Es un texto complejo. Habla sobre la realidad actual en Cuba, la familia, la concepción que tengo de la poesía, es una obra que habla de cosas que no se dicen. Mi poesía llega a esas partes de la marginalidad. Yo creo que mi libro nos da la oportunidad de ver esas cosas y contarlas a través de la belleza y eso es lo que he querido lograr con este volumen.

-Hay un punto interesante en aquello de que somos escritores locales, ¿por qué tenemos la necesidad de creer que  no somos menos importantes que los escritores a nivel nacional o inclusive internacional?

-La literatura que hacemos desde aquí también ayuda a la gente a vivir. En mi obra no hablo solamente de dolor, hablo de la vida, de cómo mis poemas pueden llegar a sensibilizar. Decía Martí: "La poesía es la lengua de lo subjetivo permanente". Es decir que la poesía (en mi caso) trabaja conscientemente y subjetivamente creando maneras. También decía Martí: "la poesía le da el deseo y la fuerza a la vida". Siento que lo que escribo ha ayudado en los barrios, en esos lugares muy locales, y lo he percibido en mis lecturas, en las formas de avanzar en la vida,  de esforzarse y sacrificarse. Dice en el libro de Josué, en La Biblia: "Esfuérzate y se valiente". Decía José Lezama Lima algo parecido: "solo lo difícil es estimulante". Yo no creo que los escritores locales seamos menos importantes como los nacionales o aquellos que viven fuera de la Isla.

-Para ti, ¿qué es lo más importante, la fama o trabajar para crecer en el espíritu?

-Es verdad que la fama de alguna manera te da reconocimiento y visibilidad. Los premios son importantes. Pero los premios ni la fama dicen si eres buen escritor o no. ¿Qué dice o afirma que lo seas?: El tiempo. Por ejemplo, el gran Lezama Lima no ganó grandes lauros, pero sin embargo fue Lezama Lima y por qué, por todo el sacrificio, todo el empeño que puso en su obra. Él estaba decidido a ser lo sería en su vida sin importarle llegar a la fama. Como el caso de Jorge Luis Borges y otros tantos.

-Podemos resumir que la literatura es como un árbol que primero tememos que sembrar para que con el tiempo nos de sus frutos.

-Exacto.

-Este libro que vas a publicar es la semilla, no de la fama, sino de tu trabajo y el esfuerzo dedicado.

-Sí, creo que mi libro lo hice con inocencia, es mi primogénito, donde creo que hay poemas que me marcaron definitivamente como el que le da nombre al libro. Cuando yo lo escribí me dije: yo voy a ser poeta. Antes había escrito algunas cosas. Este libro va a hacer la semilla y la continuación porque sé que los libros que van a venir detrás, tienen que romper con lo primero, tienen que tener otro crecimiento.

-Entonces, ¿Asumes este libro como el fruto de los machetazos, por así decirlo, de los talleres con Eduard y los demás en el Café Bonaparte, de las críticas... lo asumes como un buen resultado que te anima a seguir el camino de la escritura.

-Exacto.

-Gracias por esta entrevista para El Cubo…

-Gracias a ti.  

miércoles, 26 de julio de 2017

Pico y pala en Cuba oriental bajo un sol picante


Por Olber Gutiérrez Fernández. 

Es verdad que los intelectuales no nos acostumbramos a trabajar duro cuando tenemos que coger pico y pala. No más damos los primeros golpes a la tierra y ya parecemos un tronco tirado a la sombra. Eso fue lo que nos pasó a Arnoldo Fernández Verdecia  y a mí, a pesar de mis 26. Arnold me invitó a deshacernos de un montón detrás de su nueva casa ampliada. Me dijo que llegara temprano, pero el transporte cubanísimo, ese que tenemos, me lo hizo imposible. Comenzamos casi a las once de la mañana. Ya el sol estaba superpicante (no por gusto estamos en julio), y mi socio Arnold y yo, no aguantamos hasta la una de la tarde. Todo el tiempo fui el conductor del vagón, -nunca pico y pala, eso era de Arnold- y sin matarnos mucho adelantamos bastante. Luego nos comimos dos huevos duros y un par de prú de oriente (voy a ser sincero, fueron muchos más). Yo prefería ir hasta donde votaba la tierra y admirar el río Contramaestre y los dos puentes que hacen juego con el paisaje. 
Hablamos de literatura, lo flojo que fue One el poetón de Baire, a quién dedico esta crónica; del viaje del gordo Encina a Colombia; de mi vida; del futuro…El máster Arnold estaba rojo cuando terminamos la primera sesión. Sobre las tres de la tarde le metimos mano al taller de blog que me debía Arnold desde hace unos meses atrás. Mano que duró hasta casi las siete y me fue muy productiva. 
Para no joderme la paciencia otra vez con lo del  transporte, decidí quedarme y antes de que cantara el gallo matutino, “estás listo para seguir votando tierra”, era Arnold que asomaba sus ojos por una ventana. Pensé que no iba a dormir en toda la noche cuando me presentó un modesto catre, pero afortunadamente fue todo lo contrario. 
Ya el supermán de Fernández Verdecia estaba repuesto para de nuevo volver a la cagá, digo a la carga(es que la r del teclado está media mala y sin querer se me fue una tilde). El vagón estaba listo para que lo manejara por segunda vez. Antes de las nueve acabamos. Además de tupirle el baño a Arnold y sacar las conclusiones de que puedes encontrar cosas importantes allí para leer, como el ensayo: “El río de Céspedes, Martí y Fidel está muriendo”  y desayunar bajo un árbol de guásima que hay al fondo de la casa; hablar de una perra que me quería morder cada vez que daba mis viajes de tierra y querer dedicarle al One esto, no hay muchas cosas más que decir… Ah! felicitar a One de corazón por su publicación próxima y que no sea tan blandengue….

martes, 25 de julio de 2017

Los sesenta del Uvero

Pizarra humana que recordó los 60 del Uvero.

 Por Olber Gutiérrez Fernández.

   Primero fue la caminata entre Bayamita y el Campamento de Pioneros Exploradores Pedro Ortiz Cabrera. Después la noche entera despiertos. Podríamos haber dormido un poco pero no; algún duende nos hizo permanecer con los párpados activados mientras el tiempo pasaba  Así estuvimos hasta las tres y media de la mañana cuando teníamos que seguir caminando hasta alcanzar la localidad del Uvero. Día: 27 de mayo de 2017.
   Éramos un grupo de diferentes sectores, pero todos con un denominador común. Todos jóvenes e íbamos a rendirle tributo a Fidel en el aniversario 60 del famoso combate. Salimos del poblado cabecera a eso de las seis de la tarde. En el puente de Bayamita aprovechamos la crecida del río, resultado de los aguaceros de abril y, sin importarnos los mosquitos que insoportables se mostraban, nos zambullimos un buen rato en sus aguas. Hacía calor, pero el agua congelaba los huesos. Llegamos al campamento pasadas las nueve entre risas y alboroto. De ahí las conversaciones que duraron todo lo que nos quedaba de la noche y parte de la madrugada que recién empezaría.
   A las tres nos alistamos. A las cuatro la mezcla de estudiantes, profesores, trabajadores del deporte, directivos de la Unión de Jóvenes Comunista (UJC), reanudamos la caminata. Objetivo: estar presentes en el asalto simbólico a las cinco de la mañana. Ya era 28 de mayo. Sesenta años atrás desde donde hoy podemos ver ondear dos banderas, el líder rebelde hizo su primer disparo. Los aproximadamente tres kilómetros que nos restaban, no se hicieron sentir bajo nuestros pies. Me sorprendió que ya a esas horas de la madrugada los alrededores en donde en antaño se encontraba el cuartel estuviera tomado por los pioneros. Con nosotros iba un personaje de la radio local Radio Coral, Eliecer Joubert Roblejo. Eliecer había caminado a lo largo de cuarenta y seis millas que separan el enclave de Santiago de Cuba. A las cinco el primer disparo de salva, además de hacer huir un perro que deambulaba a esas horas en el momento equivocado, me hizo saltar el corazón. Imaginé el susto que se llevarían los soldados de la tiranía aquel 28 de mayo de 1957, que soñolientos no esperaban aquellas tres horas de combate.
   Durante los minutos previos se dejaron escuchar canciones de Silvio y de Pablo. Luego de los disparos se escucharon en la voz de una pionera los nombres de los caídos por las tropas rebeldes. Después, un poema que los recordaba…
Terminado el asalto, vendría el acto a las ocho de la mañana. Se esperaba la llegada de Guillermo García Frías y Ramiro Valdés Menéndez. Mientras, algunos ya vencidos por el sueño nos tumbamos un rato, luego de desayunar, sobre los bancos del parque. Empezaba a amanecer sobre las lomas que rodean Uvero. Me dieron, a pesar del cansancio, deseos de subir las escalinatas. Dios mediante pido tener vida para en el próximo año hacerlo.
El helicóptero se hizo escuchar sobrevolando sobre nosotros. No recuerdo la hora exacta. Todos vimos cómo se posó sobre el campo de beisbol levantando el polvo majestuosamente. Muchos al no estar habituados todos los días de ver el espectáculo miraban curiosos. En algunos minutos más, la entrada de ambos, protagonistas de los acontecimientos de hace seis décadas.
El acto no se hizo esperar. No es lo mismo ver las cosas por televisión a verlas en vivo y en directo. Por la TV solamente hacen una sinopsis. Estar presente y no perderse ninguno de los detalles es mucho mejor. A la entrada de los dos héroes, el pueblo en les dio un aplauso que aún dura en mi memoria. Después, la gala arrancó sin más preámbulos. El cielo de Uvero nunca había estado tan azul. El sueño me (nos) seguía rondando pero muchos estuvimos de pie mientras los muchachos vestidos de verde olivo portando el brazalete del 26 volvían a representar a los caídos presentes más que nunca, mientras que el coro madrigalista dedicados para la ocasión nos deleitaba con sus múltiples voces y endulzaba el ambiente, mientras el número interpretado por el septeto Guamá me decía que el son no es solamente de Santiago, sino también propiedad de nuestras lomas, mientras la poesía me hizo recordar que la vida es más placentera si ella está presente. La pizarra humana representaba la enseña nacional y el aniversario 60 de los acontecimientos me decía con sus colores que vale luchar como se pueda por la Patria... Teníamos sueño, sí. Pero las ganas de ser parte de la historia sesenta años luego, nos mantuvo despiertos.
El regreso fue de la misma forma en la que llegamos a Bayamita. Parecíamos, bueno, éramos los cansados, los que prepararíamos una buena cita con la cama. No sé los demás, pero la experiencia valió la pena. Es curioso que a veces se diga que hay lugares que, por estar apartados de toda civilización, no son tan interesantes. En ocasiones me pregunto, ¿por qué solamente lugares como el Uvero (y otros tantos) solo son tratados cuando llega solamente el 28 de mayo y mientras pasan los otros seiscientos sesenta y cuatro días nadie los recuerda?. Pero eso será punto para otro tema…

El chino Silva

Chino Silva con algunos de sus nietos jugando dominó.
Por Olber Gutiérrez Fernández.

El primer recuerdo que tengo de él se remonta a cuando lo vi un día en la bodega del barrio junto a su perro Huracán comprando los mandados. Era un señor que hablaba alto y de una forma u otra con todos se metía. Me llamó la atención puesto que era el nuevo del pueblo, por nunca haberlo visto por todo aquello. El Chino (ya era un apodo común, a otros dos conocía con el mismo nombre), había permutado desde Santiago de Cuba con unas de las familias que al parecer estaban obstinado de tanto monte. Con el tiempo supe que se llamaba Manuel y que por cosas de la vida su hija sería en el futuro mi madrasta. Después nos fuimos habitando a su gritería y jovialidad. En especial tuve la dicha de encontrármelo en la terminal del Serrano en muchas ocasiones y antes de yo verlo me gritaba: ¡Hijo de Olber! Así es como siempre sabía que estábamos él y yo en el mismo espacio. En octubre de 2010 hice mi entrada en la universidad. De esa forma empecé a verlo muy poco. Un año y medio después murió justamente en mi cama que estaba vacante. Tardé bastante en recuperarme de la sorpresa. Mi madrasta guardó algunos documentos y fotografías que estuvieron a punto de desaparecer. Cosas que le dieron pie a este pequeño homenaje a él, nacido del fan que soy a las historias que pasan desapercibidas. Según una autobiografía escrita de su puño y letra, ha merecido ser un personaje digno de esta crónica. Al final, la he reconstruido de la forma original un tin diferente, pero fiel a la esencia de su palabra. Manuel Silva Socarrás se lo merece.
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 Manuel Silva Socarrás nació el 6 de abril de 1938 en El Cobre, Santiago de Cuba. Hijo de Pedro Silva y Juana Socarrás. En febrero de 1958 se incorporó a la tropa del capitán Israel Pardo Guerra junto a su hermano mayor Ángel y un primo llamado Samuel, en el campamento de Brazo Frío. Allí sostuvo su primer encuentro con las tropas de la tiranía. Luego pasó al campamento de La Peña donde cumplió varias misiones como fueron la recogida de armas y la busca de alimentos. Después pasó al campamento de La Anita bajo las órdenes del capitán Enrique López ya que Israel Pardo había bajado hacia donde se encontraba el Che Guevara. Por esos días muere en combate su hermano Ángel. Cabe destacar que su madre también se incorpora al Ejército Rebelde. Al triunfo de la Revolución se destacó en varias tareas. Participó en 1961 en los acontecimientos de Playa Girón. En 1968 se desmovilizó de la vida militar pasando a la civil. De ahí en adelante participó en la zafra de 1982 y trabajó en el combinado cárnico de Santiago de Cuba. Murió el 9 de mayo de 2012. Ostentaba las siguientes distinciones:
Medallas conmemorativas 30, 40 y 50 aniversarios respectivamente de las FAR; Medalla Combatiente De La Revolución; Medalla conmemorativa Victoria de Playa Girón. Cabe destacar que todas estas distinciones le fueron otorgadas por el Consejo de Estado de la República de Cuba.

miércoles, 19 de abril de 2017

TRASPATIO

Por Olbert Gutiérrez Fernández.  

Las guerras también suceden en nuestras mentes. ¿Me entiendes? Hace rato desperté pero sigo acostado. Pienso en la noche anterior, en las palabras del pastor. Dijo que nadie es tentado por Dios y que nuestra propia concupiscencia nos hace caer. Los años en la iglesia no me han sido suficientes. No es lo mismo hacer que tener voluntad para hacer.
Hoy es domingo.
Siento la voz de mi vecina canturrear mientras pone en marcha su lavadora. Tiene veintinueve y es parte de mi problema. Es su día de andar en shorts extremadamente cortos. ¿Vas entendiendo? Tengo miedo pararme. Sé que puedo mirar por las persianas hacia al otro patio y que allí estará ella.

Contramaestre, 7 de agosto de 2015.

RICARDO…



Por Olbert Gutiérrez Fernández.

  …un día de abril de 1958.

   La microonda se detuvo frente la cafetería y don Germán a través del cristal vio como se apeaban de ella sus tres ocupantes mostrando sus rifles. Limpiaba las tazas cuando el capitán y los dos soldados tiraron la puerta y sin decir palabra se sentaron en unas de las mesas del centro. Don Germán conocía al capitán, era un hijo de puta de esos que no creían ni en su madre. Dejó las tazas a un lado y fue hasta ellos. Les sirvió café y fingió una sonrisa.

     -¿Cómo van las cosas?- preguntó el capitán sarcástico, sacando al mismo tiempo un tabaco. Uno de los soldados le brindaba fuego.

     -Todo tranquilo capitán. Usted sabe, balbuceó rápidamente.

     -Más te vale. Más te vale.

   Los soldados le miraron con cierta ingenuidad, por lo que observó no pasaban de treinta años.

     -¿Desean algo más?

     -Por el momento nada, respondió el capitán ahora mirándolo, desafiante, restregándole en la cara el humo.

   Se retiró entonces y desde la barra se sentó en su banqueta. Estos harán lo de siempre: llegan, consumen y se van sin pagar… pensaba.

   El capitán siguió fumando con aire de sicario, cuando entró al establecimiento un chiquillo negro de unos nueve años. Ojeó hacia la mesa, asustado, y uno de los soldados le hizo una mueca.

     -¿Qué quieres Ramoncito?, llamó Don Germán.

     -Buenas, don.  Aquí le traigo el real que le debe mi papá.

     -Tráelo, hijo.

   El muchacho se acercó y le entregó el dinero. Después, sin despedirse, salió corriendo de la cafetería. Don Germán se limpió las manos y fue rumbo al traga níquel que tenía a un lado de la barra. Puso unos boleros y otra vez volvió a su lugar.

   El chiquillo que había salido de prisa siguió hasta unas seis cuadras donde un joven llamado Luís lo esperaba con la puerta semiabierta.

   Cuando lo vio aparecer le hizo señas y el niño ágilmente entró y se cerró la puerta.

     -¿Y bien?- preguntó ansioso Luís.

     -La microonda está parqueada al frente. Dentro hay dos guardias y uno vestido de azul que parece policía.

     Es él sin duda. Nunca falta al café de don Germán por ser apartado y tranquilo, pensó Luís.

     -Gracias, vejigo. Aquí tienes, compra algo y vete a casa con tu familia.

     -Gracias - se limitó a decir Ramoncito cogiendo entre sus manos el dinero. Luís le abrió y el niño se perdió rápidamente.

   Luis levantó el teléfono y llamó. Roberto sentado en el balance de su casa en el reparto Sueño levantó el auricular.

     -¿Luís? ¿Dónde estás? No cometas esa locura.

     -¿Por qué no? El hombre está en el café. Tiene de escolta dos soldados.

     -Aún así. Por ahí hay demasiadas patrullas.

     -Ricardo merece justicia.

     -Tienes razón. Pero te estás exponiendo. ¿Entiendes?

     -Correré el riesgo.

     -No lo hagas: es una orden…

   Roberto no escuchó la voz de amigo nuevamente. Solo aquel sonido cuando de del otro lado se cuelga sin avisar.

     Luís tenía metido en la cintura el revólver y la camisa carmelita se lo tapaba. Lo sacó, observó las seis balas con detenimiento, y suspiró. Cerró la rueda volviendo a colocar el arma en su lugar.

   Se tiró sobre un mueble y pensó en su madre. Dios mío, se dijo bajito y siguió pensando, no quería dejar sola a su madre, pero recordaba, como si fuese fuego quemándole dentro, el cuerpo de Ricardo, su primo, que había aparecido flotando en la bahía con el pecho cernido a balazos.

Las campanadas anunciaban que ya eran las cuatro. Tragó en seco. Se levantó y se arregló la camisa como queriendo quitar las arrugas de la tela, tomó el libro que estaba sobre la mesita de centro.

   El capitán se había quedado embobado escuchando boleros prendido a su tabaco. Sacó del bolsillo del pantalón una pequeña fotografía y la miraba con cierta satisfacción.

     -Me dejó de llamar Armando Rodríguez si esta noche no te pesco, dijo bajito, rabioso, dándole con el dedo a la imagen.

Luís salió rumbo a la cafetería. Don Germán lo vio entrar y acercarse a la barra. Se puso de espaldas a las mesas y se dirigió al viejo que seguía obsesionado dándole brillo a las vasijas.

     -Buenas tardes- dijo con tranquilidad.

     -¿Desea usted algo?

     -Un café bien fuerte, por favor.

     -Siéntese, enseguida le sirvo.

     -Como diga.

   Caminó despacio hacia unas de ellas y se sentó suavemente. El capitán tarareando su bolero no se interesó mucho aquel joven, tampoco los soldados.

   Luís tomaba su taza y con el rabo del ojo fijaba su objetivo. Eran tres, pero le interesaba uno, lo demás sería tratar de escapar. Terminando el café sacó una libreta y abrió el libro sobre la mesa.

    El viejo le interrumpió para recoger la taza, le había dado el día libre a Tito, el mozo que le ayudaba en el negocio. Luego buscó las del  Capitán y los guardias.

 Bajó la cabeza, se estrujó los ojos. La muerte rondaba la ciudad mostrándose en los cuerpos comidos por las auras, en los torturados detrás de los muros, por primera vez había vencido el miedo y comprendía mejor a Ricardo.

   El disparo fue rápido y certero. El Capitán se desplomó y Luís disparó por segunda vez dándole en el pecho a uno de los soldados que ya casi le apuntaba con su rifle.

   Don Germán nervioso se había tirado al suelo desde el primer disparo. Lo único que pudo decir cuando llegaron al lugar otras dos perseguidoras fue que no conocía a aquel muchacho que yacía sobre el piso con un balazo en la frente y mucho menos al soldado que le había disparado y que ahora estaba llorando, tembloso, al lado del traganíquel.

Cañizo, 9 de mayo de 2014.

EL CUBO

  Por Olbert Gutiérrez Fernández.
 El hombre despertó algo aturdido, como si le hubiesen machacado las sienes. Trató de ubicarse y una intensa luz blanca invadió sus ojos. El lugar en dónde estaba era desconocido. Intentó levantarse, pero no pudo, tampoco le serviría de nada, lo supo cuando vio que se encontraba cautivo en una especie de cubo iluminado por todas partes. Volvió a tenderse. Sintió la frialdad del piso en su espalda; entonces se dio cuenta de que estaba desnudo. Miró hacia los laterales, al techo, a sus pies y no encontró respuesta ¿cómo había sido colocado allí? Hizo unos cálculos y dedujo que aquel cubo mediría cinco o seis metros cuadrados aproximadamente.
   En un arranque intentó de nuevo ponerse en pie, sintió mareo y volvió a caer sobre sus nalgas. ¿Qué rayos hago en este lugar?, se dijo observando a todas las esquinas. ¿De dónde viene esa luz?
     Se acostó otra vez y puso contra el piso su oído, luego a rastras hizo lo mismo en una de las paredes. Necesita escuchar algo, descubrir indicios que le brindaran una respuesta. Lo único que halló fue silencio. Parecía que él o los culpables de aquella situación no querían mostrarse. Ya no le dolía tanto la cabeza, al rato parecía que nunca hubiese tenido dolor. Se tiró boca arriba y quedó en esa posición mirando la luz reflejada en el techo. Cerró los ojos y recordó la noche anterior en el bar, lo que bebió, las palabrotas que dijo, los tumbos que iba dando cuando salió a la ciudad envuelta en la noche. De ahí en adelante no más recuerdos, abrió los ojos y estaba dentro de aquel cubo.
     La barriga hizo un ruido alertándole que tenía hambre y le pesó haber rechazado el almuerzo que su madre había preparado antes de salir para el trabajo a eso de las once de la mañana. Era custodio en un laboratorio, pero no le dijeron nunca de qué, además tampoco tenían por qué decírselo: tenía que proteger el lugar y lo hacía.
 Pensó que moriría con el estómago vacío o que tendría que arrancarse los pedazos alimentándose de sí mismo. Le pareció que la idea era muy tonta y echó unas carcajadas.
   ¿De dónde vendrá el aire? Se preguntó aliviado de que por lo menos podía respirar.
   El miedo erizó su piel cuando otra idea insinuó una duda mayor: ¿Estaré muerto?  Sintió deseos de gritar pero no se atrevió. Se puso en pie nuevamente y caminó hacia una de las esquinas. Echaba una nueva ojeada a la habitación cuando sintió la primera sacudida, su nuca se estremeció contra la pared. El cubo quedó a oscuras y cuando regreso la luz ya no era blanca sino de un rojo que empezó a intermitir con un verde y a cada cambio se escuchaba una melodía  que subía de sonidos agudos a graves. Más o menos al minuto todo volvió a quedar a oscuras y en silencio. Al regresar la luz blanca había algo pegado en la pared de enfrente, parecía una bolsa negra que respiraba; un capullo inflándose y desinflándose suavemente. Su instinto le decía que se quedara quieto, pero no contuvo la curiosidad. Se levantó y se acercó a pasos lentos. Tenía la sensación de que aquella cosa no era nada bueno y desafiante se negó a retroceder. De un momento a otro la bolsa dejó de respirar, se infló tanto hasta explotar y un líquido grisáceo le cayó sobre el pecho haciéndole retroceder.
Aquella cosa se retorcía sobre el piso, y fue separando pliegos pegajosos  que simulaban alas.
     Era una mariposa, no tenía dudas.
   Sin quitarle la vista, se sentó otra vez cruzando las piernas. Al rato extendió el brazo con timidez y el insecto que era mucho más grande que las que había visto,  se le posó en la palma de la mano. Ya no tenía  temor.
   La mariposa echó a volar nuevamente sobre su cabeza dándole vueltas y tomando violentamente un color amarillo cada vez más intenso; después explotó en pedazos. Las pizcas de cristal gelatinoso salpicaron su cuerpo desnudo, al tocar el piso se desvanecieron sin dejar manchas. El hombre quedó pasmado, sin embargo la otra sacudida no le dio tiempo a reaccionar. Las luces rojas y verdes regresaron.
 Al volver la luz blanca se hallaba frente a él una figura humana que se le parecía. Única diferencia: aquella era totalmente líquida, al menos eso parecía.  La criatura lo llamó por su nombre y pidió que tomara su mano. Él la extendió sin demora, y  cuando ambas se entrelazaron, sintió una paz que no había experimentado durante mucho tiempo.
     -¿Quién eres?- preguntó.
   Y aunque dijo ´´quién´´, pensó en sus adentros en un ´´qué´´.
     - Soy parte de ti- respondió la boca hecha de agua expulsando algunas gotas que al caer sobre el piso también se desvanecieron.
     -¡Esto no es verdad!... Estás loco.
     -No menciones esa palabra- interrumpió el hombre de agua alzando la voz y las paredes del cubo se oscurecieron.
     -Por esa palabra el mundo está como está 
     -¿Me podrías decir por qué estoy aquí?
     -No importa el porqué. Además, ya sabes que esto es un cubo.
     - Estás loco, repitió el hombre.
     -No lo estoy- gritó el agua como si la hubiesen ofendido-. Soy parte de ti, ¿recuerdas?
     -¡Ah! Genial, entonces quiere decir que eres la parte de mí que se preocupa por toda la mierda que ocurre en este jodido mundo. De veras, súper.
  El hombre de agua quedó inmóvil, mirándolo. Sus pupilas se encendieron y el hombre aunque molesto, se quedó admirándolas por un momento.
    -¿Recuerdas la mariposa de hace unos instantes? ¿Qué sentiste cuando se posó en tu brazo?
   Pensó antes de responder. Pasó sus dedos sobre el rostro y confesó:
    -Dejé de sentir temor.
    -El amor que hay dentro de ti la hizo volar. ¿Sabes qué la destruyó? Yo mismo te responderé: tus dudas.
    -¿Cómo saldré de este cubo?
    -Encuentra la llave.
    -¿De qué hablas?
    -Encuéntrala- repitió el agua y como si se derritiera fue filtrándose inexplicablemente a través del piso hasta desaparecer.
    -¿La llave?- se dijo rascándose la frente-. Esto es una broma, me estoy volviendo  loco   Al rato parecía una piedra echada en medio del cubo, una piedra sin explicaciones, respiraba pausadamente, tenía la vista prendida en el techo. El hambre aumentaba y no dejaba de mirar sus muslos flacos, daban lástima, en cualquier arrebato ¿se daría la primera mordida? Todavía en la pared estaba pegado un pedazo del capullo, como para recordarle que no era un juego. Algo le llamó la atención: había dejado de ser negro: ahora era azul como ese cielo que en el fondo de su ser empezaba a extrañar. Suspiró hondo antes de ponerse en pie. Caminó hasta estar frente a él. Introdujo la mano con la esperanza de encontrar la llave. Solo faltaría descubrir dónde estaba la puerta. Sentado uno de los rincones esperó confiado de que su parte líquida reaparecería para ayudarlo, pero no ocurrió. Cansado de esperar con la llave en la mano, se quedó dormido.
      Cuando abrió los ojos estaba en medio de una profunda oscuridad. Tenía las manos cruzadas sobre su pecho; donde reposaba la derecha tenía un orificio en forma de cerrojo. Tocó con el dedo una y otra vez. Se volteó y sintió la llave caer. No fue difícil encontrarla, pues dentro del cubo era lo único que resplandecía. La tomó y volvió a tocarse el orificio. Le era incomodo aquello de tener que meterla en su pecho.
   ¿Era su corazón la puerta?
   ¿De dónde había salido aquel orificio que antes no tenía en su pecho?
 Se tocó otra vez y se le hizo algo parecido a una quemadura.
    -Está bien, - dijo.
   Acercó la llave al cerrojo y dentro de sí experimentó una extraña sensación. Era como si un horno se hubiera instalado en sus huesos. Le dio vueltas hacia su derecha y su carne se incendió desintegrándose dentro de aquel cubo.

Agosto, 2014.