martes, 15 de octubre de 2019

Un artefacto bien guajiro que todavía se niega desaparecer...



El fogón de Mamá Flora en plena Sierra Maestra
Las comodidades traídas con la llamada Revolución Energética a principios de este siglo en Cuba estuvieron acompañadas de la desaparición de muchos de los hogares cubanos del denominado fogón de leña. Miles de familias se acogieron a las ollas y hornillas eléctricas y las formas de elaborar los alimentos fueron otras.

Ya en estos tiempos es difícil ver elevarse desde muchas de las anónimas cocinas criollas el humo hacia el firmamento como en antaño, muy común a finales de los noventa cuando todavía era yo aquel niño al que le gustaba ir a mataperrear con los demás chicos por el barrio o cruzaba el límite de los extintos naranjales del Contramaestre para degustar la extrañada fruta.

Pero también es un hecho de que los fogones persisten, al menos a lo largo y ancho de este montañoso municipio cubano que es Guamá. Aquí la gente los conserva como un verdadero fósil viviente que aun resiste a morir del todo y en el que cada mañana los más viejos hacen sobre todo su traguito de café, hierven sus viandas o sencillamente cocinan el alimento a los puercos.

El Fogón de Mamá Flora mientras hierve unos plátanos
El de estas fotografías ha dejado de prenderse pocas veces en lo mas de cuarenta años que tiene armado y quizás deje de hacerlo el día en que su dueña ya próxima a las ocho décadas deje de respirar. La señora dice que los cachivaches electrónicos tienen mucho que envidiarle al abuelo fogón, que no hay como sus llamas para ganarle tiempo al tiempo a la hora de cocinar las cosas.


También dice que sin su fogón de leña su vida no estaría completa. Nada: un artefacto bien guajiro que todavía se niega a desaparecer y que los habitantes longevos aman demasiado como para dejarlo ser solo un recuerdo que algunas vez cuenten a los mas jóvenes.

sábado, 28 de septiembre de 2019

Personajes Guamenses: Daniel Dimet Hechavarría

Daniel Dimet Hechavarría
Las tradiciones artísticas en este municipio cubano y caribeño donde no nos falta el ritmo en cuanto a las diversas aristas culturales, hacen que estas pasen de generación en generación perpetuando su existencia hacia la eternidad del pueblo guamense. Algunos desde edades tempranas apuestan por seguir los caminos de sus padres en los términos de la música y así defienden desde su postura las raíces. Comparto con ustedes en este blog las experiencias de Daniel Dimet Hechavarría joven quien siente un gran amor por esta manifestación artística.

-Daniel, ¿desde cuando sientes esa pasión por la música?

-Mi vocación musical empezó… con eso se nace en primer lugar. Fue una herencia de mi papá, mi tío Elí que son músicos de aquí del septeto, grupo insignia de Chivirico y por ahí empezó el viaje: yo viéndolos a ellos tocar. Recuerdo cuando pequeño que ellos empezaron y tenían un espacio llamado “La casa de la Trova” y se hacia la noche de la trova iba con ellos, mirándolos ensayar y deleitar al publico asistente. Eso fue trabajando en mí, creando y formándome una actitud más profunda hacia la música que ya estaba en mi sangre. Hubo momentos en los que otras personas, también mis hermanitos, cuando estos se ponían a cantar en el portal, yo me sentaba con ellos guitarra en mano y fue la primera vez que me incliné hacia un instrumento y a escribir mis primeros acordes. Así se fundió la pasión teniendo ese ambiente y teniendo el arte en mi familia.

-¿Cómo llegaste a la escuela vocacional de arte, cuál fue ese camino?

-Desde que ya definí que me gustaría ser músico al principio se me presentaron problemas y trabas en la vida que me impedían, porque yo siempre les decía a mi mamá y a mi papá que quería entra a la EVA (Escuela Vocacional de Arte) pero no pude. Incluso mi papá me llevó aunque estuviese ya pasado de grado pero tenía los deseos y nunca me rendí. Luché mucho y seguí estudiando mi guitarra hasta que la única opción fue matricular en la Escuela Instructores de Arte después de terminado el noveno grado y bueno, seguí el camino que me guió al sueño y me gradué como instructor de arte. Esos años fueron inolvidables.     

-¿Actualmente que haces?

-En lo personal siempre me ha gustado hacer las cosas bien y he mantenido sobre la base de ese sello el estudio de la guitarra como tal, ahora la vida me puso la oportunidad de empezar en la banda municipal de acá, de estar ahí como músico y como alumno, porque te dan al oportunidad de estudiar para en un futuro ser un músico evaluado parte de la banda. Y modestamente gracias a ese Dios que está allá arriba, siento que estoy avanzando. También junto con ellos, porque he seguido con esta sed musical, estoy incursionando en la música ballenato con otro gran grupo del patio “Alegría del Valle” aprendiendo de su amplio repertorio.

Al lado del bombardino, instrumento con el que practica
-¿Puede considerarse Daniel en el futuro sin la música?

-No. Yo creo que sin la música dejaría simplemente de existir porque ella es la esencia, lo es todo para mí. La música ha alimentado mi corazón. Forma parte del itinerario diario: en mi casa, en el camino, junto a los amigos, en la igelsia. Hay personas que tienen la desdicha de trabajar en lo que no les gusta, pero yo he tenido la dicha de estar trabajando en lo que realmente amo y eso es algo precioso.

martes, 24 de septiembre de 2019

“Cuando el agua regresa a la tierra…”



La carretera guamense en uno de sus tramos mientras llueve

El viajero que haya conocido las zonas más intrincadas del municipio guamense, advierte que dichos parajes están constantemente enverdecidos. Allá arriba el rocío de la mañana tiene residencia fija, cosa que es contraria en las costas donde si no llueve en períodos prolongados el cuento es otro.

Son largas pues las temporadas en las que la hierba se torna amarilla y tal pareciera que la vida ha muerto por completo pero no es así: simplemente la vida está escondida en las semillas que con paciente espera andan a la expectativa del sonido de las lluvias que son el disparo de arrancada.

Fotograma de una planta revitalizada por las aguas
De un momento a otro se pone el cielo gris y rompen las nubes a llorar. De esa forma refresca un montón para todos los habitantes en cada uno de los puntos del municipio y la Divina Providencia les da a las semillas, como antes dije, el toque de arrancada. Si el agua caída es abundante, en pocas semanas el escenario se pinta por entero de verde como un reino que resurge de sus cenizas.
Flores silvestres hijas de los aguaceros





Me es inevitable entonces recordar aquella escena del texto de Onelio Jorge Cardoso “Francisca y la Muerte” en el que la parca pasaba por uno de los prados y se tapaba la nariz ante tanto esplendor.

En fin… bendita sea la lluvia en la Sierra Maestra desde donde se edita El Cubo Oriental…

miércoles, 4 de septiembre de 2019

Soy cubano: ¿ qué otra bendición más grande pudiera tener ?




El Editor de este Blog frenta a un dibujo de la bandera cubana
Nací el 21 de noviembre de 1990 en una isla asediada desde hace mucho tiempo por un poderoso gigante llamado “imperialismo” y mis primeros meses de vida fueron donde un viejo mambí de 1895 se paró en medio de la valla y con las venas airadas llenas de valentía gritó a los cuatro vientos que ya era hora de que no fueran los gallos, sino los hombres, que luchasen por la libertad de Cuba. Vivo a los 28 todavía en esta tierra caliente que se hace llamar Santiago de Cuba y que en momentos más recientes se manchara con la sangre de los jóvenes insurgentes la ciudad homónima que le da nombre, luchando contra el mal llamado “guajirito de Banes”.

Aquí dicha tierra tiembla de vez en vez para decirnos que es terreno vivo y la gente que la habitamos somos miel cuando vienen a nosotros en son de paz e hiel cuando nos agreden y quieren pisotearnos. En estos lares nació la Revolución que nos sostiene: no por gusto tenemos la dicha de tener al Moncada y la vergüenza en las enseñanzas de Martí y Fidel, de un Pico Real del Turquino quien sintió los balazos en sus faldas a fines de los cincuenta, de los amaneceres, al menos en tierra guamense, cerca del azul Mar Caribe.

Bloqueado por los yankis o viendo que no tengo nada del primer mundo para vivir, soy cubano orgulloso con un espíritu curtido en deseos de seguir viviendo, orgulloso de poseer la bandera más linda del mundo, de que por toda la geografía de la que soy parte, hallan cientos de palmas que hablen de qué tamaño es nuestra dignidad, de que nadie pueda quitarme los sueños o el aire que respiro y eso sea algo que no tiene precio. Por el momento sigo dejando señales en este blog y quizás no sean supertextos al estilo de grandes intelectuales pero son luces de mi pensamiento ante la rutina diaria.    
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