viernes, 8 de junio de 2018

Melba, la madrigalista de Guamá



Melba Rosa Justiz Hechavarría, la marigalista
 La anciana de esta fotografía que pueden apreciar a su izquierda se llama Melba Rosa Justiz Hechavaría. Su edad 75 años. Estudió en la Universidad de Oriente Ciencias Culturales aunque nunca los terminó en los primeros tiempos de la Revolución. Nació en Palma Soriano el 27 de agosto de 1943. Después, los avatares de la vida la llevarían de su ciudad natal hasta el costero barrio guamense de Cañizo haciendo primero una travesía por San Luis y luego Santiago de Cuba y aquí, como ella misma dijera, echar raíces. ´´Sabemos dónde nacemos, no dónde estiramos la pata´´ concluyó.

La conozco desde niño. Llena de amor y sabiduría es confortante dialogar siempre con ella. Se pierden en la memoria entonces ya tantas conversaciones pero nunca las ganas de volver a su casa una y otra vez. Entre tantas cosas así he sabido de su devoción por el canto. También para mi sorpresa, hace poco he sabido que integrante fue del Coro Madrigalista de Santiago de Cuba, mencionado antes con gran intencionalidad como introducción de estas páginas. Me propuse pues luego intentar hacerle una entrevista, hacerla hablar sobre sus tiempos en dicha agrupación coral corriendo el alto riesgo de no lograr nada. Melba se rehúye a conversar de su pasado diciendo a veces que su vida no tiene ninguna cosa digna de recordar. Gracias a Dios tuve algo de suerte y estos son mis resultados:

***

-Imagino que la oportunidad le vino como anillo al dedo, ¿Cómo llega al Coro Madrigalista (CM) de Santiago de Cuba y en qué año?

-Entro en 1968. Al retirarse una de las muchachas que quería iniciar la carrera de solista. Fui contactada por uno de los tenores de aquel entonces de apellido Cajigal. Tropecé así con la música madrigalista por los designios de Dios. (Risas) Así fue que la conocí desde otro maravilloso punto de vista. Solo la escuchaba por la radio. Mi papá, una persona a la antigua, no estaba de acuerdo. Para él las mujeres eran de su casa. Era mal visto que trabajasen fuera. Mucho menos en el arte y la música. Fue buen músico.  Aunque no sabía nada de academia la guitarra hablaba en sus manos, incluso las de juguete. (Otra vez risas)  Hice una sola prueba y enseguida estuve dentro. No podía creerlo pero era tan real como la conversación que tenemos ahora.

-Seguro que al principio no le fue fácil adaptarse. ¿Cómo era la vida dentro de éste?

Melba resaltada en el circulo, en una de sus presentaciones con el coro Madrigalista
-Mira, nada de las cosas en la que uno comience de buenas a primeras no les va a encontrar asperezas. Le cogí el paso rápido. Se ensayaba y se estudiaba todos los días por las mañanas.   Nos presentábamos en todos los espacios; santiagueros y también fuera de la ciudad. Teníamos descanso cuando regresábamos de viaje y a veces se nos presentaban actividades repentinas. En el tiempo que tuve personalidades como la talla de Frank Fernández y Guido López Gavilán, que dirigió el coro cuando la grabación del disco Esteban Salas. Cada integrante del Coro Madrigalista tenía que superarse día a día; actualmente las nuevas generaciones tienen mucho que estudiar para entender claramente qué significa pertenecer al mismo. Nosotros estudiábamos todo los que nos aportara y nos enriqueciera el pensamiento. Un madrigalista sin horas dedicadas a la cultivación, no tenía cabida, era sencillamente otra cosa.

-Pertenecer a una agrupación de canto coral que se presentaba muy seguido y durante tantos años son innumerables y hasta a veces olvidados los momentos pero, ¿Cuál es la presentación que más recuerda y de quiénes eran los trabajos en los repertorios del coro?

-Nos presentamos una vez con un texto de José Martí: La Sombrilla Alameda. Recuerdo que la sala estaba repleta y la ovación del público fue tan enorme que me emocioné toda. Escuchar todos aquellos aplausos me hacían saltar al alma aunque jamás se lo dije a nadie: eres el primero en saberlo.  En el repertorio había piezas de muchos autores que son dignos de notar pero no te complaceré (Risas), solo haré mención de quien creo se merece una ganada mención. Ese es Esteban Salas cuyas aclamadas obras por el público hacían deleitable nuestro trabajo. También obras selectas de la cultura de los siglos XVIII y XIX. 


-Los seres humanos vivimos aprendiendo desde que nacemos y así es durante toda la vida. Cada experiencia nos hace aprender un poquito más, ¿Qué le brindo pertenecer al CM?
Melba en su juventud

-Pertenecer al Coro Madrigalista me brindó una concepción especial de la vida. Si el destino me hubiese preparado otro camino y yo no fuera parte de la historia del coro, no sería lo que soy. El canto es una manifestación inseparable de mis huesos. Ya nada más me queda un chisquete de voz pero tengo fe en que quizás antes de morir vuelva a cantar como en antaño. La voz que tengo ahora no se parece en nada a la de mi juventud. Hace poco quise cantar en la Iglesia y lo que me salió fue una voz de gato. (Risas)
  
-De los que estoy seguro que aún todavía conserva a pesar de los años porque sé que posees una buena memoria empero de tantas cosas ¿Algún otro recuerdo en especial?

-Recuerdo con gran interés el Festival De Coros de Matanzas´75. (El coro ha participado en todos los festivales). Los primeros años de la Revolución el Madrigalista radicó en la casa de Vilma Espín. Estuvo ella más de veinte años en este coro. También recuerdo con gran cariño al primero de sus directores, a Miguel García y a la esposa de este. Otras del coro que se comportaron atenta conmigo fueron Carmen del Toro ya fallecida, muy querida dentro del coro. García Oliva era una persona recta pero no ingrata No deseaba que yo ni nadie la pasara mal. Siempre estaba atento a las personas que tenían talento. Ayudaba a todos para que encontrasen satisfacción en el arte.  

-El artista se va formando y perfeccionando a medida que avanza en las cuestiones de su trabajo. Más hay elementos que les son al artista innatos, ¿qué cree usted que debe tener alguien para ser artista?

-El artista tiene que tener equilibrio. Cuando estaba en el coro nos enseñaban constantemente esto. El artista tiene que cultivarse y leer mucho. Vivir ejercitando su mente. Uno de los ejercicios que hacíamos en nuestro caso eran el de respiración y el de girar en forma de cono sobre nuestro pies inmóviles para poder resistir el tiempo parado frente al auditorio. La gente se cansa y nosotros no estábamos exentos de cansarnos como es lógico. Dentro de nuestras faenas diarias estaban largos minutos dedicados a esto. Claro, había algunas otras maniobras que el artista tiene que saber para considerarse como tal, pero el equilibrio es como el eje muchas cosas.

-Usted es devota cristiana, católica, y me ha dicho que desde niña la llevaban a la Iglesia ¿Estar en un coro no le fue impedimento?

-Estar en el Madrigalista nunca me impidió seguir asistiendo a la Catedral. Mi sicología se adaptó a que las dos pasiones, la de seguir a Dios en primer término y a la música en el segundo podían mantenerse sin ningún tipo de problemas. Hubo quienes me dijeron que aquello estaba mal pero no me importó. Recuerdo algunos casos a los que la vida se le imponía seguir una sola cosa a la vez. Gracias a Jesús, a mi fe puesta en él que nunca tuve que pasar por eso.

-No se puede a veces hablar de algo sin relacionarlo con la fuente principal del mismo como en nuestra sociedad es el pueblo ¿Cómo usted ha visto la relación del CM con este?

-El coro Madrigalista ha sido siempre respetado por el pueblo. Todos aquellos que pertenecíamos a él estábamos comprometidos primeramente con la sociedad a la que profesábamos claramente por haber salido de ella. No existía ningún madrigalista que no fuera humilde, noble, sencillo. Hay gente que no valora la sencillez, pero la sencillez es una de las categorías humanas más puras.

-Siempre tenemos temor en momentos específicos de la vida, ¿Nunca tuvo alguno en medio de las actuaciones junto al CM?

-No, para nada. En el escenario mostré en cada ocasión serenidad. No era la única frente al público, como es lógico, pero disfrutaba de cada puesta con el corazón alegre y lleno de júbilo. Una de las claves para transitar el arte cuando se es parte de un coro es tener confianza en uno mismo. Los coros aunque sean de aficionados no pueden demostrar nerviosismos. Inevitablemente esto afecta la calidad de sus propuestas y aunque lo intentes ocultar el espectador se da cuenta de eso. No se trata de ser perfecto, nadie lo es.

-A pesar de que a usted no le gusta hablar de su vida privada pasada ¿Alguna anécdota que me pueda contar de su vida?

-Sabes que no, (Seriedad en su rostro) pero te haré una que tiene que ver con el tema del cual estamos conversando: Cuando era aficionada una vez me ocurrió algo que jamás se me olvidará. Me iba a presentar e una actividad y estaba difónica. Una señora me trajo café bien caliente con limón y aquel remedio me hizo efecto a la perfección. Al empezar canté mejor que en toda mi vida. La señora hace años que murió pero hasta que me toque a mí le estaré agradecida. Si no hubiese sido por ella el haber hecho el ridículo no me lo quitaba nadie. Hay gente que te ayudará incondicionalmente. A veces uno siente que no existen pero no es así.

-Según por mis estudios la sociedad en la que usted nació y creció, y mencionado de alguna forma por usted misma, era una sociedad machista y prejuiciosa. Todavía en pleno siglo XXI sobreviven algunas de estas ideas ¿Tiene algún impedimento el ser mujer para buscar los caminos del arte?

-Desde chiquitica, como creo que ya te conté, mi padre, que no sabía nada de academia descubrió en mí a la artista. Te recuerdo que él no quería que yo estuviese en la calle. Pero una artista para que llegara a gozar en aquella época de reconocimiento tenía que romper esquemas. Incluso hay que ponérsele dura al marido. Una vez estábamos en festival. Desde afuera mi esposo me llamaba. Le mandé a decir con una de mis compañeras que no lo podía atender. Ésta y ninguna de las otras me quisieron hacer el favor. Tuve que ponerme fuerte con él. Los hombres de aquel entonces tenían una educación diferente. Es lamentable que todavía persistan los prejuicios contra la mujer.

***
Junto al coro en la casa de Vilma Espín, Santiago de Cuba
El Coro Madrigalista fue su otra familia durante más de dos décadas. No recuerda Melba Rosa, o no quiere recordar, cuando pidió su retiro de tal ilustre organismo artístico. Ya hace unos cuantos años que Oscar, su último esposo descansa en paz. Ella vive aferrada en respirar sus días restantes ayudando a los anónimos pobladores del Cañizo ´´según la voluntad del Divino Creador´´. Me tomaré el atrevimiento en comentar que no son pocas las veces en las que han intentado arrancarla del lugar bajo pretexto de proveerle mejores atenciones. Terca como las mulas (o sacando a relucir el espíritu de su abuelo mambí), en decir siempre que de eso nada sigue allí como un árbol con sus raíces bien profundas.

Sábado tras sábado a eso de las tres de la tarde la misión católica se activa. Los feligreses sentados en modestos bancos de madera escuchan su lección. Curiosos pasan calle arriba y calle abajo los vecinos confiados que ´´la viejita Melba´´ como algunos la llaman, todavía sigue en pie de guerra y es la anfitriona. Desde Santiago de Cuba importantes personalidades de la denominación cristiana vienen de vez en cuando a visitarla. Pero esto es parte de otras historias. Ojalá sea EL CUBO… quien las cuente algún día.



 

lunes, 4 de junio de 2018

Cañizo, el barrio donde vivo.




Mapa de Cuba oriental donde queda el barrio rural de Cañizo
Si a través de un satélite se observara más de cerca el área geográfica suroriental de Cuba correspondiente al municipio donde resido (Guamá), se puede ver que todo el litoral está habitado y en él se asientan diferentes jurisdicciones rurales concentradas principalmente a orillas de la carretera que atraviesa la Sierra Maestra desde Santiago de Cuba en dirección a Pilón, localidad ubicada en la hermana provincia de Granma.
Cañizo es uno de estos barrios (fotografía 1) y sobre el por qué de este nombre  existen dos hipótesis. La primera no las ofrece Clara Duany, maestra y vecina del lugar. Dice ésta que en los tiempos fundacionales unos de los primeros vecinos era un hombre de apellido Cañizares. La segunda afirma en que cerca del puente que tenemos existía una laguna llena de caña cañiza de las que los más chicos sacaban sus güines para armar papalotes y cometas.
Resido aquí permanentemente desde los doce años con excepción de las temporadas en las que retorno al Baire natal para pasar algunos días de vacaciones. Poseemos un riachuelo que tiene como nombre el del pueblo y que divide el núcleo poblacional en dos. Se puede decir entonces de un Cañizo Este en el que se encuentran la bodega, la escuela primaria, la gastronomía y una extensa área residencial , y un Cañizo Oeste donde se enclava el Consultorio Médico de la Familia y otra gran arteria de viviendas. La población de Cañizo es heterogénea atendiendo a su composición que no es más que la mezcla que conforma casi toda la Isla: díganse la fusión de españoles, africanos y otras etnias. El pueblecito pertenece al Consejo Popular de Caletón Blanco, uno de los tantos en los cuales se divide la administración del municipio.
Abundan, como es lógico y característico de su espacio geográfico, los campesinos en las montañas que siembran para poder subsistir tubérculos como la yuca y boniato, legumbres como frijoles y habichuelas, frutas como la fruta bomba y el mango tropical muy diseminado en la región junto al anón y el anoncillo. También el cañicero cría ganado de diferentes especies como el vacuno, ovino y caprino.
La gente residente en Cañizo posee un carácter jovial y alegre. Otra actividad que desarrollan los locales es la fabricación de escobas, cepillos de lavar, trapeadores que un vez elaborados son vendidos preferiblemente en la ciudad de Santiago donde se compran artículos y alimentos de primera necesidad como lo son de aseo personal, arroz, productos cárnicos y otros que ayudan a balancear la dieta de los pobladores .
Una vista del río Cañizo que desciende de las montañas orientales
La naturaleza de Cañizo juega un perfecto contraste al estar enclavado en medio de la Sierra Maestra, conocida en la Isla por su diversificación en cuanto flora y fauna. Se pueden encontrar en las lomas que nos pertenecen el tocororo  ave nacional y muchos ejemplares de mamíferos como la jutía conga. El riachuelo se mantiene en su recta final la mayor parte del año sin agua mientras que unos cuantos kilómetros arriba mantiene su cauce. Por esas vueltas se encuentra la caja de agua que nos abastece y del lado de abajo bien conocidas nombradas pocetas como la Poza del Hombre, la de Encarnita, y la de Luz Marina. En ellas, cuando los tiempos de lluvia limpian sus lechos, es muy gratificante nadar y hacer turismo en sus alrededores. Por lo general quienes lo hacen, cargan unos cuantos mangos en una javita de nylon o internándose en el monte empiezan a recolectar anones maduros o marañones cuidándose, claro está, de las avispas que cualquiera puede hallarse y, con el susto, paticas para qué las tengo corriendo loma abajo. 
A pesar de las consecuencias dañinas para la salud que supone el consumo de alcohol, este renglón forma eslabón inseparable de la cultura cañicera. Las noches se encienden en el ranchón particular que tenemos con las ventas de cervezas, rones y comidas. No será el espectáculo al ritmo de la vida nocturna santiaguera pero son las cosas que poseemos. De vez en cuando el mismo ranchón alquila un DJ local para que la música cambie un poco el panorama. 
La música preferida de las fiestas cañiceras varía según los gustos. En el ranchón se presenta un grupo local llamado Mathew (al cual no he tenido todavía el honor de fotografiarlo), haciéndole los honores al huracán que recientemente pasó por la Isla y que nos dejó a unos cuantos lugareños sin techo. Hay quienes incrédulos no confían en la capacidad artística que tiene el mencionado grupo. Otros con canequita en mano se ripian con el chiquichí chiquichá que le sacan a los modestos instrumentos.
En las noches cuando la mayoría está de parrandas, otros prefieran la tranquilidad de las playas y múcaras. Allí desempacan de sus viejas mochilas anzuelos y cordeles para pescar. Actividad que practican hasta bien entrada la madrugada. No les falta tampoco un pomito plástico con café o con refresco de cualquiera de las frutas que antes mencionamos para la merienda ni las cajetillas de cigarros para ´´matar´´ al frío. Pocas veces van solos. Genial es ir acompañado. Así se forman competencias para ver quien coge más. Los mechones atraen a cuanto espécimen merodea listos algunos para ser al día siguiente parte fundamental del almuerzo en algunos hogares cañiceros. 
Los jóvenes de Cañizo como embelezados por el ritmo disfrutan al máximo del reguetón. No estoy en contra. Sí de la música chabacana y sucia que no nos aporta nada y los convierte en estúpidos consumidores de esa droga que entra por los oídos y que tiene como resultado la idiotez e ignorancia. Otro fenómeno cultural en la juventud cañicera es ese ´´amor´´ por el fútbol, ´´-diría  yo para ordenar las palabras y no ser grosero-, y que los hace amantes incondicionales del Barça y del Real Madrid aunque nada tengan que ver con la geografía cubana. Confieso que a veces mi padre haciendo despotismo me ha hecho tragarme algunos partidos del más universal de los deportes y a la larga no tengo nada en contra pero los chamas que sienten ´´orgullo´´ por jugadores que ni siquiera imaginan que ellos existen las aristas que los identifican como cubanos ni las miran.

En los primeros meses del año por su posición, llegan a Cañizo los vientos del norte. Los más chicos entonces con materiales que tengan a la mano arman sus cometas que vuelan por todo el pueblo. Cuando termina la temporada, aunque no sea correcto, pueden verse colgados y enredados en los tendidos eléctricos restos de esos papalotes. Otro de los juegos viene después de los torrenciales perdidos entre marzo y abril. Con ellos la señal al cangrejo rojo que habita en nuestros lomeríos está dada para que bajen al mar a depositar la próxima generación. Los más chicos ignorando el ciclo sagrado utilizando hilos de sacos sacrifican unos cuantos ejemplares para divertirse en sus ratos libres. Se les pude ver entonces que andan para arriba y para abajo mostrando las tenazas que levantan para aquí y para allá. (Yo odiaba las temporadas del cangrejo rojo que venían años tras años. Nunca jugué con ninguno y tampoco dejaba cuando niño de tener pesadillas con la espeluznante idea de encontrarme uno en mi cama). A los muchachos de mi barrio también les gusta la costa. En los tiempos estivales pueden oírse el regaño de los padres cuando los hijos llegan a casa con la cara completamente tostada del sol que raja las piedras sobre todos los mediodías.
En Cañizo hay temporadas que la comidilla del día es el tema del agua. El pueblo sufre, como todos los demás barrios de Guamá y del país completo, las condiciones desfavorables de pocas lluvias en largos espacios durante el año. Es por eso muy llamativo que cuando dicen los aguaceros a caer el paisaje se viste de verde llenando de vida toda la geografía cañicera. Cuando deja de hacerlo y ese mismo viento norte utilizado en volar papalotes aparece, la hierba muere rápidamente por la sequedad del terreno y el hostigamiento del sol. Entonces las praderas coronan al color amarillo.  




La religión de sentirse cubano: apuntes.




Símbolos que nos identifican como cubanos
Conversaba no hace mucho tiempo con un portugués de visita por primera vez en la Isla, residente éste en la República Francesa donde está casado y trabaja. Su castellano no muy claro que digamos pero había muchas cosas de nuestro idioma que decía y entendía a la perfección. Yo, modesto cubano al fin, guajiro universitario que vive en la Sierra Maestra, sacando a relucir un poquito de mi riqueza espiritual, empecé a hablarle lo que significa vivir en Cuba en cuanto a nuestra identidad cultural se refiere y, al pensar que no podría del todo entender aquello que quería que aprendiese, para mostrarle el origen de nuestro pueblo actual, tomé el recipiente que llevaba en la mano, lo destapé y le dije:
–Mira, reúnes a un español, a un aborigen y a un africano. Lo echas aquí, –señalé con el dedo al recipiente –cierras y lo remueves. La mezcla que sale, ese es el cubano.
El portugués quizás no me entendió o sonrió por mi ocurrencia. Pero, ¿qué significa ser hijo de la mayor de las Antillas en estos tiempos entre los tantos retos de los habitantes de un país, que, observando las cosas que se mueven en el Orbe, tienen que elegir a veces entre quedarse o irse para mejorar económicamente en tierras extranjeras en muchos de los casos?
Ser de donde vivió el hombre sincero, del reino en el que se forjaron las piernas guerrilleras de otros tantos, no considero que sea una coincidencia para mí ni muchos menos una deshonra cuando nunca en mi vida he tenido juntos en mis manos la mínima suma de tan siquiera cuatro mil pesos moneda nacional. Más bien es un honor de ser partícipe entre los once millones y un tantico que somos sobre la faz de la tierra. (Lucharla todos los días no es un castigo; lucharla es una lección de vida que no solo la tenemos los cubanos y maravilloso es cuando después de tanto meditar el día menos pensado lo entiendes de buenas a primera).
El cubano puede tener una mansión con las mejores vistas en ciudades tan populares como Roma, París, Nueva York, Tokio, Londres pero cubano puro al fin echará de menos a Santiago, Camagüey, Trinidad. Ser cubano es llevar en la sangre el gen caribeño donde quiera que se esté, así sea en una cabaña futurista en el planeta Marte. Seguro estoy que si hubiesen sido cubanos los gladiadores en el antiguo coliseo, los leones no saldrían de sus jaulas ni amarrados por las bolas. Hubo pueblos que han sido arrasados y olvidados por la historia; no pasará lo mismo con los hijos de Martí porque el espíritu impregnado en los guerreros que somos es más que una potente fuerza.
(Vivimos en una isla donde jornada a jornada los padres de familia piensan por los suyos. La gente sale a la calle a batallar, a ejercitar su mente para que la valentía se les alimente y encontrar motivos para levantarse, para no dejarse caer vencido cuando los ánimos pierden el ánimo).  
El nativo siente cuando es  extranjero que le falta el sol del Caribe, que el paladar le pide a gritos el café colado casi al lado de la planta del cafeto sin intermediarios, no aquel capuchino exprés que le venden en una tienda; siente que los cigarrillos locales no tienen el mismo sabor que los de la Tierra Prometida tocados con el rocío de la mañana. La música tocada en los espacios que visita no destila magia si no se les canta un auténtico son acompañada de unas buenas maracas, guitarra y tres, del tambor con la piel del chivo y unos buenos bailadores que se muevan a lo cubano. Si los japoneses con una lengua tan diferente son capaces de gozar con nuestra cultura, ¿qué cubano no se estremece al escuchar en aquellas comarcas del oriente al son de Matamoros, Compay Segundo y otros tantos?
¿Por qué ser cubano es una religión?
Hay elementos que nos igualan, es verdad; la raza humana es una sola, pero cada grupo humano a partir de sus orígenes tienen sus particularidades. Era inevitable que aquellos españoles del siglo XVI con sus ganas, unidos quedasen a los africanos e indígenas y aquellos mestizos resultantes identificándose con el suelo que pisaban, empezáramos a creernos, a  sentirnos una nueva especie acabada de salir de las manos divinas.
El gran templo natural de esta religión, la de sentirse cubano, son los 109 884,01 km² que tiene este caimán dormido en el medio de las dos Américas. No hay dioses que seguir (solamente uno). Los decorados son de palmas reales y aves de todo tipo que en las serranías elevan su canto en los amaneceres. El extenso techo azul por el día, con su dorada lumbrera que lo atraviesa a la mitad de este a oeste, inspira a unos cuantos devotos que trabajan desde la madrugada y con la oración del ´´azadón nuestro de cada día´´ piden a la madre naturaleza que los bendiga con sus frutos. No faltan en el extenso techo azul del templo estrellas y lunas llenas para la guajira hermosa que adornada con flor recién cortada alegra al esposo cuando éste llega al bohío vencido por el cansancio pero gozoso de haber estado el día con oración en mano.
Para guiarnos dentro de este gran templo tenemos las ideas del más universal de todos nosotros para comenzar (aunque también de su tiempo se destaquen otras personalidades); tenemos intelectuales recientes que sienten en su piel la genial suerte de haber nacido aquí y no en ninguno de los otros puntos cardinales; tenemos la convicción y eso nos hace ser príncipes de nuestro destino.
La religión de sentirse cubano no es algo que nos haga olvidar de las cosas que carecemos y por eso tengamos argumentos para echarnos a llorar; la religión de sentirse cubano es darle valor a nuestras raíces, a lo que tenemos; es vivir frente al mundo sin vacilar que somos un pueblo sinónimo de resistencia; es creer, creer y volver a creer en cada generación y no importa la década ni el siglo: siempre seremos mambises, siempre rebeldes por las causas justas.


           

lunes, 30 de abril de 2018

Dos Ciros… algo en común.


Ciro Elio Pérez Jiménez en su juventud

Rey de los medos y persas, Ciro I fue un conocido gobernante de la Historia Antigua de la humanidad. Es mencionado en la Biblia al final del libro de 2da de Crónicas y a principios de Esdras, el que narra pasajes de la vida de uno de los sacerdotes que pudo regresar de la deportación para ver la reconstrucción del templo de Jerusalén después de un exilio de más de setenta años. Muchos desde entonces han llevado a cuestas este nombre a lo largo y ancho del tiempo en las diferentes culturas del globo terráqueo y los cubanos no nos hemos escapado a la tradición. Han existido pues en la mayor isla del Caribe cientos y cientos de lugareños llamados Ciro.

El artemiseño Ciro Redondo García nació en la antigua provincia de la Habana el 9 de diciembre de 1931. Su figura trasciende en nuestra historiografía por haber sido uno de los más relevantes hijos de Artemisa y sobre todo, por ser el guerrillero caído en el famoso combate de Mar verde del Turquino el 29 de noviembre de 1957 contra las tropas batistianas al mando de Sánchez Mosqueda, tristemente recordado por sus crímenes hacia la población campesina en la zona de operaciones. Redondo García tiene por tal razón un lugar eterno en la lista de héroes que los guamenses conservan en la memoria. Motivo suficiente por el cual una vez constituido el sistema de Secundarias Básicas en nuestro territorio la que se sitúa en el Consejo Popular de Caletón Blanco lleva su nombre en forma de homenaje.

Otro Ciro, Ciro Elio Pérez Jiménez, nació aquí en la Sierra Maestra el 30 de marzo de 1940 viviendo parte de su vida en el Aserradero donde creó afición por el pasado de la Patria, la poesía costumbrista y la música. Fue con estas tres tendencias cultivadas que se empezó a ganar la admiración y el respeto de todo el pueblo que todavía le recuerda. Ciro creció en las vicisitudes del campesino de entonces. Se ganó la vida de diferentes formas. Una ellas fue la de hacer hornos de carbón como muchos de los hijos de la entonces provincia de Oriente alejados de la cotidianidad de las ciudades. Escucho a diario cómo los diferentes personajes que deambulan en sus quehaceres por el poblado hablan sobre él como si se lo fuesen a encontrar a la vuelta de la esquina.

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Estos dos Ciros, además de compartir nombre de pila, poseen algo en común que los une incuestionablemente a pesar de sus evidentes nacimientos en contextos algo diferentes. Del punto que los conecta me cuenta la vecina Ángela Ro Gutiérrez quien fuera en antaño mi profesora de Geografía en la propia Ciro Redondo y que de manera decisiva es la inspiradora de esta crónica:

   ´´Se buscaba un himno para las escuelas locales del territorio´´ me comenta Ángela mientras estrega algunas prendas en la batea que tiene en el patio de su casa´´. Eso fue a inicios de los años dos mil. Nos dijeron en una reunión de la existente necesidad de que alguien escribiera una marcha para que nos identificara. Era una tarea propuesta, si la memoria no me falla, por el Ministerio de Educación o del Partido. No recuerdo si fui yo quien se ofreció o me lo encomendaron. Sabia de un vecino de mi localidad, destacado en los actos culturales, amante de la música y de la composición, habilidoso para dibujarlas en el aire. Su nombre era Ciro Elio Pérez Jiménez.
   Contacté con él y le di los datos biográficos del otro Ciro. Por ejemplo: dónde había nacido y cuáles eran las cosas meritorias de su vida. Ya él tenía nociones efecto de que se las pasaba estudiando temas sobre el pasado histórico de Cuba. Le especifiqué exactamente lo que queríamos tener y no lo pensó dos veces. Cuatro días luego ya lo tenía compuesto. Disfrutaba de las sencillas variantes en las que se puede escribir y resaltar sin ser profesional declarado en la literatura. Nació con ese arte. Así se mantuvo hasta sus últimos días. Cuando me entregó el manuscrito no hizo alarde en querer leerlo. Pasé la vista al papel y estaba genial.  Su pérdida física fue un duro golpe para la cultura local.
Estudiantes de la escuela Ciro Redondo García
   De vuelta a la escuela se lo entregué a Iraide Paumier que en aquellos tiempos era la guía de los pioneros. La dirección de entonces se preocupó de que todos los grupos se prendieran la letra en los espacios libres que no afectaran la docencia. Hoy todavía las actuales generaciones de alumnos vienen y van cantando en las mañanas de las jornadas lectivas, además de ´´La Bayamesa´´ nuestro himno nacional, aquel que fuera escrito por Ciro Elio perpetuando la presencia de su tocayo artemiseño´´.

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Anexo: Himno de la Secundaria Básica Ciro Redondo García.

De Artemisa por la historia
Ciro Redondo marchó,
A buscar la libertad
Que Martí nos prometió.

Fue en Mar Verde del Turquino
Donde la Patria sembró,
De sus restos una escuela
A Caletón le nació.

Hoy juramos ser ejemplo,
Ciro en vano no cayó,
Y su vida generosa
Aquí se multiplicó.

                            ¡Venceremos!