Después de saludarla justo comenzaba el
Noticiero Cultural por las frecuencias de Cubavisión y entre los titulares
destacaban a prominente escritor cubano. Le comenté ya acomodado en una de las
sillas la diferencia que yo siento cuando escucho hablar de un artista, de lo diferente
cuando tienes a alguien que te
supervisa, es tu jefe y sientes que no eres libre porque de alguna manera
dependes de la formula para tener todos los meses un sustento, a no deberle explicaciones
a nadie, de sentirte dueño de tu destino como los la esencia de un literato
aunque en la cuestión de práctica no sea del todo así. Al menos esta era la
idea. No sé si Lala me entendería.
“Ahora tengo que cocinar Poli” me dice. “Son
algunas cositas sencillas para acompañar el arroz nuestro de cada tarde. Te invito
a que pases conmigo a la cocina para que te tomes una tacita de café y también
para que pruebes algunos chicharrones que nos quedan en el refrigerador todavía
de fin de año”.
“Esto es lo que hay” me explica como si yo no
fuese un cubano más de los once millones.
Observo cómo con destreza y de herramienta un
cuchillo de mesa, hace con los plátanos unas finas láminas que pronto se freirán
en la manteca que ya empieza a desprender el olor. Olor que tiene inquieta a
Yuli, una de las dos gatas que tiene mi
amiga. Yuli se frota contras las piernas de Cristina. Esta se levanta. Pone a freír
las láminas, y sentándose toma a la gata para acariciarla. Yo disfruto algo que
en toda mi vida jamás había hecho: el
comer chicharrones con café y degustar la experiencia de unir dos productos tan
cubanos a los que muchos estamos habituados durante toda la vida. Es en ese preciso
momento recuerdo que al bolsillo traigo mi cámara.
“¿Puedo hacerte unas fotografías?” le pregunto.
“Ay no Poli. No te atrevas a hacer tal cosa”.
“¿Por qué no? Dale, vamos a hacértelas con Yuli.
Con un tenedor agrega algunas lascas de plátanos
bien fritos para acto seguido devolverme al platillo. Yuli sigue insistiendo en
rozar las piernas de mi amiga quien la vuelve a tomar para seguir acariciándola
antes de sentarse nuevamente. Yo mientras tanto agrego a mi paladar ya invadido
por el gusto de chicharrones con café el del sabor exquisito de platanitos
maduros acabaditos de pasar por la manteca y es exactamente en este punto cuando
ideo escribir esto. Otros segundos luego, Cristina descubre que he encendido la
cámara.
“Quédate ahí mismo con Yuli” le ordeno mientras
la enfoco.
“Mira que eres insistente. Está bien, pero que
quede buena.” Me dice mientras agarra a la gata con singular cariño.
“Voy a escribir sobre esto. Le pondré “Chicharrones,
café y platanitos fritos” ” le comento antes de mostrarle la fotografía con
Yuli. “ ¿Viste? , quedó perfecta para incluirla en mi artículo.”
Antes de apagar la “Nikon” hago juntar con mis
manos la taza de café, los chicharrones y los platanitos. Les tomo algunos
cuadros con la derecha y al final, luego de terminar de comérmelos, pongo
de evidencia mi mano izquierda junto al reloj que humildemente llevo como acto
final.
Cristina ahora toma no solamente a Yuli sino también a la madre. Aprovecho
otra vez para hacerles más fotos entre las que elijo estas para quedármelas y
con las termino este relato, en el que por primera vez en mi vida probé
chicharrones con café y platanitos fritos.
1 comentario:
Excelente crónica hermano,ese es el narrador que debes buscar en ti, el que encuentre el lado humano de las historias. Abrazos. Por ahí el camino......Saludos enormes a esa noble mujer....
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