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Eduard Encina por tierras colombianas |
Antes que El Cubo Oriental existía Cimarronzuelo Oriental, el blog de mi amigo Eduard Encina. En muchas conversaciones siempre se habló de este sitio, de cómo servía para escribir y desarrollar ideas propias y plasmarlas en la plataforma digital. Todavía por aquel entonces yo no podía imaginar que en el futuro no muy lejano tendría el mío y más extraordinario aún, que encontraría las claves para editarlo desde pleno corazón de la Sierra Maestra, lugar al que le faltan años luz para que las nuevas tecnologías se desarrollen en su máxima expresión. Fueron por los días de abril de 2017 que nacía El Cubo… en que también a Encina le entregaban el premio de La Gaceta de Cuba en poesía por un cuaderno llamado “Manigua”. Mi amigo se fue a Medellín, Colombia para realizar su último viaje en vida. Allí participaría como parte de dicho premio en un famoso festival. A su regreso quedaría este texto que según Alfredo Ballesteros fue escrito después de su retorno a Cuba. Hoy quiero yo guardarlo con una mezcla de cariño y nostalgia en los archivos de este guamense blog:
Los cafés de Medellín (Tomado del Blog Cimarronzuelo Oriental (cimarronzuelooriental.blogspot.com)).
Cada domingo mi casa es un Café. Allí se dan cita los amigos escritores para dialogar sobre el cielo y el infierno. Enseguida Mailer, mi esposa, nos trae la tacita rebosante del aromático cerezo mientras el diálogo comienza. Medellín es una ciudad donde me sentí como en Baire. Cada café degustado me aproximó a mi pueblo inevitablemente.
Durante los días del Festival de Poesía, cada
mañana ansiaba un tintico colombiano. Gracias a Dama, una paisa enamorada de
sus tradiciones y que se presentó como
amiga de los poetas Oscar Cruz y Rito Ramón Aroche, pude conocer los más
disímiles sitios para beberme todos los tintos que pude.
Junto a ella supe que a solo unas cuadras,
cerca del parque Bolívar, se encontraba La Polonesa, un
café concurrido y heterogéneo, que bien temprano se animaba con dos muchachos,
quienes a flauta y guitarra, nos regalaban entre otros temas “La molienda”. Era
un sitio espacioso, con un TV transmitiendo futbol y un constante entra y sale
de público que bebe su tintico y se incorpora a las actividades del día.
Visité varios cafés de la ciudad y enfrenté sin
mucho éxito la TAZA
IMBATIBLE que sirven los colombianos, pues tomarse un
tintico, es plantarse frente un tazón exagerado que los paisas degustan con
normalidad hasta el mismísimo fondo. Eso echa abajo los prejuicios que se han formado en torno de que el oscuro
líquido es dañino, pues sin dudas hace tiempo no quedara uno solo de estos
alegres antioqueños en pie.
Pero fue a una cuadra del parque de San
Ignacio, en las Torres de Bomboná donde encontré en sitio anhelado. Raza_
Café, más pequeño que La
Polonesa, con ambiente acogedor e íntimo; decorado
con sobriedad, en un extremo un lienzo con la figura de Chaplin, del otro la
imagen de Cantinflas, y de fondo un viaje musical desde Compay Segundo a Fito
Páez, de Louis Armstrong a Julieta Venegas. El dueño, es un conocedor de la
cultura latinoamericana, se declaró admirador de Pablo Milanés, Celia Cruz y
José Martí. Al servirnos café, el mío lo trajo en una tacita y un poco
más concentrado “a lo cubano”, me dijo.
Desde entonces, por el día íbamos a La Polonesa,
disfrutábamos su diversidad y la hermosa vista de la Estatua ecuestre del
Libertador. Por las tardecitas, nos esperaba el Raza_ Café y las
conversaciones sobre la cultura de los colombianos y los sueños con que se
despiertan cada día.
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