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Daniel Dimet Hechavarría |
-Daniel, ¿desde cuando sientes
esa pasión por la música?
-Mi vocación musical empezó… con
eso se nace en primer lugar. Fue una herencia de mi papá, mi tío Elí que son músicos
de aquí del septeto, grupo insignia de Chivirico y por ahí empezó el viaje: yo viéndolos
a ellos tocar. Recuerdo cuando pequeño que ellos empezaron y tenían un espacio
llamado “La casa de la Trova”
y se hacia la noche de la trova iba con ellos, mirándolos ensayar y deleitar al
publico asistente. Eso fue trabajando en mí, creando y formándome una actitud
más profunda hacia la música que ya estaba en mi sangre. Hubo momentos en los
que otras personas, también mis hermanitos, cuando estos se ponían a cantar en
el portal, yo me sentaba con ellos guitarra en mano y fue la primera vez que me
incliné hacia un instrumento y a escribir mis primeros acordes. Así se fundió
la pasión teniendo ese ambiente y teniendo el arte en mi familia.
-¿Cómo llegaste a la escuela
vocacional de arte, cuál fue ese camino?
-Desde que ya definí que me
gustaría ser músico al principio se me presentaron problemas y trabas en la
vida que me impedían, porque yo siempre les decía a mi mamá y a mi papá que
quería entra a la EVA
(Escuela Vocacional de Arte) pero no pude. Incluso mi papá me llevó aunque
estuviese ya pasado de grado pero tenía los deseos y nunca me rendí. Luché
mucho y seguí estudiando mi guitarra hasta que la única opción fue matricular
en la Escuela Instructores
de Arte después de terminado el noveno grado y bueno, seguí el camino que me
guió al sueño y me gradué como instructor de arte. Esos años fueron
inolvidables.
-¿Actualmente que haces?
-En lo personal siempre me ha
gustado hacer las cosas bien y he mantenido sobre la base de ese sello el
estudio de la guitarra como tal, ahora la vida me puso la oportunidad de
empezar en la banda municipal de acá, de estar ahí como músico y como alumno,
porque te dan al oportunidad de estudiar para en un futuro ser un músico evaluado
parte de la banda. Y modestamente gracias a ese Dios que está allá arriba,
siento que estoy avanzando. También junto con ellos, porque he seguido con esta
sed musical, estoy incursionando en la música ballenato con otro gran grupo del
patio “Alegría del Valle” aprendiendo de su amplio repertorio.
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Al lado del bombardino, instrumento con el que practica |
-No. Yo creo que sin la música
dejaría simplemente de existir porque ella es la esencia, lo es todo para mí.
La música ha alimentado mi corazón. Forma parte del itinerario diario: en mi
casa, en el camino, junto a los amigos, en la igelsia. Hay personas que tienen
la desdicha de trabajar en lo que no les gusta, pero yo he tenido la dicha de
estar trabajando en lo que realmente amo y eso es algo precioso.