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Obra referente a Martí tomada de Internet |
No me hace falta que sea 28 de
enero ni 19 de mayo para escribir sobre
Martí; sólo que sea una tarde noche en la que después de un día completo de
agotador ajetreo y mientras mi mujer se entretiene observando en un tablet sus
novelitas de amor, me tome un respiro acurrucándome en un cómodo balance con un
ejemplar de La Edad de Oro a la mano, y redescubra lecturas que repasé cientos
de veces cuando niño pero que toman otra dimensión al consumirlas ahora de
adulto.
Por el mundo anda un nuevo
enemigo biológico que se agiganta en cada momento: lo dicen las noticias en la
tele y por doquier. Yo me voy en la invaluable escritura del Maestro a los
tiempos del “El padre Las Casas”, aquel genio indignado contra los maltratos a
que eran sometidos los habitantes originarios de América y no sé en realidad si
soy el que encuentra perfectas el enlace de palabras que Apóstol utiliza, para
describir en un único artículo tantas horas de historia, o es ilusión de una
mente que se está friendo por el consumo de tantos libros. Cualquiera que fuese
la vertiente real amo toda la poesía que es esta revista y desde este futuro
lleno de digitalizadas cosas, agradezco a Gonzalo de Quesada, ese que pocos
recuerdan, el haber guardado celosamente toda la obra escrita que hoy
disfrutamos de Martí.
Leerlo es como encontrar para la mente
un bálsamo que nos va curando el alma y nos inyecta en la sangre ideas positivas,
para seguir eternamente aferrados a la esperanza ante la oscuridad de estos tiempos
y no convertirnos por las circunstancias en parte de ella. No pudo saber ese
gran hombre el legado que dejara a millones de personas que hemos llegado después
de su partida. Su espíritu vive en la estructura de cada letra de su
pensamiento escrito. ¿Existe mejor padre intelectual para los cubanos y lo habrá
algún día? Que venga alguien con sus argumentos para ver si me convence…
No pasan tantas horas en la que anónimos
comentaristas anuncian de vez en vez otro nuevo lote de individuos infectados; difícilmente
pasa una jornada en la que aunque cansado hasta los huesos, no escuche palabras
de esa voz que traspasa más de doce décadas y media y penetran en mi sien como
taladro que se hace camino para calar hasta donde parece imposible a veces.
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