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Daniel Faxas junto a su hijo y la escultura
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Incontables fueron, a lo largo de
nueve años, las ocasiones en las que transité por las calles de Baire en junto
a mi amigo Eduard Encina. Fue en una de ellas que este personaje nos abordó
cierta vez y existiese entre él y yo algún protocolar apretón de manos, con tal
de no ser ambos malos educados aunque no nos conocieramos personalmente. Eran
días en los que la muerte del Gordo estaba lejos de nuestras imaginaciones y se
nos daban momentos memorables aquellos domingos; días en los que le tomaba “prestada”
una cucharada de preciado polvo a mi abuela para darle vida en las tardes a los
cafés Bonaparte, entre textos literarios salidos de nuestros humildes corazones
e ideas sublimes que despertaban en el alma. Antes ya había oído hablar de él cuando
Eduard conversaba con otros veteranos en mi presencia y lo mencionaba. Así fue
como Daniel Faxas aunque nunca cruzara palabra alguna conmigo entró en mi vida
de cierta forma y nuevamente volvemos a encontrarnos.
Les cuento:
Es un jornada cualquiera buscando
informaciones para mis trabajos periodísticos, producidos bajo meses de
estricto adiestramiento por mí para la Revista Informativa
Presencia, espacio portada de las emisiones diarias de Radio Coral emisora
municipal guamense, territorio montañoso desde donde se edita igualmente este Cubo
Oriental. No sé ni como ni cuando pero estoy cerca de unos de mis itinerarios
para ese día, alguien me grita por unas de las persianas que me llegue a su
oficina y allí me dan la buena nueva de
que hay un grupo de remodeladores contramaestrenses haciendo trabajos para
desparecer los efectos de la pasada tormenta tropical Laura en el Parque
Central José Martí de la cabecera municipal.
¿Dónde puedo hallarlos?, pregunto luego de saber que hay gente de mi
tierra natal.
Son varios las acciones en las que andan, pero me interesa que indagues
en una particularmente, me dicen, ésta se realiza en la Casa de Visitas. Si vas a ir
para no dejar pasar el suceso por alto sólo te pedimos que nos brindes algunas
de las fotografías que hagas.
No hay problemas con eso, digo a forma de despedida y me lanzo a la
carretera donde gasto las suelas de los zapatos camina que te camina diariamente.
Minutos luego, después de
atravesar calles, doblar por aquí y por allá tengo frente a mí el lugar. En
medio de su patio bajo de unas matas de
mangos diviso la escultura de la que me hablasen en proceso de construcción. Me
detengo a observarla varios segundos para seguir enseguida hacia la sala de recepción
de la otrora Casa de Visitas del Gobierno que aunque en realidad ya no es tal
cosa pero aún le perdura el nombre.
Buenos Días, digo secándome el sudor de la cara a la primera señal de
trabajadores del lugar.
Buenos Días, ¿qué desea?, me pregunta una mujer delgada.
Por favor con el escultor que está a cargo de la obra que he visto
afuera.
Ah ¿Daniel?, está por allá, me señalan.
Salgo al traspatio y lo lejos veo
a dos individuos sentados con algunos alambres en la mano, uno de quizás cuarenta
y tantos años, el otro un joven de unos veinte. Me les acerco.
¿Quién de ustedes es el encargado de la escultura que se está realizando
en la entrada?, pregunto.
Soy yo, me responde el de los cuarenta y tantos.
Soy uno de los reporteros de prensa de la emisora local y me han enviado
para cubra el trabajo que usted está haciendo, digo estrechándole la mano.
Mucho gusto, Daniel Faxas, responde él, pero tan distraído estoy que no
lo conecto para nada con mi pasado, ni
mucho menos que alguna vez lo saludé dándole la mano.
Me comentaron que ustedes son de Contramaestre.
Sí somos de Baire.
Mira lo pequeño que es el mundo, mi familia es de Vista Alegre. Yo nací
allá pero he hecho vida aquí.
¿De veras? Coño compadre, qué
gusto.
Ustedes conocen allá a los escritores Eduard Encina y a uno que le dicen
El Puro.
Claro, sí nos llevamos con ellos. Son socios nuestros. Eduard era mi
amigo, un tipo encojona´o.
Siempre estuve con ellos en los veranos de
mi adolescencia. En el Bonaparte.
Sí lo conocemos. Todavía no creo
que Eduard ya no esté.
Con esta información de repente
empiezo a unir los cabos sueltos en mi memoria. Aun no tengo la certeza certera
pero sí, conozco a Daniel Faxas desde hace años. Allí seguimos dialogando sobre
la suerte de conocer Baire a su gente, de la vida cultural que se respira en
aquellos pueblitos ubicados a lado de la carretera central, de la añoranza que
sienten ellos de no estar por al menos ya cuarenta días fuera de casa y de la
mía que tiene más de año y medio.
Volvemos a caer en conversación sobre Eduard y el de menos se le que le
echa.
Silencio total por más de diez segundos que rompo cambiando de tema, para no
dejarle cabida a la melancolía que me causa recordar a mi amigo. Le hablo
entonces de la idea del reportaje que quiero hacer sobre la escultura y nos
ponemos de acuerdo en un santiamén. Juntos atravesamos la antigua Casa de Visitas
hasta sentarnos unos cinco o seis metros cercanos de la impresionante figura.
Allí saco mi SAMSUNG corporativo al mismo tiempo que Daniel me confiesa que las
grabadoras le ponen un poco nervioso. Alude inevitablemente entonces a aquellas
veces en la que Encina quiso filmarlo hablando de su obra con una camarita que
tenía y el desastre que resultara la aventura.
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La escultura
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Al fin ponemos le ponemos “play” sacamos un material de unos ocho
minutos y otros cinco aparte de Danielito, explicándonos cómo ayuda al padre
desde que tiene uso de razón. A Daniel Faxas se le enredan un poco las palabras,
síntomas provocados por la grabadora tal como asegurara pero logra dominarse
mientras el hijo lo apoya. Quizás, confieso ahora yo, dudé de sacar algo de
aquello y que el esfuerzo noble de este bairero quedase perdido en el tiempo
pero no: el susto fue superado y ya yo hoy tengo publicado por las ondas de
Coral el trabajo periodístico. Antes de despedirme de él tomé algunas fotografías
a la escultura aún inacabada del aborigen que pronto será debelada en la fuente
del Parque Central. Otras también junto a Daniel y Danielito.
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El editor junto a los escultores y su obra
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