jueves, 18 de enero de 2018

Algo Personal



Mi papá es una de las tantas personas que vive en esta sociedad cubana de hoy. Es cuentapropista y mantener una familia, lucharla para que a su mujer e hija pequeña de nueve años no les falte nada, es su meta desde la mañana hasta bien entrada la noche. No le preocupa otras cosas, no se afeita con sistematicidad, las ropas, como si anda en taparrabos. La jama tiene el número uno, ¿entiendes?, me dice llevándose los dedos callosos a la cien. Nació en el mismo año en que mataron al Che, dato que ha marcado mi vida de manera significativa. Me quiere a su manera. Es todo lo contrario a lo que pienso del mundo cultural. Mi papá dice que la cultura es una porquería, que trabajando en ese sentido no encontraré desarrollo económico para mis bolsillos. Que lo que debo hacer es dejar de comer tanta m… y buscarme un trabajo donde me gane unos cuantos pesitos extras y pueda comer bien. Desde su concepción, es verdad, hay que buscar el moni, los guanikikis y aunque sea llevarse un pan con huevo frito y un vaso de leche, no acostarse con la barriga vacía. Poetas, escritores, pintores y soñadores pasamos trabajo, es cierto,  pero me jode que nadie se dé cuenta de qué me valdría la vida si fuese un personaje con una buena casa, carro, buena percha y nada en la cabeza como los hay por ahí. El puro mío llegó hasta doce grado. Tuvo de compañero al gordo que los domingos sale haciendo al personaje de Papo, en el humorístico A Otro Con Ese Cuento que transmite la televisión Cubana. A veces pienso cómo le sería la existencia si hubiese triunfado en la actuación, si no se hubiese quedado en este monte, el que afirman muchos que no hay nada digno de mostrar, como él. Siento que ha perdido la fe y eso me fastidia. Siempre me restriega en la cara que yo no le hago caso en las cosas que me dice, que él tiene la razón. Esto tiende a confundirme y no sé qué decirle. A pesar de todo amo la cultura y amo sentirme con el duende que nadie ve, que nadie advierte pero que llevo en el corazón aunque no tenga ni un quilo en el bolsillo para venir a trabajar. A veces también siento que se me llena el alma con todas las cosas que le pasan a mi papá pero no dejar sin respiración lo que llevo conmigo es una lucha diaria. Esos martillazos que me sacan astillas, que me recuerdan día a día el eterno dilema entre economía versus espiritualidad, materia versus idealismo no dejan de estar, de vivir esperando para atacarme sin compasión. En lo personal yo no nací con una herencia ni con sangre azul que corra por mis venas. Nací con lo que aprendí y con lo que elegí y elegí no decirle a nadie ni al mundo a través de este espacio que soy pobre, porque, mis riquezas son, tener el don de agradecerle cada día al despertar las gracias Dios por darme todavía aliento y los modestos conocimientos que en mi disco duro de materia gris guardo. Mi papá tal vez nunca lea este párrafo y si lo lee algún día quizás no entienda mis motivos por el cual aunque me digan jodiendo que debo conseguirme aunque sea quince pesos para el bolsillo (argumento que no es menos cierto) yo seguiré apostando porque en Guamá, o donde quiera que esté hasta que me muera, alimentar este amor que late por ´´aquella cultura que no sirve´´ pero que me da los elementos pa´ construir mi pedacito de historia minuto a minuto. Al otro padre que fue dedico este texto, al Encina que ya no está, al que me enseñó a que como dijera otro amigo en común: no puedes vivir de lo que escribes pero no puedes vivir sin escribir, la poesía y los sueños no te dan de comer pero hace del espíritu un árbol que nos es sombra para vivir. El que lea este bloque advertirá que se puede leer en solamente algunos escasos dos minutos. Yo, escritor, me tuve más de cuarenta y cinco en pensarlo.     

martes, 26 de diciembre de 2017

CÓMO NACIÓ ESTE BLOG Y POR QUÉ CUBO ORIENTAL.

Olber Gutiérrez Fernández(Cubo Oriental) y Arnoldo Fernández Verdecia(Caracol de Agua)

Ya es tradición en Cuba que los abriles vengan acompañados de una semana de receso docente llamada Semana de Girón por los acontecimientos acaecidos en esta zona al sur de Matanzas en mil novecientos sesenta y uno. La gente aprovecha para viajar y así, por algo más de siete días, los aires cambian, vuelven muchos, como yo, a los lugares por ejemplo, donde pasamos nuestras infancias y para mi ese lugar es el Baire mambí que ya en pleno siglo XXI aún se mantiene en plena lucha. Allá me encontraba el diecinueve de abril de dos mil diecisiete, día en el que se cumplían cincuenta y seis años de terminada aquella gesta protagonizada por el pueblo de aquel entonces. Curiosamente la madre natura también nos regalaba una semana netamente lluviosa como hacía mucho tiempo no sucedía. Trabajo cerca del Mar Caribe, a las faldas de la Sierra Maestra y cuando tengo la oportunidad retorno al Contramaestre que me vio nacer. Aquel día en específico, a pesar del mal clima, había quedado con el periodista Arnoldo Fernández Verdecia desplazarme los ocho kilómetros y visitarlo luego de tres meses de ausencia y el asedio de las constantes llamadas telefónicas desde Guamá, debido a que tal vez cometió el error de darme su número telefónico en diciembre de dos mil dieciséis.
   Arnoldo me recibió con la carcajada que lo caracteriza. Poco faltó para que me diera un beso y enseguida nos pusimos al tanto de la vida intelectual tanto como la de él como la mía. Entre sus preguntas que si me había leído el compendio de siete libros que según él me ayudaría a crecerme y descubrir en mí las facetas que tenemos los hombres dormidos y que, por mirar y ocupar el tiempo en cosas incorrectas, no logramos descubrir. En mis anteriores interacciones con el periodista todo era genial y más aún lo fue cuando en uno de los momentos me confesó que venía de la misma carrera de Marxismo-Leninismo que yo. Me sentí más ligado a su suerte. En mi vida práctica es fácil escribir lo que pienso que decirlas cara a cara. Me enredo justificándome que quiero hablar más rápido de los que pienso. Quizás me salgo un poco de las intenciones de contar la historia y aprovecho la ocasión para agradecerle al Fernández.
   No recuerdo exactamente cuál fue el elemento de nuestra conversación que nos hizo ir a parar a la parte de su casa en la que tiene su cuartel general y desde donde edita su CARACOL DE AGUA. Solo recuerdo que me pidió que le acompañara y entre confusas ideas al principio, entendí algo así como que me ayudaría a crear un blog. En un abrir y cerrar de ojos encendió su arma de combate y con la habilidad ganada y que lo caracteriza también hizo las operaciones pertinentes para darle forma a lo que se proponía. Ya el periodista había leído mi cuento EL CUBO, cosa que recordó y tuvo en cuenta a la hora de buscarle nombre a este espacio que estaba naciendo y ya mostraba su cabeza por esa vulva dilatada que es la informática.
    -¿Qué te parece EL CUBO ORIENTAL? Pichón de tu sabes dónde –preguntó.
    -Lo que tú digas –le respondí.
    -Así mezclamos el nombre de tu cuento con la región en donde vivimos. Dame lo que tengas ahí para publicarlo. (1)*
   Me quité del cuello en la que llevo amarrada a un cordón negro la memoria USB. Abierta en la PC elegimos tres cuentos entre los cuales se encontraba el mismo CUBO. En otro pestañazo estaban ´´on line´´. No podía creerlo. Por vez primera algo de lo que escribía se encontraba plasmado en algún lugar a la vista de la gente o, en este caso, de los internautas. Estaba plantando en mí la semilla o el bichito de bloguear y más increíble fue cuando al instante recibí las primeras visitas. (No pasaban todas de cinco pero con el asombro las percibí como un millón). Recuerdo haber regresado a Baire bajo un refrescante aguacero y aunque sabía que los míos en casa no entenderían ni J les di la noticia. Se quedaron con los ojos abiertos como preguntándose por qué les hablaba en chino. Aquella noche, cansado, me acosté a las nueve y media. Termino esta breve historia con decir que las tres de la madrugada me sorprendieron sin poder dormirme, pensando en todo el reto que me esperaría ahora en adelante con este proyecto que tal vez inadvertido empezaba a rondar la isla y más allá de su fronteras.

(01)* Alguien me comentó luego que las cosas en Internet no se publican, sino se cuelgan. Ese alguien me introdujo la duda. No por eso detengo mi mano y desde las costas cubanas de Guamá, Cuba, yo sigo escribiendo para aquellos que, por azar o por redirección encuentran este sitio. A esa persona dedico este texto.

Olber Gutiérrez Fernández (Editor)   

martes, 5 de diciembre de 2017

Viaje a Mar Verde del Turquino: 6 décadas del combate



Lugar donde cayera Ciro Redondo García

La primera vez que oí su nombre fue cuando en el año 2002 entré a la secundaria básica que en el poblado de Caletón Blanco, Guamá, lleva su nombre. La figura del artemiseño Ciro Redondo García empezó a tornarse en mi mente desde que los profesores encargados de la tarea nos dieron la autobiografía que lo acompañaba como mártir de aquel centro. Alguna vez desee entonces subir al lugar donde aquel fatídico día de noviembre de 1957 una bala le atravesó el cráneo sembrándolo para siempre en la inmortalidad. Hace dos años tuve la primera de esas oportunidades que te dan la vida para cumplir tus anhelos. No pude asistir a tal cita por cuestiones del destino ni ese año ni el próximo, debido al fallecimiento del líder histórico de la revolución el 25 de noviembre de 2016. Ahora la cosa ha sido diferente. Por estos días se cumplieron los sesenta de aquel combate y todavía me duelen, a la hora de redactar esta crónica, las piernas de la caminata de más de veinte kilómetros desde la base del campismo La Mula hasta el mismísimo sitio donde se erigiera una columna que le muestra al visitante dónde ocurrió la muerte de Ciro. La edición de esta proeza la realizamos los jóvenes del municipio. Salimos a las cinco y media de la mañana cuando el sol aun no daba señales. Ya tenía entendido que los pasos del río eran unos cuántos pero no la magnitud de lo congelada del agua cuando en el primer paso tuve que meter las botas sin más opciones y me hundí hasta las rodillas. El ambiente húmedo, las aves del monte que despertaban, otras que se dormían nos advirtieron sintiéndonos los intrusos. El grupo de más de cincuenta avanzábamos alejándonos del puente que unos treinta o cuarenta minutos antes en silencio nos vio partir. De pronto nuestro guía nos dio el alto por vez primera para esperar a los que por una cuestión u otra se empezaban a rezagar. Algunos en ese momento no aguantaron los deseos y sacaron algunas de las cosas que llevaban para merendar. Yo saqué del estuche la cámara, la única pertenencia que me llevé consigo loma arriba e hice las primeras instantáneas de los que con cautela cruzaban con miedo de caerse en el medio de la corriente, que, no muy fuerte, cortaba de lo fría que estaba. Mientras avanzábamos empezamos a hacernos chistes para no aburrirnos. Después de las dos primeras horas y media de marcha, cuando el agotamiento empezó a notarse, pensé inevitablemente en aquellos hombres que luego del desembarco del Granma no tuvieron más cosas que aquellas lomas y no más de pertenencias además de las botas y el uniforme verde olivo, una mochila, cajas de balas, un fusil. Yo solamente portando una cámara fotográfica me empezaba a quejar por la caminata de solo un día. Ellos que vivieron aquí y ofrendaron su todo por dos largos años. Sentado en la loma que hay antes de llegar al pequeño valle en donde se encuentra Mar Verde una señora me alcanzó. Ya los demás se encontraban distantes. Me preguntó qué hacía solo ahí, observando el camino recorrido. Amablemente le respondí diciéndole quien era, de las pocas experiencias que tenía subiendo montañas. Me dijo que lo que me pasaba era normal para los principiantes. ¿Usted viene a cada rato?, pregunté. Así pude saber que aquellos parajes hacían seis años que no la veían. Ya pasaban más de media hora que mi pierna izquierda me dolía. La señora siguió adelante dejándome sentado en el mismo sitio. Tomando fuerzas me acomode las botas y aguantando el latido alcancé el firme en pocos minutos. ¡Qué alegría al ver el último paso de río! Allí sin pensarlo dos veces dejé la cámara sobre una piedra y floté largamente sobre las aguas del Turquino, líquido en estos montes refrescante como un bálsamo que a mi cuerpo le hizo bien. Tirado en medio de la posa me liberé de los pesados calzados, uní los cordones y de uno solo los lancé a la orilla. Por un momento me sentí el único hombre a mil kilómetros a la redonda. Aliviado me encontré la primera casa. En ella me dijeron que me restaban al menos quinientos metros. Gran sorpresa se llevaron aquellos que la noche anterior me decían que yo no llegaba y llamándome estos me indicaron donde estaban dando la merienda. Luego les pregunté cómo se llegaba al lugar al que no  debía de dejar de ir. Me lo señalaron y tirando las botas a una de las esquinas, medio cojo atravesé el cafetal que me indicaba el camino. Era ya un hecho el que no podía caminar en perfectas condiciones pero las ganas de retratar mi verdadero objetivo no podían quedar frustradas. Así pues, chapoleando fango y sintiendo en mis pies las piedras llegué al fin adonde seis décadas atrás quedó tirado el cadáver de Ciro. Cuando asomaba ya el acto que sería realizado estaba terminando. Esperé entonces que concluyera para tirar la fotografía que encabeza esta crónica aún antes de que fueran retiradas las dos banderas. Uno de los presentes advirtió que presentaba problemas al caminar y amablemente me cedió su caballo. Supe mientras me acompañaba, que su padre, de apellido Verdecia, según las historias que escuchó desde niño, fue uno de los campesinos participante en aquel combate. El claro que sirve de asentamiento a los habitantes del lugar, cuenta con una hidroeléctrica, un consultorio, una tienda y una escuelita. Todos estos establecimientos en las esquinas. En el centro un hermoso campo verde bien despejado y en las cercanías, el paisaje armonizado con los palmares y otras especies hacen un juego maestro hecho por la madre naturaleza. El almuerzo no pudo ser más cubano: una cajita de congrí, yuca y carne de puerco asada que en lo personal fue un manjar enviado por el mismo Dios. Sentado en una de las escaleras del consultorio, en donde me encontraba reportado por mi dolor, degusté de la cajita mirando las lomas con toda la calma del mundo. Entre mis pensamientos estaba una duda: ¿de qué forma y a qué hora llegaría a La Mula donde pasadas las cinco de la tarde volveríamos a nuestros lugares? De un momento a otro el guía dio la orden de partida. El grupo, de los cuales muchos no llegaron hasta la tumba, se abalanzaron por el trillo. Los últimos en salir fuimos tres. Yo aquejado no le di a demostrar a nadie mi padecer y antes de salir pase revista a las fotografías guardadas en la memoria de la Panasonic. Me puse las botas en el mismo paso de río en el que me las había quitado. Después les metí diente a algunas mandarinas que me había regalado la misma señora con la que tres horas atrás conversara. El descenso era todo lo contrario a la subida. En el primer caso no conocía exactamente dónde quedaba mi destino. Ya en este sentido tenía la experiencia recién acumulada. Eran aproximadamente cuatro horas en la guagüita de San Fernando. Arribamos, para ahorrarme las ideas, y para no abusar de los recuerdos, en eso de las cuatro y media al campismo. Tuve suerte de toparme con un arriero que brindándome un mulo, no me dejó otra opción que aprender en unos minutos a montarlo. En el primer intento no faltó nada para meterle la cara a las piedras. Riéndose el arriero me indicó que aquello era como montar bicicleta y sin muchas ganas de reírme yo intente hacerle caso. Exactamente a las 5:21 ya estábamos tumbados en los asientos del ómnibus, unos molidos, otros, como yo, pensando en la aventura vivida. De este mérito que se me ha dado de visitar uno de los sitios sagrados que es Mar Verde del Turquino, casi a los pies del punto más alto que tiene la isla de Cuba.

lunes, 27 de noviembre de 2017

Fidel Castro, hombre que puso parte de su enorme fe en la Cultura


Fidel junto a Hemingway, otro de los grandes escritores del mundo


Por cuestiones ajenas a mi voluntad no pude colgar este texto el día que debía. Hoy, dos días después lo hago. Ojalá sirva de referencia para quien acceda a él y sea parte de mi personal homenaje a Fidel en estos días finales de noviembre.

Deambulaba por la escuela sin hacer nada en la hora de descanso y decido entonces entrar a la biblioteca. Sobre una de las mesas hay textos sobre él. Recuerdo de súbito que se acerca el primer aniversario de su muerte y lo que el tiempo tan rápido pasa. Desde niño me imaginaba el momento y creía que cuando sucediese estaría preparado. Años más tarde descubrí que no fue así. ´´Su legado fue los que nos dejó´´, pensé un poco desorientado al escuchar aquella noticia en la madrugada que recién nacía. Con tales pensamientos tomo uno de los libros. En una de sus páginas encuentro  algo subrayado y cito: ´´una revolución solo puede ser hija de la cultura y de las ideas´´ (1). Quedo después de la lectura más pensativo. Hace algunas semanas atrás escuché algo parecido en la voz de un viejo profesor. Sin meditarlo mucho escribo en la cartulina de mi plan de clases de Historia el nuevo hallazgo. Empiezo a leerlo y a releerlo. Voy entendiendo cosas. El mensaje va formándose en mi mente. La cultura es la madre de las revoluciones. Sin ella no sería entonces revolución verdadera. Aún sentado con libro en mano recuerdo aquellas palabras a los intelectuales, de la amistad profunda y sincera que profesara a Guillén o al Gabo y a otros tantos de Latinoamérica y del mundo, de su amplia visión al entender que el pueblo de la Cuba antes del 59 necesitaba primero ser libre en su pensamiento para poder abrirse paso al futuro. Fidel vio una poderosa arma en la Cultura porque entendió que el hombre necesitaba y necesita edificarse para poder alzar el vuelo hacia nuevos rumbos. Estudioso desde pequeño siempre tuvo presente el ejemplo de los intelectuales de la década del treinta y supo entenderse a la perfección con los veteranos que conoció de aquellos tiempos. La figura de Martí, o aquel espíritu cincelado en las obras del apóstol dejaron sus huellas en Castro toda su fecunda existencia. Más que las de un incansable luchador de la guerra de 1895, el futuro líder de la verdadera independencia de Cuba, comprendió que las ideas martianas eran claves para el despertar de la conciencia humanista donde el hombre primara como el elemento esencial, no los intereses de algunos sedientos de poder e injusticia. Cultura para Fidel era (o es, creo conveniente llamarlo así) una forma benigna de encontrar sabiduría y no ser esclavo de nadie sino ser los amos y dueños de nuestros propios destinos. Hoy (25 de noviembre) se cumple el primer año de su ascenso a la inmortalidad. Nunca me he preguntado, ni lo he leído en ninguna parte si además de nuestro Héroe Nacional, reconocido como el más universal de los cubanos, hay otro. El Hombre de la Sierra tiene para mis modestos conocimientos ese lugar indisputable. Si alguien osara a decir lo contrario o yo en mi escrito estoy haciendo uso de la mediocridad en afirmar tal cosa, por favor, no quede en su mente una respuesta y me lo haga saber. La fe es una condición implantada en cada habitante de este planeta. No importa los credos, ni las lenguas, ni las diversas etapas atravesadas por el hombre desde los primeros que caminaron la Tierra.  La fe de Fidel Castro repartida estuvo durante los insuficientes noventa años que caminó entre nosotros. Entre esos pedazos inmensos, no fue pequeño el que ciegamente puso en la Cultura. Ahora nos toca a los que indudablemente les seguiremos después preservar esa fe, ese legado humano que nos fue su ejemplo digno y acertado.
Noviembre 25, 2017. 8:22 AM
(1)    Idea pronunciada en el Aula Magna de la Universidad Central de Venezuela el 3 de febrero de 1999. Diecisiete años, nueve meses y veintidós días antes de su muerte.

viernes, 24 de noviembre de 2017

Breve crónica en noviembre



Vista frontal del nicho que guardó los restos de Pedro Ortiz Cabrera
11 de noviembre de 2017

5:51 AM
El campamento Pedro Ortiz Cabrera empieza a despertar. Todavía podemos observar la mezcla de la noche que termina con el día que comienza. El mar Caribe está inquieto y brama estrellando la sal contra la costa. Comenzamos a sentir los cubanos el efecto inicial del invierno pero también sentimos mitad y mitad de frio y calor. Desde donde escribo podría verse la magnífica salida del sol pero no es posible. Nubes grises retienen los rayos y se los dejan para sí. Nosotros somos un grupo de profesores con un destacamento de Secundaria Básica de la región y llegamos en la jornada de ayer. Salimos debajo de una fina llovizna de la Israel Pardo Guerra y en cuanto llegamos visitamos el cementerio local que está a un costado del campamento y que todavía guarda la tumba del mártir que muriera en los sucesos en la embajada de Perú el primero de abril de 1980. Luego cruzamos una alambrada y a través de la manigua nos abrimos paso hasta la playa. Vistamos la gruta y todo el grupo subió por ella hacia el campamento. Yo regresé por donde me vine llegando primero que ellos. El campamento se sitúa a unos escasos tres kilómetros de Uvero, lugar insigne de nuestra historia. Aquí rotan las diferentes y diversas escuelas del territorio. El plato fuerte, además de peregrinar a la tumba de Pedro, visitar el pequeño Bosque Martiano que existe en la región. Los adolescentes a nuestro cuidado se han tirado de sus literas cuando aún brillaban las estrellas. El rebullicio me ha sacado de los brazos de Morfeo. Voy hasta una de las mesas del comedor y me siento en una de ellas. En la soledad de la mañana escribo estas primeras notas. Desde aquí escucho los caos del cementerio. ¿Qué tendrán que ver estas negras aves bullangueras con el destino del Camposanto? Buena pregunta para una respuesta que no sé. Aquí han estado siempre. Cosa que me despierta la imaginación. ¿Habrá algún pacto entre ellas y la muerte o simplemente es mera coincidencia? Otra respuesta que desconozco y de la que no quisiera saber. Anoche tuvimos una pequeña velada hasta cerca de las diez y media. Después, antes de dormir, a hacer que los alumnos se durmieran primero. No es fácil ser docente en estos tiempos que corren. Hay que tener coraje para esta tarea. La Cuba de hoy necesita un fuerte renacer en los valores. Creo a mi juicio, parte clave por lo cual luchar y una importante medicina que nos ayudará a salvar nuestra revolución.
8: 36PM
El resto del día se ha ido en actividades de recreación. Bajamos nuevamente al cementerio y nos perdimos entre las tumbas leyendo los nombres. Cada vez que hago tal cosa pienso en lo corta que es la vida, lo eterno que es nuestro retorno a los huesos y al polvo. Los restos de Ortiz Cabrera ya no descansan aquí pero ha quedado intacto el nicho donde descansó muchos años. La naturaleza del lugar parece detenerse ante los muertos. Solo el conversar de los dos trabajadores abriendo en tierra un nuevo hoyo, los caos y el furor del mar contra las piedras de la orilla o el transitar de los pioneros por todo el cementerio no parecen respetar el sueño de los que ya descansan. He estado en este campamento en noches de luna llena y desde las ventanas abiertas del comedor los sepulcros brillan. Rompe entonces a funcionar la fantasía y muchos hablan de fantasmas y aparecidos. Disfrutar de estos momentos es grato. Los que nos atienden se esmeran. Por estar en un lugar alto la vista hacia la playa es increíble. Ya el paisaje no es el mismo que hace unos meses atrás cuando la sequía era intensa. Todo es verde. ¡Que linda se ve Guamá cuando esto sucede! Más tarde un grupo visitó el bosque martiano y un poco más allá mientras que la otra cansada decidió quedarse a descansar. El contacto con la madre natura es bueno para el hombre aunque a veces este no tenga la noción de que el aire que respira le fortalece los pulmones. Este es uno de los majares que nos ofrecen esta rotaciones. Hay que destacar que esta vuelta ha sido libre de la manada de jejenes que caracterizan al campamente salvo dos o tres que nos rondan como diciendo que no nos olvidemos que estamos en su territorio. Mañana volveremos a nuestro sitio. No sabremos a qué hora vendrán las guaguas. Por el momento el mar sigue rugiendo y junto al sonar de los grillos arman una perfecta orquesta sinfónica que al menos me regala paz y tranquilidad. Detengo el lápiz y los escucho recostado. El sueño nos llama. Con estos chamacos que tenemos el cansancio se nos duplica. Hoy no nos sale toda. Cuando retornemos a casa sentiremos sus huellas.
12 de noviembre de 2017 (domingo)

7:34 AM
Aprendí en uno de los libros más importantes del mundo que el día de mañana no nos pertenece. Por eso lo primero que hice hoy al despertar fue darle las gracias al Omnipotente. Le pedí luego a mi socio de aventuras Joel que me prestara su celular y bajé al cementerio. Allí tomé algunas instantáneas de la tumba citada en el párrafo anterior. Los caos desde las ramas aledañas me vigilan. A esta hora todo el lugar parece salido de una película de terror. Siento que en cualquier momento se me va a aparecer algún espectro con el pelo regado, los vestidos negros rasgados y sucios, cara desagarrada. Idea sacada de mi imaginación claro está. Decido volver al campamento. Ahora esperamos. Las guaguas vendrán en cualquier momento. Algunos hacen chistes. Unos ríen, otros no. La mañana es algo fría  y a la vez con algo de calor. Es mejor este clima mixto que los tormentosos calores de julio y agosto. De eso podemos estar seguros con los ojos cerrados.
3:32 PM
Tirados en una de las esquinas de la subida del campamento esperamos la segunda guagua. La primera ha partido algunos minutos antes con el primer grupo. Tuve suerte  y mientras estuve esperando antes de bajar, el administrador del lugar amablemente me ha prestado la PC y he tecleado gran parte de esta crónica. Cuando lleguemos nos espera diferentes cosas. Entre ellas,  además de organizar para mañana lunes volver a clases, echarnos una buena siestecita o un buen baño con agua caliente para tratar  de relajarnos el cuerpo. Los chicos seguro que les hablarán a sus padres desde su punto de vista, las travesuras cometidas. Yo aquí termino mi relato, crónica o reseña. Ustedes como lectores deciden qué es. Me limitaré no más después de esta oración a guardad mi libreta de apuntes en el maletín.

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...