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sábado, 2 de enero de 2021
miércoles, 4 de septiembre de 2019
Soy cubano: ¿ qué otra bendición más grande pudiera tener ?
![]() |
| El Editor de este Blog frenta a un dibujo de la bandera cubana |
Nací el 21 de noviembre de 1990
en una isla asediada desde hace mucho tiempo por un poderoso gigante llamado “imperialismo”
y mis primeros meses de vida fueron donde un viejo mambí de 1895 se paró en
medio de la valla y con las venas airadas llenas de valentía gritó a los cuatro
vientos que ya era hora de que no fueran los gallos, sino los hombres, que
luchasen por la libertad de Cuba. Vivo a los 28 todavía en esta tierra caliente
que se hace llamar Santiago de Cuba y que en momentos más recientes se manchara
con la sangre de los jóvenes insurgentes la ciudad homónima que le da nombre,
luchando contra el mal llamado “guajirito de Banes”.
Aquí dicha tierra tiembla de vez
en vez para decirnos que es terreno vivo y la gente que la habitamos somos miel
cuando vienen a nosotros en son de paz e hiel cuando nos agreden y quieren
pisotearnos. En estos lares nació la Revolución que nos sostiene: no por gusto tenemos
la dicha de tener al Moncada y la vergüenza en las enseñanzas de Martí y Fidel,
de un Pico Real del Turquino quien sintió los balazos en sus faldas a fines de
los cincuenta, de los amaneceres, al menos en tierra guamense, cerca del azul
Mar Caribe.
Bloqueado por los yankis o viendo
que no tengo nada del primer mundo para vivir, soy cubano orgulloso con un
espíritu curtido en deseos de seguir viviendo, orgulloso de poseer la bandera
más linda del mundo, de que por toda la geografía de la que soy parte, hallan
cientos de palmas que hablen de qué tamaño es nuestra dignidad, de que nadie
pueda quitarme los sueños o el aire que respiro y eso sea algo que no tiene
precio. Por el momento sigo dejando señales en este blog y quizás no sean
supertextos al estilo de grandes intelectuales pero son luces de mi pensamiento
ante la rutina diaria.
miércoles, 24 de octubre de 2018
Crónica del pescador
| El mar junto a las montañas de Guamá, antes de anochecer |
El mar en las noches ya no es
azul. Es como un abismo hecho de agua que trae como recompensa muchas cosas buenas
y eso el pescador lo sabe. A la orilla lo espera su compañero de viaje junto al
bote pero antes, al atardecer, prepara un beso para la esposa e hijos mientras
ésta le prepara la merienda de medianoche y una botella de café. La noche se
enciende. Los chicos juegan a las escondidas. Una brisa que viene de la costa
le anuncia: es la hora de partir. El beso es dado. Calzado de unas buenas botas
se aleja. Saluda a algunos vecinos que lo conocen desde que tiene uso de
memoria. Camina a lo más dos kilómetros hasta que cruza la carretera para al
fin llegar a orillas del abismo.
Ya son tantos los años que lleva
pescando que el olor a salitre es fragancia. El sonido de las olas que vienen y
van nunca llegarán a asustarlo como aquella primera vez que el viejo lo trajo
cuando adolescente. Por aquel entonces a la madre no le gustaba la idea pero
desde la muerte del viejo, la vida le dio un giro de muchos grados. El Pepe
siente los pasos. Ya desamarra el bote del pequeño embarcadero. Se voltea y lo
ve sonreír. El pescador y el Pepe son buenos amigos desde la infancia. Al Pepe
no le gustaba para nada el mar. El pescador fue convenciéndolo poco a poco y ya
son una tonga de meses juntos. No hay nadie ni amigos que se confíen como lo
hacen ambos.
Después del apretón de manos,
saludar a los otros que también se preparan
y tirar la mochila en el bote, ambos empujan la embarcación mar adentro,
se montan y, como buscando algo, empiezan a remar hasta que las luces de las
casas en la costa son puntitos al igual que las estrellas en lo alto del
firmamento. A veces el pescador imagina cómo fuese la vida si no existiese
Tierra. Recuerda así una película, de esas americanas, en la que pasa algo de
parecido.
Sin mucho que decir tiran ambos
las redes al agua. El pescador y el Pepe toman durante la noche algunos tragos
de café. Para matar el frío el Pepe saca una cajetilla chamuscada con dos o
tres cigarros envuelta esta en pedazo de nylon para que no mojen y le brinda
uno a su compañero. Mientras fuman la redes se mueven. Ahí vienen los primeros
peces, advierte el pecador. Al lado las cajas para echar la mercancía. Uno
ayudado por el segundo empieza a subir la red. Pesa algo, dice el Pepe, Hoy si
que nos las pusimos. Los peces ya se ven. Tal parece que saben el final. A la
luz de la lámpara china brillan como pidiéndole al destino otra oportunidad.
Con sus manos diestras el
pescador los saca de la red y los va tirando a la caja. Mañana de seguro que
los chicos se divierten de lo lindo comiéndose sus filetes con su punto de
limón mientra la madre les dice que se cuiden de las espinas. La escena se
repite varias veces. Los años en el trabajo han fortalecido sus brazos. Los
brazos de pescador tienen que así pero la cosa no es de ahora para ahorita. El
hábito hace al monje.
Las cajas repletas hacen que los
pescados atrapados en la madrugada ya no tengan espacio y que estos se resbalen
cayendo al piso del bote. Ya tenemos pa´ dos o tres dias, comenta el Pepe. El
mar es una bendición de Dios, piensa el pescador. Dentro de algunas horas
empezará a despertar el nuevo día. Ya va siendo tiempo de regresar a la base.
Uno rema unos kilómetros. El otro, los restantes. Llegan cuando algunos de los
demás botes también vienen entrando. El guardia, que igual ha tenido su faena
cuidando el área durante la noche los recibe soñoliento. No hay dúo como el de
ustedes dos, les grita. Matrimoniados hasta la muerte, responde el pescador
soltando luego una carcajada. Sabe que al Pepe no le gustan esos jueguitos y la
cara de este se pone seria.
El pescado recolectado le brinda
a las familias del pescador y del Pepe respectivamente un almuerzo bien a la
costera mientras que la otra parte la venden y así recaudar algo para comprar
las cosas de sus respectivos hogares. En la casa lo reciben los chicos que ya
se alistan para la escuela mientras la mujer le tiene caliente el agua. El
pescador dormirá hasta las once. Vendrá a recogerlo el Pepe entonces. Tienen
que mover la mercancía para luego dedicarse al mantenimiento del bote. Su nave,
aquella con la que desafía el abismo acuatico en las noches, tiene que estar al
cien.
lunes, 4 de junio de 2018
Cañizo, el barrio donde vivo.
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| Mapa de Cuba oriental donde queda el barrio rural de Cañizo |
Si a través de un satélite se
observara más de cerca el área geográfica suroriental de Cuba correspondiente
al municipio donde resido (Guamá), se puede ver que todo el litoral está
habitado y en él se asientan diferentes jurisdicciones rurales concentradas
principalmente a orillas de la carretera que atraviesa la Sierra Maestra
desde Santiago de Cuba en dirección a Pilón, localidad ubicada en la hermana
provincia de Granma.
Cañizo es uno de estos barrios (fotografía
1) y sobre el por qué de este nombre existen dos hipótesis. La primera no las
ofrece Clara Duany, maestra y vecina del lugar. Dice ésta que en los tiempos
fundacionales unos de los primeros vecinos era un hombre de apellido Cañizares.
La segunda afirma en que cerca del puente que tenemos existía una laguna llena
de caña cañiza de las que los más chicos sacaban sus güines para armar
papalotes y cometas.
Resido aquí permanentemente desde
los doce años con excepción de las temporadas en las que retorno al Baire natal
para pasar algunos días de vacaciones. Poseemos un riachuelo que tiene como
nombre el del pueblo y que divide el núcleo poblacional en dos.
Se puede decir entonces de un Cañizo Este en el que se encuentran la bodega, la
escuela primaria, la gastronomía y una extensa área residencial , y un Cañizo Oeste donde se enclava el Consultorio Médico de la Familia
y otra gran arteria de viviendas. La población de Cañizo es
heterogénea atendiendo a su composición que no es más que la mezcla que
conforma casi toda la Isla: díganse la fusión de españoles, africanos y otras
etnias. El pueblecito pertenece al Consejo Popular de Caletón Blanco, uno de
los tantos en los cuales se divide la administración del municipio.
Abundan, como es lógico y
característico de su espacio geográfico, los campesinos en las montañas que
siembran para poder subsistir tubérculos como la yuca y boniato, legumbres como
frijoles y habichuelas, frutas como la fruta bomba y el mango tropical muy
diseminado en la región junto al anón y el anoncillo. También el cañicero cría
ganado de diferentes especies como el vacuno, ovino y caprino.
La gente residente en Cañizo
posee un carácter jovial y alegre. Otra actividad que desarrollan los locales
es la fabricación de escobas, cepillos de lavar, trapeadores que un vez
elaborados son vendidos preferiblemente en la ciudad de Santiago donde se
compran artículos y alimentos de primera necesidad como lo son de aseo personal,
arroz, productos cárnicos y otros que ayudan a balancear la dieta de los
pobladores .
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| Una vista del río Cañizo que desciende de las montañas orientales |
La naturaleza de Cañizo juega un
perfecto contraste al estar enclavado en medio de la Sierra Maestra, conocida
en la Isla por su diversificación en cuanto flora y fauna. Se pueden encontrar
en las lomas que nos pertenecen el tocororo ave nacional y muchos ejemplares de mamíferos
como la jutía conga. El riachuelo se mantiene en su recta final la mayor parte
del año sin agua mientras que unos cuantos kilómetros arriba mantiene su cauce. Por esas vueltas se encuentra la caja de agua que nos
abastece y del lado de abajo bien conocidas nombradas pocetas como la Poza del
Hombre, la de Encarnita, y la de Luz Marina. En ellas, cuando los tiempos de lluvia limpian sus lechos, es
muy gratificante nadar y hacer turismo en sus alrededores. Por lo general quienes
lo hacen, cargan unos cuantos mangos en una javita de nylon o internándose en
el monte empiezan a recolectar anones maduros o marañones cuidándose, claro
está, de las avispas que cualquiera puede hallarse y, con el susto, paticas
para qué las tengo corriendo loma abajo.
A pesar de las consecuencias
dañinas para la salud que supone el consumo de alcohol, este renglón forma
eslabón inseparable de la cultura cañicera. Las noches se encienden en el
ranchón particular que tenemos con las ventas de cervezas, rones y comidas. No
será el espectáculo al ritmo de la vida nocturna santiaguera pero son las cosas
que poseemos. De vez en cuando el mismo ranchón alquila un DJ local para que la
música cambie un poco el panorama.
La música preferida de las
fiestas cañiceras varía según los gustos. En el ranchón se presenta un grupo
local llamado Mathew (al cual no he tenido todavía el honor de fotografiarlo), haciéndole
los honores al huracán que recientemente pasó por la Isla y que nos dejó a unos
cuantos lugareños sin techo. Hay quienes incrédulos no confían en la capacidad artística
que tiene el mencionado grupo. Otros con canequita en mano se ripian con el
chiquichí chiquichá que le sacan a los modestos instrumentos.
En las noches cuando la mayoría está
de parrandas, otros prefieran la tranquilidad de las playas y múcaras. Allí
desempacan de sus viejas mochilas anzuelos y cordeles para pescar. Actividad que
practican hasta bien entrada la madrugada. No les falta tampoco un pomito plástico
con café o con refresco de cualquiera de las frutas que antes mencionamos para
la merienda ni las cajetillas de cigarros para ´´matar´´ al frío. Pocas veces
van solos. Genial es ir acompañado. Así se forman competencias para ver quien
coge más. Los mechones atraen a cuanto espécimen merodea listos algunos para
ser al día siguiente parte fundamental del almuerzo en algunos hogares cañiceros.
Los jóvenes de Cañizo como embelezados
por el ritmo disfrutan al máximo del reguetón. No estoy en contra. Sí de la
música chabacana y sucia que no nos aporta nada y los convierte en estúpidos
consumidores de esa droga que entra por los oídos y que tiene como resultado la
idiotez e ignorancia. Otro fenómeno cultural en la juventud cañicera es ese ´´amor´´
por el fútbol, ´´-diría yo para ordenar
las palabras y no ser grosero-, y que los hace amantes incondicionales del Barça
y del Real Madrid aunque nada tengan que ver con la geografía cubana. Confieso
que a veces mi padre haciendo despotismo me ha hecho tragarme algunos partidos
del más universal de los deportes y a la larga no tengo nada en contra pero los
chamas que sienten ´´orgullo´´ por jugadores que ni siquiera imaginan que ellos
existen las aristas que los identifican como cubanos ni las miran.
En los primeros meses del año por
su posición, llegan a Cañizo los vientos del norte. Los más chicos entonces con
materiales que tengan a la mano arman sus cometas que vuelan por todo el pueblo.
Cuando termina la temporada, aunque no sea correcto, pueden verse colgados y
enredados en los tendidos eléctricos restos de esos papalotes. Otro de los
juegos viene después de los torrenciales perdidos entre marzo y abril. Con
ellos la señal al cangrejo rojo que habita en nuestros lomeríos está dada para
que bajen al mar a depositar la próxima generación. Los más chicos ignorando el
ciclo sagrado utilizando hilos de sacos sacrifican unos cuantos ejemplares para
divertirse en sus ratos libres. Se les pude ver entonces que andan para arriba
y para abajo mostrando las tenazas que levantan para aquí y para allá. (Yo
odiaba las temporadas del cangrejo rojo que venían años tras años. Nunca jugué
con ninguno y tampoco dejaba cuando niño de tener pesadillas con la espeluznante
idea de encontrarme uno en mi cama). A los muchachos de mi barrio también les
gusta la costa. En los tiempos estivales pueden oírse el regaño de los padres
cuando los hijos llegan a casa con la cara completamente tostada del sol que
raja las piedras sobre todos los mediodías.
La religión de sentirse cubano: apuntes.
| Símbolos que nos identifican como cubanos |
Conversaba no
hace mucho tiempo con un portugués de visita por primera vez en la Isla,
residente éste en la República Francesa donde está casado y trabaja. Su
castellano no muy claro que digamos pero había muchas cosas de nuestro idioma que
decía y entendía a la perfección. Yo, modesto cubano al fin, guajiro
universitario que vive en la Sierra Maestra, sacando a relucir un poquito de mi
riqueza espiritual, empecé a hablarle lo que significa vivir en Cuba en cuanto
a nuestra identidad cultural se refiere y, al pensar que no podría del todo
entender aquello que quería que aprendiese, para mostrarle el origen de nuestro
pueblo actual, tomé el recipiente que llevaba en la mano, lo destapé y le dije:
–Mira, reúnes a
un español, a un aborigen y a un africano. Lo echas aquí, –señalé con el dedo
al recipiente –cierras y lo remueves. La mezcla que sale, ese es el cubano.
El portugués quizás
no me entendió o sonrió por mi ocurrencia. Pero, ¿qué significa ser hijo de la
mayor de las Antillas en estos tiempos entre los tantos retos de los habitantes
de un país, que, observando las cosas que se mueven en el Orbe, tienen que
elegir a veces entre quedarse o irse para mejorar económicamente en tierras
extranjeras en muchos de los casos?
Ser de donde
vivió el hombre sincero, del reino en el que se forjaron las piernas
guerrilleras de otros tantos, no considero que sea una coincidencia para mí ni
muchos menos una deshonra cuando nunca en mi vida he tenido juntos en mis manos
la mínima suma de tan siquiera cuatro mil pesos moneda nacional. Más bien es un
honor de ser partícipe entre los once millones y un tantico que somos sobre la
faz de la tierra. (Lucharla todos los días no es un castigo; lucharla es una
lección de vida que no solo la tenemos los cubanos y maravilloso es cuando
después de tanto meditar el día menos pensado lo entiendes de buenas a
primera).
El cubano puede
tener una mansión con las mejores vistas en ciudades tan populares como Roma,
París, Nueva York, Tokio, Londres pero cubano puro al fin echará de menos a
Santiago, Camagüey, Trinidad. Ser cubano es llevar en la sangre el gen caribeño
donde quiera que se esté, así sea en una cabaña futurista en el planeta Marte.
Seguro estoy que si hubiesen sido cubanos los gladiadores en el antiguo coliseo,
los leones no saldrían de sus jaulas ni amarrados por las bolas. Hubo pueblos
que han sido arrasados y olvidados por la historia; no pasará lo mismo con los
hijos de Martí porque el espíritu impregnado en los guerreros que somos es más
que una potente fuerza.
(Vivimos en una
isla donde jornada a jornada los padres de familia piensan por los suyos. La
gente sale a la calle a batallar, a ejercitar su mente para que la valentía se
les alimente y encontrar motivos para levantarse, para no dejarse caer vencido
cuando los ánimos pierden el ánimo).
El nativo siente
cuando es extranjero que le falta el sol
del Caribe, que el paladar le pide a gritos el café colado casi al lado de la
planta del cafeto sin intermediarios, no aquel capuchino exprés que le venden
en una tienda; siente que los cigarrillos locales no tienen el mismo sabor que
los de la Tierra Prometida tocados con el rocío de la mañana. La música tocada
en los espacios que visita no destila magia si no se les canta un auténtico son
acompañada de unas buenas maracas, guitarra y tres, del tambor con la piel del
chivo y unos buenos bailadores que se muevan a lo cubano. Si los japoneses con
una lengua tan diferente son capaces de gozar con nuestra cultura, ¿qué cubano
no se estremece al escuchar en aquellas comarcas del oriente al son de
Matamoros, Compay Segundo y otros tantos?
¿Por qué ser
cubano es una religión?
Hay elementos
que nos igualan, es verdad; la raza humana es una sola, pero cada grupo humano
a partir de sus orígenes tienen sus particularidades. Era inevitable que
aquellos españoles del siglo XVI con sus ganas, unidos quedasen a los africanos
e indígenas y aquellos mestizos resultantes identificándose con el suelo que
pisaban, empezáramos a creernos, a sentirnos una nueva especie acabada de salir
de las manos divinas.
El gran templo
natural de esta religión, la de sentirse cubano, son los 109 884,01 km² que
tiene este caimán dormido en el medio de las dos Américas. No hay dioses que
seguir (solamente uno). Los decorados son de palmas reales y aves de todo tipo
que en las serranías elevan su canto en los amaneceres. El extenso techo azul
por el día, con su dorada lumbrera que lo atraviesa a la mitad de este a oeste,
inspira a unos cuantos devotos que trabajan desde la madrugada y con la oración
del ´´azadón nuestro de cada día´´ piden a la madre naturaleza que los bendiga
con sus frutos. No faltan en el extenso techo azul del templo estrellas y lunas
llenas para la guajira hermosa que adornada con flor recién cortada alegra al
esposo cuando éste llega al bohío vencido por el cansancio pero gozoso de haber
estado el día con oración en mano.
Para guiarnos
dentro de este gran templo tenemos las ideas del más universal de todos
nosotros para comenzar (aunque también de su tiempo se destaquen otras
personalidades); tenemos intelectuales recientes que sienten en su piel la
genial suerte de haber nacido aquí y no en ninguno de los otros puntos
cardinales; tenemos la convicción y eso nos hace ser príncipes de nuestro
destino.
La religión de
sentirse cubano no es algo que nos haga olvidar de las cosas que carecemos y
por eso tengamos argumentos para echarnos a llorar; la religión de sentirse
cubano es darle valor a nuestras raíces, a lo que tenemos; es vivir frente al
mundo sin vacilar que somos un pueblo sinónimo de resistencia; es creer, creer
y volver a creer en cada generación y no importa la década ni el siglo: siempre
seremos mambises, siempre rebeldes por las causas justas.
lunes, 26 de marzo de 2018
Impresiones y recuerdos sobre Radio Coral
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| Cartel que representa la emisora junto a nuestra bandera. Fotografía tomada de Radio Cubana. |
Papá
se levantaba primero. Encendía el fogón y entre la misión de colar café y
hervir la leche conectaba el radiorreceptor Siboney en medio de la madrugada a
punto de morir. Yo me despertaba inevitablemente con su trajinar, pero remolón,
esperaba a que me llamara. A las seis y media de la mañana los 1190 kilogers de
amplitud modulada, eran invadidos por la señal de un…Desde la cordillera de la Sierra Maestra, Radio Coral,
tan alta como el Turquino, Guamá, Cuba…El viejo entonces me daba el de
pié. Después, algo adormecido salía afuera para la primera meada de la jornada
y mientras veía las lomas e imaginaba cuantos bichos y animales despertaban en
la manigua, la voz del Onelio, la de Dailín Salazar, la del Benigno y de el
Elías y la de Eliecer Joubert Roblejo en las deportivas, me acompañaban. Era
como si los tuviese sentados a todos para tomarse un buchito de café acabadito
de bajar en la sala de mi casa. Aún estaba lejos de conocer a algunos de ellos
personalmente, hecho que ocurriría con el transcurrir de los años. Por aquellos
días finales de los noventa del siglo XX cursaba mis estudios en la enseñanza
primaria. Recuerdo especialmente que esperaba con gran interés la sección en la
que hablaba un campesino de nombre Comparsa sobre los problemas que afectaban
directamente a la población, personaje creado por Rodríguez Torres quién una
vez, en conversaciones sostenidas con él, me contó en exclusivas las peripecias
con la que armaba la obra.
A
las siete y media por aquel entonces cesaban las transmisiones y yo partía hacia
la Arquímedes Colina
Antúnez, escuelita rural en donde recibía mis clases. Por la tarde regresaba
Radio Coral. Son inolvidables aquellas sesiones de poesía, que nos hacían soñar
a tanto a hombres como a mujeres de muchas maneras. El ritmo de los contagiosos
cortes amenizados con música popular cubana ya fuera del ayer o de los momentos
que corrían.
Muchas
veces estuve fuera de Guamá por largas temporadas. Así descubrí los que
diferenciaba a una emisora de alcance nacional o provincial a una local.
Extrañaba la Sierra
y la musicalidad con la que abría la planta, de ese sonido autóctono que
identificaba a mi municipio adoptivo aunque fuese natal de otro. Fui haciéndome
con aquellas señales conciencia de que cada pedacito de esta isla caribeña
tiene sus tradiciones y valores. A pesar de estos conocimientos y descuido por
poner el interés en otras cosas me fui desconectando de la radio guaménse. Esta
desconexión fue más completa con la poca venta de radiorreceptores que ha
estado en aumento desde la primera y segunda década del recién iniciado siglo
XXI. Ahora, luego de tantas largas historias en mi vida, la universidad y otras
cuestiones menos importantes he logrado la reconexión. Ya tengo el placer de
dialogar con Radio Coral en las figuras de Benigno Rodríguez Torres, del Elías,
de los locutores Carlos Antonio Mesa y Aneidis Argüelles ambos Gutiérrez, de la
jefa de programación Rebeca Martínez, de Francisco Javier Millares (Franc), de
Celia, de Yolandita, casa radial que oficialmente digo admiro. Grandioso ha
sido redescubrir esta institución insustituible de mi pueblo y acercarme al
departamento periodístico donde he encontrado el apoyo necesario para llevar a
cabo este vicio que tengo, el de escribir. Ante los efectos legales de esta
sociedad soy nomás que un licenciado en Educación dentro de la categoría de la Historia y de las
Humanidades pero cuando comparto, en especial con Rodríguez Torres aquí y con
Arnoldo Fernández allá en el Contramaestre sobre las cuestiones de periodismo, de
sus funciones a favor del pueblo, del mundo maravilloso que es, me enorgullece
la aspiración que tengo de sentirme el periodista con título que no soy y llevo
dentro. Ya no soy, aunque quiera mantenerme al margen, un oyente más de la
emisora en las diferentes direcciones geográficas designadas a ella. Soy más.
Hijo pródigo de una madre a la que he vuelto estrechando lazos con la que me
hizo soñar por los oídos cuando era un chama transmitiéndome cultura e
identidad, por qué no.
**Para leer más archivos en este blog, ir
al final de la página y hacer clic en Entradas Antiguas**
Nota del Editor.
lunes, 19 de marzo de 2018
Joven pareja guamense en la vida y en el arte.
| Istructores de Arte guamenses(Cuba) |
A
Ironel le encanta la guitarra. Quienes lo conocen y tienen el placer de habitar
el mismo espacio que él, pueden dar fe de que en cualquier esquina de la
escuela mientras no tenga algún turno de clases o con la libreta de incidencias
no esté de guardia, siempre está ensayando sus acordes o con las unidades de
estudiantes armado de bongó, claves y maracas. Como amigo es excepcional. Algo que
completa su espiritualidad. Valor que considero no debe faltar en las personas
que se dedican a cultivar la sensibilidad de los demás. Es un cubano que
defiende su identidad a capa y espada, aspecto por lo cual le admiro. Se
identifica con grandes de la trova como el gran Pepe Sánchez, el sonero
Francisco Repilado (Compay Segundo) o las canciones del mítico Trío Matamoros
María
Ofelia, MaO para los amigos, posee un alma transparente. Su afición por el
teatro, las obras costumbristas y para los niños la hacen parecer una aunque ya
tenga sobre su espalda casi los treinta. Sus conversaciones son dulces, su cara
(y que el esposo no se ponga celoso), se asemeja a la belleza de la luna llena.
Los títeres que ella manufactura con materiales que tiene a mano son sus otros
hijos. Testigo he sido con el cariño y ternura de madre con el cual los trata. La
dicha de conocerla me llega desde aquellos años en el que era un propio
estudiante de la Ciro y ya ella terminaba el noveno grado.
Ya
son varias las generaciones, podemos decir, a pesar de ser ambos graduados no
hace mucho tiempo que se han servido de la sabiduría artística que destilan, ya
sea en la docencia o en los números que frecuentemente preparan. Tienen el
punto exacto para ganarse la confianza de aquellos adolescentes que apuestan
dejarse llevar por el arte. Los comparo con sembradores de buenas semillas.
Depende luego de la tierra que cada cual tenga para dejarse la semilla dentro y
guardarse la esperanza, el buen recuerdo y lo bien aprendido.
Visito la casita de ambos de vez en cuando. Allá cambian las cosas un
poco. Desconectan de la escuela para volverse a los avatares en el mundo que
suele tornarse el hogar. Ella a los quehaceres ayudada por Adriana; él suelta
la guitarra para convertirse en el aclamado barbero del barrio.
Con
los elencos formados por Ironel Moreno y María Ofelia Delgado Domínguez se ha
actuado en comunidades diversas del extenso municipio como lo son el poblado de
El Francés y Bahía Larga respectivamente. En el primero actuando en la Villa
Turquino; en el segundo algunos que otros sábados juveniles en la plaza de la
localidad. El pueblo humilde que habita aquí en la Sierra los ha aplaudido y,
también doy fe que, por donde quiera que pasan, dejan una huella en el corazón
y el recuerdo.
Ojalá que muchos supuestos ´´instructores´´ de arte fuesen como ellos,
que sienten en los poros su trabajo tal si fuera el aire necesitado para
respirar. Unidos constituyen un digno ejemplo y desde El Cubo… quiero
brindarles este sencillo y modesto homenaje.
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Nota del Editor.
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