Mostrando entradas con la etiqueta cubano. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta cubano. Mostrar todas las entradas

miércoles, 4 de septiembre de 2019

Soy cubano: ¿ qué otra bendición más grande pudiera tener ?




El Editor de este Blog frenta a un dibujo de la bandera cubana
Nací el 21 de noviembre de 1990 en una isla asediada desde hace mucho tiempo por un poderoso gigante llamado “imperialismo” y mis primeros meses de vida fueron donde un viejo mambí de 1895 se paró en medio de la valla y con las venas airadas llenas de valentía gritó a los cuatro vientos que ya era hora de que no fueran los gallos, sino los hombres, que luchasen por la libertad de Cuba. Vivo a los 28 todavía en esta tierra caliente que se hace llamar Santiago de Cuba y que en momentos más recientes se manchara con la sangre de los jóvenes insurgentes la ciudad homónima que le da nombre, luchando contra el mal llamado “guajirito de Banes”.

Aquí dicha tierra tiembla de vez en vez para decirnos que es terreno vivo y la gente que la habitamos somos miel cuando vienen a nosotros en son de paz e hiel cuando nos agreden y quieren pisotearnos. En estos lares nació la Revolución que nos sostiene: no por gusto tenemos la dicha de tener al Moncada y la vergüenza en las enseñanzas de Martí y Fidel, de un Pico Real del Turquino quien sintió los balazos en sus faldas a fines de los cincuenta, de los amaneceres, al menos en tierra guamense, cerca del azul Mar Caribe.

Bloqueado por los yankis o viendo que no tengo nada del primer mundo para vivir, soy cubano orgulloso con un espíritu curtido en deseos de seguir viviendo, orgulloso de poseer la bandera más linda del mundo, de que por toda la geografía de la que soy parte, hallan cientos de palmas que hablen de qué tamaño es nuestra dignidad, de que nadie pueda quitarme los sueños o el aire que respiro y eso sea algo que no tiene precio. Por el momento sigo dejando señales en este blog y quizás no sean supertextos al estilo de grandes intelectuales pero son luces de mi pensamiento ante la rutina diaria.    

miércoles, 24 de octubre de 2018

Crónica del pescador



El mar junto a las montañas de Guamá, antes de anochecer
El mar en las noches ya no es azul. Es como un abismo hecho de agua que trae como recompensa muchas cosas buenas y eso el pescador lo sabe. A la orilla lo espera su compañero de viaje junto al bote pero antes, al atardecer, prepara un beso para la esposa e hijos mientras ésta le prepara la merienda de medianoche y una botella de café. La noche se enciende. Los chicos juegan a las escondidas. Una brisa que viene de la costa le anuncia: es la hora de partir. El beso es dado. Calzado de unas buenas botas se aleja. Saluda a algunos vecinos que lo conocen desde que tiene uso de memoria. Camina a lo más dos kilómetros hasta que cruza la carretera para al fin llegar a orillas del abismo.

Ya son tantos los años que lleva pescando que el olor a salitre es fragancia. El sonido de las olas que vienen y van nunca llegarán a asustarlo como aquella primera vez que el viejo lo trajo cuando adolescente. Por aquel entonces a la madre no le gustaba la idea pero desde la muerte del viejo, la vida le dio un giro de muchos grados. El Pepe siente los pasos. Ya desamarra el bote del pequeño embarcadero. Se voltea y lo ve sonreír. El pescador y el Pepe son buenos amigos desde la infancia. Al Pepe no le gustaba para nada el mar. El pescador fue convenciéndolo poco a poco y ya son una tonga de meses juntos. No hay nadie ni amigos que se confíen como lo hacen ambos.

Después del apretón de manos, saludar a los otros que también se preparan  y tirar la mochila en el bote, ambos empujan la embarcación mar adentro, se montan y, como buscando algo, empiezan a remar hasta que las luces de las casas en la costa son puntitos al igual que las estrellas en lo alto del firmamento. A veces el pescador imagina cómo fuese la vida si no existiese Tierra. Recuerda así una película, de esas americanas, en la que pasa algo de parecido.

Sin mucho que decir tiran ambos las redes al agua. El pescador y el Pepe toman durante la noche algunos tragos de café. Para matar el frío el Pepe saca una cajetilla chamuscada con dos o tres cigarros envuelta esta en pedazo de nylon para que no mojen y le brinda uno a su compañero. Mientras fuman la redes se mueven. Ahí vienen los primeros peces, advierte el pecador. Al lado las cajas para echar la mercancía. Uno ayudado por el segundo empieza a subir la red. Pesa algo, dice el Pepe, Hoy si que nos las pusimos. Los peces ya se ven. Tal parece que saben el final. A la luz de la lámpara china brillan como pidiéndole al destino otra oportunidad.

Con sus manos diestras el pescador los saca de la red y los va tirando a la caja. Mañana de seguro que los chicos se divierten de lo lindo comiéndose sus filetes con su punto de limón mientra la madre les dice que se cuiden de las espinas. La escena se repite varias veces. Los años en el trabajo han fortalecido sus brazos. Los brazos de pescador tienen que así pero la cosa no es de ahora para ahorita. El hábito hace al monje.

Las cajas repletas hacen que los pescados atrapados en la madrugada ya no tengan espacio y que estos se resbalen cayendo al piso del bote. Ya tenemos pa´ dos o tres dias, comenta el Pepe. El mar es una bendición de Dios, piensa el pescador. Dentro de algunas horas empezará a despertar el nuevo día. Ya va siendo tiempo de regresar a la base. Uno rema unos kilómetros. El otro, los restantes. Llegan cuando algunos de los demás botes también vienen entrando. El guardia, que igual ha tenido su faena cuidando el área durante la noche los recibe soñoliento. No hay dúo como el de ustedes dos, les grita. Matrimoniados hasta la muerte, responde el pescador soltando luego una carcajada. Sabe que al Pepe no le gustan esos jueguitos y la cara de este se pone seria.

El pescado recolectado le brinda a las familias del pescador y del Pepe respectivamente un almuerzo bien a la costera mientras que la otra parte la venden y así recaudar algo para comprar las cosas de sus respectivos hogares. En la casa lo reciben los chicos que ya se alistan para la escuela mientras la mujer le tiene caliente el agua. El pescador dormirá hasta las once. Vendrá a recogerlo el Pepe entonces. Tienen que mover la mercancía para luego dedicarse al mantenimiento del bote. Su nave, aquella con la que desafía el abismo acuatico en las noches, tiene que estar al cien.               

lunes, 4 de junio de 2018

Cañizo, el barrio donde vivo.




Mapa de Cuba oriental donde queda el barrio rural de Cañizo
Si a través de un satélite se observara más de cerca el área geográfica suroriental de Cuba correspondiente al municipio donde resido (Guamá), se puede ver que todo el litoral está habitado y en él se asientan diferentes jurisdicciones rurales concentradas principalmente a orillas de la carretera que atraviesa la Sierra Maestra desde Santiago de Cuba en dirección a Pilón, localidad ubicada en la hermana provincia de Granma.
Cañizo es uno de estos barrios (fotografía 1) y sobre el por qué de este nombre  existen dos hipótesis. La primera no las ofrece Clara Duany, maestra y vecina del lugar. Dice ésta que en los tiempos fundacionales unos de los primeros vecinos era un hombre de apellido Cañizares. La segunda afirma en que cerca del puente que tenemos existía una laguna llena de caña cañiza de las que los más chicos sacaban sus güines para armar papalotes y cometas.
Resido aquí permanentemente desde los doce años con excepción de las temporadas en las que retorno al Baire natal para pasar algunos días de vacaciones. Poseemos un riachuelo que tiene como nombre el del pueblo y que divide el núcleo poblacional en dos. Se puede decir entonces de un Cañizo Este en el que se encuentran la bodega, la escuela primaria, la gastronomía y una extensa área residencial , y un Cañizo Oeste donde se enclava el Consultorio Médico de la Familia y otra gran arteria de viviendas. La población de Cañizo es heterogénea atendiendo a su composición que no es más que la mezcla que conforma casi toda la Isla: díganse la fusión de españoles, africanos y otras etnias. El pueblecito pertenece al Consejo Popular de Caletón Blanco, uno de los tantos en los cuales se divide la administración del municipio.
Abundan, como es lógico y característico de su espacio geográfico, los campesinos en las montañas que siembran para poder subsistir tubérculos como la yuca y boniato, legumbres como frijoles y habichuelas, frutas como la fruta bomba y el mango tropical muy diseminado en la región junto al anón y el anoncillo. También el cañicero cría ganado de diferentes especies como el vacuno, ovino y caprino.
La gente residente en Cañizo posee un carácter jovial y alegre. Otra actividad que desarrollan los locales es la fabricación de escobas, cepillos de lavar, trapeadores que un vez elaborados son vendidos preferiblemente en la ciudad de Santiago donde se compran artículos y alimentos de primera necesidad como lo son de aseo personal, arroz, productos cárnicos y otros que ayudan a balancear la dieta de los pobladores .
Una vista del río Cañizo que desciende de las montañas orientales
La naturaleza de Cañizo juega un perfecto contraste al estar enclavado en medio de la Sierra Maestra, conocida en la Isla por su diversificación en cuanto flora y fauna. Se pueden encontrar en las lomas que nos pertenecen el tocororo  ave nacional y muchos ejemplares de mamíferos como la jutía conga. El riachuelo se mantiene en su recta final la mayor parte del año sin agua mientras que unos cuantos kilómetros arriba mantiene su cauce. Por esas vueltas se encuentra la caja de agua que nos abastece y del lado de abajo bien conocidas nombradas pocetas como la Poza del Hombre, la de Encarnita, y la de Luz Marina. En ellas, cuando los tiempos de lluvia limpian sus lechos, es muy gratificante nadar y hacer turismo en sus alrededores. Por lo general quienes lo hacen, cargan unos cuantos mangos en una javita de nylon o internándose en el monte empiezan a recolectar anones maduros o marañones cuidándose, claro está, de las avispas que cualquiera puede hallarse y, con el susto, paticas para qué las tengo corriendo loma abajo. 
A pesar de las consecuencias dañinas para la salud que supone el consumo de alcohol, este renglón forma eslabón inseparable de la cultura cañicera. Las noches se encienden en el ranchón particular que tenemos con las ventas de cervezas, rones y comidas. No será el espectáculo al ritmo de la vida nocturna santiaguera pero son las cosas que poseemos. De vez en cuando el mismo ranchón alquila un DJ local para que la música cambie un poco el panorama. 
La música preferida de las fiestas cañiceras varía según los gustos. En el ranchón se presenta un grupo local llamado Mathew (al cual no he tenido todavía el honor de fotografiarlo), haciéndole los honores al huracán que recientemente pasó por la Isla y que nos dejó a unos cuantos lugareños sin techo. Hay quienes incrédulos no confían en la capacidad artística que tiene el mencionado grupo. Otros con canequita en mano se ripian con el chiquichí chiquichá que le sacan a los modestos instrumentos.
En las noches cuando la mayoría está de parrandas, otros prefieran la tranquilidad de las playas y múcaras. Allí desempacan de sus viejas mochilas anzuelos y cordeles para pescar. Actividad que practican hasta bien entrada la madrugada. No les falta tampoco un pomito plástico con café o con refresco de cualquiera de las frutas que antes mencionamos para la merienda ni las cajetillas de cigarros para ´´matar´´ al frío. Pocas veces van solos. Genial es ir acompañado. Así se forman competencias para ver quien coge más. Los mechones atraen a cuanto espécimen merodea listos algunos para ser al día siguiente parte fundamental del almuerzo en algunos hogares cañiceros. 
Los jóvenes de Cañizo como embelezados por el ritmo disfrutan al máximo del reguetón. No estoy en contra. Sí de la música chabacana y sucia que no nos aporta nada y los convierte en estúpidos consumidores de esa droga que entra por los oídos y que tiene como resultado la idiotez e ignorancia. Otro fenómeno cultural en la juventud cañicera es ese ´´amor´´ por el fútbol, ´´-diría  yo para ordenar las palabras y no ser grosero-, y que los hace amantes incondicionales del Barça y del Real Madrid aunque nada tengan que ver con la geografía cubana. Confieso que a veces mi padre haciendo despotismo me ha hecho tragarme algunos partidos del más universal de los deportes y a la larga no tengo nada en contra pero los chamas que sienten ´´orgullo´´ por jugadores que ni siquiera imaginan que ellos existen las aristas que los identifican como cubanos ni las miran.

En los primeros meses del año por su posición, llegan a Cañizo los vientos del norte. Los más chicos entonces con materiales que tengan a la mano arman sus cometas que vuelan por todo el pueblo. Cuando termina la temporada, aunque no sea correcto, pueden verse colgados y enredados en los tendidos eléctricos restos de esos papalotes. Otro de los juegos viene después de los torrenciales perdidos entre marzo y abril. Con ellos la señal al cangrejo rojo que habita en nuestros lomeríos está dada para que bajen al mar a depositar la próxima generación. Los más chicos ignorando el ciclo sagrado utilizando hilos de sacos sacrifican unos cuantos ejemplares para divertirse en sus ratos libres. Se les pude ver entonces que andan para arriba y para abajo mostrando las tenazas que levantan para aquí y para allá. (Yo odiaba las temporadas del cangrejo rojo que venían años tras años. Nunca jugué con ninguno y tampoco dejaba cuando niño de tener pesadillas con la espeluznante idea de encontrarme uno en mi cama). A los muchachos de mi barrio también les gusta la costa. En los tiempos estivales pueden oírse el regaño de los padres cuando los hijos llegan a casa con la cara completamente tostada del sol que raja las piedras sobre todos los mediodías.
En Cañizo hay temporadas que la comidilla del día es el tema del agua. El pueblo sufre, como todos los demás barrios de Guamá y del país completo, las condiciones desfavorables de pocas lluvias en largos espacios durante el año. Es por eso muy llamativo que cuando dicen los aguaceros a caer el paisaje se viste de verde llenando de vida toda la geografía cañicera. Cuando deja de hacerlo y ese mismo viento norte utilizado en volar papalotes aparece, la hierba muere rápidamente por la sequedad del terreno y el hostigamiento del sol. Entonces las praderas coronan al color amarillo.  




La religión de sentirse cubano: apuntes.




Símbolos que nos identifican como cubanos
Conversaba no hace mucho tiempo con un portugués de visita por primera vez en la Isla, residente éste en la República Francesa donde está casado y trabaja. Su castellano no muy claro que digamos pero había muchas cosas de nuestro idioma que decía y entendía a la perfección. Yo, modesto cubano al fin, guajiro universitario que vive en la Sierra Maestra, sacando a relucir un poquito de mi riqueza espiritual, empecé a hablarle lo que significa vivir en Cuba en cuanto a nuestra identidad cultural se refiere y, al pensar que no podría del todo entender aquello que quería que aprendiese, para mostrarle el origen de nuestro pueblo actual, tomé el recipiente que llevaba en la mano, lo destapé y le dije:
–Mira, reúnes a un español, a un aborigen y a un africano. Lo echas aquí, –señalé con el dedo al recipiente –cierras y lo remueves. La mezcla que sale, ese es el cubano.
El portugués quizás no me entendió o sonrió por mi ocurrencia. Pero, ¿qué significa ser hijo de la mayor de las Antillas en estos tiempos entre los tantos retos de los habitantes de un país, que, observando las cosas que se mueven en el Orbe, tienen que elegir a veces entre quedarse o irse para mejorar económicamente en tierras extranjeras en muchos de los casos?
Ser de donde vivió el hombre sincero, del reino en el que se forjaron las piernas guerrilleras de otros tantos, no considero que sea una coincidencia para mí ni muchos menos una deshonra cuando nunca en mi vida he tenido juntos en mis manos la mínima suma de tan siquiera cuatro mil pesos moneda nacional. Más bien es un honor de ser partícipe entre los once millones y un tantico que somos sobre la faz de la tierra. (Lucharla todos los días no es un castigo; lucharla es una lección de vida que no solo la tenemos los cubanos y maravilloso es cuando después de tanto meditar el día menos pensado lo entiendes de buenas a primera).
El cubano puede tener una mansión con las mejores vistas en ciudades tan populares como Roma, París, Nueva York, Tokio, Londres pero cubano puro al fin echará de menos a Santiago, Camagüey, Trinidad. Ser cubano es llevar en la sangre el gen caribeño donde quiera que se esté, así sea en una cabaña futurista en el planeta Marte. Seguro estoy que si hubiesen sido cubanos los gladiadores en el antiguo coliseo, los leones no saldrían de sus jaulas ni amarrados por las bolas. Hubo pueblos que han sido arrasados y olvidados por la historia; no pasará lo mismo con los hijos de Martí porque el espíritu impregnado en los guerreros que somos es más que una potente fuerza.
(Vivimos en una isla donde jornada a jornada los padres de familia piensan por los suyos. La gente sale a la calle a batallar, a ejercitar su mente para que la valentía se les alimente y encontrar motivos para levantarse, para no dejarse caer vencido cuando los ánimos pierden el ánimo).  
El nativo siente cuando es  extranjero que le falta el sol del Caribe, que el paladar le pide a gritos el café colado casi al lado de la planta del cafeto sin intermediarios, no aquel capuchino exprés que le venden en una tienda; siente que los cigarrillos locales no tienen el mismo sabor que los de la Tierra Prometida tocados con el rocío de la mañana. La música tocada en los espacios que visita no destila magia si no se les canta un auténtico son acompañada de unas buenas maracas, guitarra y tres, del tambor con la piel del chivo y unos buenos bailadores que se muevan a lo cubano. Si los japoneses con una lengua tan diferente son capaces de gozar con nuestra cultura, ¿qué cubano no se estremece al escuchar en aquellas comarcas del oriente al son de Matamoros, Compay Segundo y otros tantos?
¿Por qué ser cubano es una religión?
Hay elementos que nos igualan, es verdad; la raza humana es una sola, pero cada grupo humano a partir de sus orígenes tienen sus particularidades. Era inevitable que aquellos españoles del siglo XVI con sus ganas, unidos quedasen a los africanos e indígenas y aquellos mestizos resultantes identificándose con el suelo que pisaban, empezáramos a creernos, a  sentirnos una nueva especie acabada de salir de las manos divinas.
El gran templo natural de esta religión, la de sentirse cubano, son los 109 884,01 km² que tiene este caimán dormido en el medio de las dos Américas. No hay dioses que seguir (solamente uno). Los decorados son de palmas reales y aves de todo tipo que en las serranías elevan su canto en los amaneceres. El extenso techo azul por el día, con su dorada lumbrera que lo atraviesa a la mitad de este a oeste, inspira a unos cuantos devotos que trabajan desde la madrugada y con la oración del ´´azadón nuestro de cada día´´ piden a la madre naturaleza que los bendiga con sus frutos. No faltan en el extenso techo azul del templo estrellas y lunas llenas para la guajira hermosa que adornada con flor recién cortada alegra al esposo cuando éste llega al bohío vencido por el cansancio pero gozoso de haber estado el día con oración en mano.
Para guiarnos dentro de este gran templo tenemos las ideas del más universal de todos nosotros para comenzar (aunque también de su tiempo se destaquen otras personalidades); tenemos intelectuales recientes que sienten en su piel la genial suerte de haber nacido aquí y no en ninguno de los otros puntos cardinales; tenemos la convicción y eso nos hace ser príncipes de nuestro destino.
La religión de sentirse cubano no es algo que nos haga olvidar de las cosas que carecemos y por eso tengamos argumentos para echarnos a llorar; la religión de sentirse cubano es darle valor a nuestras raíces, a lo que tenemos; es vivir frente al mundo sin vacilar que somos un pueblo sinónimo de resistencia; es creer, creer y volver a creer en cada generación y no importa la década ni el siglo: siempre seremos mambises, siempre rebeldes por las causas justas.


           

lunes, 26 de marzo de 2018

Impresiones y recuerdos sobre Radio Coral




Cartel que representa la emisora junto a nuestra bandera.
Fotografía tomada de Radio Cubana.
   Papá se levantaba primero. Encendía el fogón y entre la misión de colar café y hervir la leche conectaba el radiorreceptor Siboney en medio de la madrugada a punto de morir. Yo me despertaba inevitablemente con su trajinar, pero remolón, esperaba a que me llamara. A las seis y media de la mañana los 1190 kilogers de amplitud modulada, eran invadidos por la señal de un…Desde la cordillera de la Sierra Maestra, Radio Coral, tan alta como el Turquino, Guamá, Cuba…El viejo entonces me daba el de pié. Después, algo adormecido salía afuera para la primera meada de la jornada y mientras veía las lomas e imaginaba cuantos bichos y animales despertaban en la manigua, la voz del Onelio, la de Dailín Salazar, la del Benigno y de el Elías y la de Eliecer Joubert Roblejo en las deportivas, me acompañaban. Era como si los tuviese sentados a todos para tomarse un buchito de café acabadito de bajar en la sala de mi casa. Aún estaba lejos de conocer a algunos de ellos personalmente, hecho que ocurriría con el transcurrir de los años. Por aquellos días finales de los noventa del siglo XX cursaba mis estudios en la enseñanza primaria. Recuerdo especialmente que esperaba con gran interés la sección en la que hablaba un campesino de nombre Comparsa sobre los problemas que afectaban directamente a la población, personaje creado por Rodríguez Torres quién una vez, en conversaciones sostenidas con él, me contó en exclusivas las peripecias con la que armaba la obra.
   A las siete y media por aquel entonces cesaban las transmisiones y yo partía hacia la Arquímedes Colina Antúnez, escuelita rural en donde recibía mis clases. Por la tarde regresaba Radio Coral. Son inolvidables aquellas sesiones de poesía, que nos hacían soñar a tanto a hombres como a mujeres de muchas maneras. El ritmo de los contagiosos cortes amenizados con música popular cubana ya fuera del ayer o de los momentos que corrían.
   Muchas veces estuve fuera de Guamá por largas temporadas. Así descubrí los que diferenciaba a una emisora de alcance nacional o provincial a una local. Extrañaba la Sierra y la musicalidad con la que abría la planta, de ese sonido autóctono que identificaba a mi municipio adoptivo aunque fuese natal de otro. Fui haciéndome con aquellas señales conciencia de que cada pedacito de esta isla caribeña tiene sus tradiciones y valores. A pesar de estos conocimientos y descuido por poner el interés en otras cosas me fui desconectando de la radio guaménse. Esta desconexión fue más completa con la poca venta de radiorreceptores que ha estado en aumento desde la primera y segunda década del recién iniciado siglo XXI. Ahora, luego de tantas largas historias en mi vida, la universidad y otras cuestiones menos importantes he logrado la reconexión. Ya tengo el placer de dialogar con Radio Coral en las figuras de Benigno Rodríguez Torres, del Elías, de los locutores Carlos Antonio Mesa y Aneidis Argüelles ambos Gutiérrez, de la jefa de programación Rebeca Martínez, de Francisco Javier Millares (Franc), de Celia, de Yolandita, casa radial que oficialmente digo admiro. Grandioso ha sido redescubrir esta institución insustituible de mi pueblo y acercarme al departamento periodístico donde he encontrado el apoyo necesario para llevar a cabo este vicio que tengo, el de escribir. Ante los efectos legales de esta sociedad soy nomás que un licenciado en Educación dentro de la categoría de la Historia y de las Humanidades pero cuando comparto, en especial con Rodríguez Torres aquí y con Arnoldo Fernández allá en el Contramaestre sobre las cuestiones de periodismo, de sus funciones a favor del pueblo, del mundo maravilloso que es, me enorgullece la aspiración que tengo de sentirme el periodista con título que no soy y llevo dentro. Ya no soy, aunque quiera mantenerme al margen, un oyente más de la emisora en las diferentes direcciones geográficas designadas a ella. Soy más. Hijo pródigo de una madre a la que he vuelto estrechando lazos con la que me hizo soñar por los oídos cuando era un chama transmitiéndome cultura e identidad, por qué no.                

**Para leer más archivos en este blog, ir al final de la página y hacer clic en Entradas Antiguas**
                        Nota del Editor.       

lunes, 19 de marzo de 2018

Joven pareja guamense en la vida y en el arte.



Istructores de Arte guamenses(Cuba)
Los jóvenes en la instantánea (Ironel Moreno y María Ofelia Delgado), son dos talentosos instructores de arte que viven, sueñan y hacen su trabajo en la escuela secundaria básica urbana Ciro Redondo García de este montañoso municipio Guamá de Santiago de Cuba. Pertenecen a la ´´Brigada José Martí´´ que en toda Cuba llevan a los estudiantes y pueblo en general la cultura en sus diferentes manifestaciones como las son propiamente el teatro, la música, la danza y las artes plásticas. He tenido la maravillosa suerte de una forma u otra estar cerca de ambos. La primera vez cuando cursaba mi época de prácticas en mi cuarto y quinto año de la Universidad de Ciencias Pedagógicas Frank País; luego ya como docente egresado en mi segundo curso. Están unidos en el amor. Comparten entonces trabajo durante ocho largas horas para por las tardes compartir las restantes en el cuidado y educación de sus pequeños César y Adriana entre otras cosas. Tras meses de insistencia para conseguir una fotografía en las que estuvieran, fue muy grato encontrarla como la deseaba y en el lugar menos pensado.
   A Ironel le encanta la guitarra. Quienes lo conocen y tienen el placer de habitar el mismo espacio que él, pueden dar fe de que en cualquier esquina de la escuela mientras no tenga algún turno de clases o con la libreta de incidencias no esté de guardia, siempre está ensayando sus acordes o con las unidades de estudiantes armado de bongó, claves y maracas. Como amigo es excepcional. Algo que completa su espiritualidad. Valor que considero no debe faltar en las personas que se dedican a cultivar la sensibilidad de los demás. Es un cubano que defiende su identidad a capa y espada, aspecto por lo cual le admiro. Se identifica con grandes de la trova como el gran Pepe Sánchez, el sonero Francisco Repilado (Compay Segundo) o las canciones del mítico Trío Matamoros
   María Ofelia, MaO para los amigos, posee un alma transparente. Su afición por el teatro, las obras costumbristas y para los niños la hacen parecer una aunque ya tenga sobre su espalda casi los treinta. Sus conversaciones son dulces, su cara (y que el esposo no se ponga celoso), se asemeja a la belleza de la luna llena. Los títeres que ella manufactura con materiales que tiene a mano son sus otros hijos. Testigo he sido con el cariño y ternura de madre con el cual los trata. La dicha de conocerla me llega desde aquellos años en el que era un propio estudiante de la Ciro y ya ella terminaba el noveno grado.
  Ya son varias las generaciones, podemos decir, a pesar de ser ambos graduados no hace mucho tiempo que se han servido de la sabiduría artística que destilan, ya sea en la docencia o en los números que frecuentemente preparan. Tienen el punto exacto para ganarse la confianza de aquellos adolescentes que apuestan dejarse llevar por el arte. Los comparo con sembradores de buenas semillas. Depende luego de la tierra que cada cual tenga para dejarse la semilla dentro y guardarse la esperanza, el buen recuerdo y lo bien aprendido.
   Visito la casita de ambos de vez en cuando. Allá cambian las cosas un poco. Desconectan de la escuela para volverse a los avatares en el mundo que suele tornarse el hogar. Ella a los quehaceres ayudada por Adriana; él suelta la guitarra para convertirse en el aclamado barbero del barrio.
   Con los elencos formados por Ironel Moreno y María Ofelia Delgado Domínguez se ha actuado en comunidades diversas del extenso municipio como lo son el poblado de El Francés y Bahía Larga respectivamente. En el primero actuando en la Villa Turquino; en el segundo algunos que otros sábados juveniles en la plaza de la localidad. El pueblo humilde que habita aquí en la Sierra los ha aplaudido y, también doy fe que, por donde quiera que pasan, dejan una huella en el corazón y el recuerdo.
   Ojalá que muchos supuestos ´´instructores´´ de arte fuesen como ellos, que sienten en los poros su trabajo tal si fuera el aire necesitado para respirar. Unidos constituyen un digno ejemplo y desde El Cubo… quiero brindarles este sencillo y modesto homenaje.

**Para leer más archivos en este blog, ir al final de la página y hacer clic en Entradas Antiguas**
                          Nota del Editor.         
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...