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martes, 15 de octubre de 2019

Un artefacto bien guajiro que todavía se niega desaparecer...



El fogón de Mamá Flora en plena Sierra Maestra
Las comodidades traídas con la llamada Revolución Energética a principios de este siglo en Cuba estuvieron acompañadas de la desaparición de muchos de los hogares cubanos del denominado fogón de leña. Miles de familias se acogieron a las ollas y hornillas eléctricas y las formas de elaborar los alimentos fueron otras.

Ya en estos tiempos es difícil ver elevarse desde muchas de las anónimas cocinas criollas el humo hacia el firmamento como en antaño, muy común a finales de los noventa cuando todavía era yo aquel niño al que le gustaba ir a mataperrear con los demás chicos por el barrio o cruzaba el límite de los extintos naranjales del Contramaestre para degustar la extrañada fruta.

Pero también es un hecho de que los fogones persisten, al menos a lo largo y ancho de este montañoso municipio cubano que es Guamá. Aquí la gente los conserva como un verdadero fósil viviente que aun resiste a morir del todo y en el que cada mañana los más viejos hacen sobre todo su traguito de café, hierven sus viandas o sencillamente cocinan el alimento a los puercos.

El Fogón de Mamá Flora mientras hierve unos plátanos
El de estas fotografías ha dejado de prenderse pocas veces en lo mas de cuarenta años que tiene armado y quizás deje de hacerlo el día en que su dueña ya próxima a las ocho décadas deje de respirar. La señora dice que los cachivaches electrónicos tienen mucho que envidiarle al abuelo fogón, que no hay como sus llamas para ganarle tiempo al tiempo a la hora de cocinar las cosas.


También dice que sin su fogón de leña su vida no estaría completa. Nada: un artefacto bien guajiro que todavía se niega a desaparecer y que los habitantes longevos aman demasiado como para dejarlo ser solo un recuerdo que algunas vez cuenten a los mas jóvenes.

viernes, 10 de agosto de 2018

Personajes Guamenses: Eliecer Joubert Roblejo: el deporte y la radio en un mismo corazón.




El entrevistado. 28 de mayo de 2017 en Uvero. Aniversario 60 del combate

-Todo en la vida tiene un origen. ¿Cuál es el de que te interesaras en realizar largas caminatas y cuándo hiciste la primera?

-Mi historia, en esto de las caminatas, comenzó luego de retirarme del deporte activo entre 1993 o 1994. Yo fui atleta, corredor de cinco mil y diez mil metros planos respectivamente y tuve la oportunidad de representar a Cuba en diferentes países del mundo. Ya en 1995 inicié mi primera caminata desde el Pico Turquino hasta el cementerio de Santa Ifigenia en Santiago de Cuba en ocasión de un aniversario más de los Comités de Defensa de la Revolución. Nunca me ha  gustado quedarme sentado en un rincón sin hacer nada. Ya no estaba en el deporte oficialmente y quería darle otro sentido a mi vida. Ese fue resumidamente el origen de que empezara las caminatas.

-¿Tardaste mucho en realizar otras después de aquella? ¿Cuáles recuerdas en estos momentos que han sido relevantes?

Quedé emocionado de los resultados de la primera. Fue realmente una hazaña. Claro que seguí y no tardé en seguir haciéndolas. Luego vino un período que incluyen dos que hice desde Santiago hasta Las Coloradas, en Niquero, Granma, en saludo a los aniversarios del Granma 39 y 40 respectivamente. La primera cumplió su itinerario por la carretera central, es decir Santiago de Cuba, Palma Soriano, Contramaestre, Bayamo, Manzanillo, Niquero Las Coloradas y la segunda, Chivirico, La alcarraza, Guisa, otra vez Bayamo y Manzanillo, hasta llegar a Las Coloradas. Luego le siguieron una serie de caminatas importantes hasta completar un número de 22. Otra relevante fue aquella cuando el aniversario 40 de Radio Rebelde donde tuve la oportunidad de caminar las cinco provincias orientales, es decir, por las corresponsalías que tuvo la emisora durante la guerra. Alrededor de 600 kilómetros y la finalicé en Palma Soriano. Ésta  tuve la oportunidad de hacerla en compañía de un combatiente del Ejército Rebelde, de apellido Arroyo: una persona pasada los cincuenta años. Yo tenía alrededor de unos 43. Este combatiente reside en la zona de Cañizo, en las cercanías de Caletón Blanco. Su nombre completo es Orlando Arroyo. Luego realicé una hasta la provincia de Las Tunas a través de las montañas con un destacado deportista de futbol, que hoy reside en Martinica, Armelio Luis Garcia, que estuvo 15 años en el equipo nacional y que viajó por distintos países como representante del Fútbol Cubano. Otra que movió mi espíritu de verdadera emoción fue la que realicé en ocasión del 70 cumpleaños de nuestro invicto líder Fidel Castro, desde el pico Turquino hasta Birán, Cueto, provincia de Holguín. También hice otra cuando la ciudad primada de nuestra isla, Baracoa, cumplió sus quinientos años. Tuve en esta intensa alegría. La realicé hace cinco años desde este poblado de Chivirico y estuve diez días caminando. Es decir: Chivirico-Caletón, Caletón-Santiago, Santiago-La Maya, La Maya-Guantánamo, Guantánamo-Yateritas, Yateritas-San Antonio del Sur, San Antonio del Sur-La farola, La farola-Baracoa, llegando un día antes de la celebración. Tuve el apoyo total del Primer Secretario de la provincia guantanamera y del gobierno, apoyo especial del INDER tanto como de Guamá como de Guantánamo y la caminata más reciente fue en ocasión de cumplirse seis meses de la desaparición física de Fidel. Salí del monolito que guarda sus cenizas el 25 de mayo y la extendí hasta el Uvero concluyendo el día 28 (en la imagen de portada de este trabajo), cuando se cumplieron los sesenta años del combate que a decir del Che, marcó la mayoría de edad del Ejército Rebelde. Aproveché la ocasión igualmente para saludar el aniversario 22 de la emisora Radio Coral.

-Hasta el momento me has contado sobre la arista que es en tu vida y obra las admirables caminatas que te has propuesto y realizado, pero, aprovechando el marco de esta ocasión y en parte también, motivo poderoso el de realizarte esta entrevista por el mero hecho de que te he escuchado siempre a través de la radio haciendo tus comentarios deportivos desde mi niñez, quisiera que conversáramos un poco sobre el tema ¿Cuándo comienzas como tal en la radio? ¿Cuándo son tus inicios en esta dirección?

-Comencé mi vida radial el 4 de abril de 1995. Por aquel entonces las transmisiones de radio en este montañoso municipio de la sierra comenzaban a dar sus primeros pasos. Imagínate. Fue la novedad de la época el que la cabecera municipal contara al fin con su emisora local.

- Entonces, ¿eres prácticamente unos de los fundadores?

-Prácticamente no: ´´yo fui uno de los fundadores´´. De aquellos quedamos en la actualidad Benigno Rodríguez Torres y yo. Aquel 4 de abril de 1995 entré como sereno de la emisora y ya en mayo de ese mismo año estaba como corresponsal deportivo. Llevo ya en esa tarea el mismo tiempo que lleva activa la emisora. Comencé mis primeros comentarios sin pasar ningún curso de locución profesional. No tuve la oportunidad de pasar la Universidad. Simplemente la práctica me formó.

-Quiere decir entonces  que la escuela, si de alguna manera hubo una, fue la misma radio. Que lo que te enseñó fue estar frente a los micrófonos aquí en la planta.

-Exacto. Sentarme frente al micrófono sin miedo alguno: con problemas de edición, muchos baches al principio. Comencé, comencé, comencé y ya llevo más de veinte años. De ahí en lo adelante me dediqué a tributar para CMKC,  específicamente para el espacio ´´El mundo de los deportes´´, para la revista ´´Spring´´, para diferentes emisoras de la provincia por ejemplo para Songo-La Maya, Palma Soriano, para Radio Rebelde en Haciendo Radio y Deportivamente. Son para mi pequeñas cosas pero si lo miras desde otro punto de vista son grandes porque sé que por ahí hay gente que ve esto como irrealizable. Yo paso a paso lo he logrado.

-De ese público que localmente te escucha o de ese que te ha notado a través del éter desde otra localidades de la provincia o desde tus espacios en la Radio Rebelde, de aquellos que te han reconocido. ¿Alguna anécdota que nos puedas contar?

-Siempre hay cosas bellas. Nosotros trabajamos para el pueblo y hay cientos de personas que saben reconocer lo que uno hace y uno lo hace con mucho amor, con mucha entrega y dedicación. En una ocasión me encontraba en Palma Soriano. Había fallecido el padre de un pelotero. Una persona de las presentes escuchó mi voz y no pudo aguantarse el comentario:
  -Ese es Eliecer Joubert, al que yo escucho por CMKC. Venga hermano – y me dio la mano con una sonrisa amplia a pesar del momento y el lugar.
Otra ocasión, en Mella, yo estaba cubriendo la actuación de Guamá en una Serie Provincial, con el equipo local y un señor escuchó mi voz.
  -Yo todos los días lo escucho –me comentó inesperadamente y me invitó a su casa donde  me brindó gran hospitalidad.
A veces en la playa o en cualquier lugar, viene una persona que no es de aquí, escucha mi voz y me pregunta curioso si soy o no soy Eliecer Joubert. Ese es el confort que uno tiene; más nada. Trabajar para el pueblo y que el pueblo sienta ese cariño y respeto hacia mi persona.

-¿Es para Eliecer Joubert, la buena suerte de haberse topado con la radio y los comentarios deportivos una simple casualidad?

-Quizás un poco, pero de alguna forma también es un sueño hecho realidad. Cuando yo era adolescente, de unos trece o catorce años, yo narraba pelota en los anónimos juegos que formábamos en el barrio. Mi mamá, ya fallecida, siempre me decía sobre la memoria que yo tenía para recordar a los peloteros de aquella época. Aquí no había televisión. Solo se escuchaba Radio Rebelde y CMKC muy poco. Por Radio Rebelde quien narraba era Bobby Salamanca. Admiraba mucho a esta figura y a otros locutores ya desaparecidos. Sentía la devoción, el sueño despierto de que algún día pudiera hacerlo yo pero llegar al medio radial, lo veía super difícil.

-Retornando a una de las cosas que me dijiste hace unos momentos. La radio fue tu escuela y la práctica los micrófonos ¿Cómo te sentiste la primera vez frente a uno?

-Inolvidable. Para un locutor y todo aquel que sienta amor por lo que se hace en la radio es imposible olvidar la primera vez en una cabina. Me sentí algo nervioso pero aquí estoy. En la actualidad el 90 por ciento de la locución que yo hago es en vivo. Aunque sea cinco minutos. Siempre hay algo nuevo en la radio. Tú sientes todo el tiempo esa presión porque sabes que hay un sin número de personas que te escuchan afuera. Te das cuenta y siempre hay su presión. Todos los días no nos sentimos como la jornada anterior: uno con dolor de cabeza, otro con la memoria atrofiada, la garganta afectada…sin embargo tenemos así en muchos momentos que enfrentarnos a la locución.

-¿Qué tú le aconsejarías a aquellos jóvenes que quisieran acercarse a la radio y no lo hacen por determinadas cuestiones como no sentirse al 100 por ciento aptos para el medio?

-Sin miedo. Que no lo tengan. La juventud está llena de vigor, de fuerza, de inteligencia. Esa debe ser la juventud. Que acerquen a las personas que hacemos locución, a los compañeros que tiene experiencia en la radio. Así es como se aprende. La radio es inventiva, va en evolución. Tanto para ella misma como para las personas que trabajamos en el medio y para las que trabajamos. Al principio había personas que no entendían la radio cuando la escucharon por primera vez. Ya hoy en día los oyentes saben identificar a los locutores, a los periodistas, los temas de los que se hablan. Se ha ganado en experiencia desde todos los puntos. En definitiva, le digo a los jóvenes que echen para alante sin miedo alguno. Acercarse a la radio es el camino si tienen atracción hacia el medio.

-¿Cuándo es que nace Eliecer Joubert Roblejo?

-4 de agosto de 1962. Cincuenta y cuatro años.

-¿Y has vivido siempre aquí?

-Todo el tiempo.

-¿Dónde naciste?

-En El Codillo, cerca de La Alcarraza. De familia guajira, campesina y guamense al 100%.

-¿Cuál ha sido la satisfacción más grande que has tenido trabajando en esta emisora?

-Trabajar desde ella y para ella. Cada aniversario que ha pasado desde 1995 aquí he estado yo. 22 años. Ese es el orgullo más grande. Por aquí han pasado un sin numero de trabajadores. Me alegra sentirme como una palma real fuerte a la que el viento huracanado del tiempo no ha podido derribar. 

-De forma inseparable la radio y la cultura van de las manos. ¿Te atreverías darme tu opinión de cómo ves el tema de la cultura en el municipio. ¿Existe la cultura o crees que necesita renacer?

-En todo proceso humano hay cultura. Nuestro municipio, guajiro y marginado por aquellos quienes creen que si no hay asfalto, muchos carros y edificios recontraaltos no hay civilización, si tiene una rica y hermosa cultura, pero en nuestro caso, necesita levantar un poco. ´´Necesita levantar la cultura´´. La cultura tiene que insertarse más en las montañas. Las personas del campo, los campesinos necesitan también de la cultura.



sábado, 23 de septiembre de 2017

Crónica sobre mi abuela.


I

Parte frontal del Carné que llevó mi abuela durante sus últimos días
"Mi abuela está agonizando. Parece un pedazo de plastilina deformada con el vago aspecto de lo que fue en antaño una guajira fuerte para trabajar por su vida y las de su muchachos. Abuela se va a morir y yo no puedo darle aliento ni me puedo cumplir los deseos que tengo de darle de mi energía para que llegue a los cien. Se me va la vieja pero me queda sus huellas. La más profunda es que siempre mostró amor a pesar de que algunas de las situaciones demandaban hasta rajarle la cabeza a alguien. Viví con ella algunos cursos de mi primaria y jamás me faltó un plato de algo que llevarme a la boca cuando venía los mediodías de la escuela. Estábamos a finales de los famosos 90 que volvieron al mundo unipolar. Estaba la cosa mala y por lo general el menú indicaba fufú (de fongo o plátanos) desde el desayuno hasta la cena. Tampoco en casa se hacían pintorescos refrescos que han aumentado hoy en día. Había que coger unas cuantas cucharadas de azúcar prieta y mezclarlas con agua y disfrutarlas. No tengo fotografías que colgar para respaldar esta crónica. Mi abuela, aquella que se las inventaba por todos, con aquel corazón sin igual en el universo, no quiere levantarse más. Ya no volveré a tomar café de sus manos. Tendré que resignarme a guardar el recuerdo del gusto y tratar mientras respire nunca olvidarme de él. No puedo resistir verla como está. ¿Me fui lejos de Baire para escribir este breve párrafo? Digo estar listo para la noticia pero es mentira. Tengo en el fondo miedo regresar y encontrarme a todos llorando."
Dos Bisnietos de mi abuela
Escribí el párrafo anterior sentado en una de las esquinas de la emisora Radio Grito de Baire el día de gracia del once de agosto de 2017 y también, once días después, mi abuela fallecía a eso de las cinco y media de la tarde luego de volver mi padrastro y yo a casa de picar piedras. Como se puede apreciar aquella mañana no tenia ninguna fotografía. Hoy se puede ver que he conseguido al menos la del carné que la acompañó los últimos diecisiete años de su vida. De mi abuela hay tanto que decir. No pretendo que este texto sea famoso y me importa poco si llega a tener o no relevancia. Para mí la tiene y esta crónica es el homenaje que le quiero dedicar, eso nomás es lo que quiero dejar bien claro. 
Magalis Fernández Aguilar, una de sus hijas

Mi abuela se llamaba Euvelina Aguilar Fernández. Nació el 9 de febrero de 1929 en la Sierra Maestra. Hija de Fidel Aguilar y de Estelvina Fernández fue la esposa de Franklin Fernández  Garcés y madre de once muchachos entre los que se encuentra mi madre y curiosamente otro Arnoldo Fernández que abandonó Cuba en la década del 80 dejando dos niñas pequeñas. Llegué a la familia cuando faltaban cuarenta días para que terminara 1990 y entre tantos locos que ya contaba la familia transcurrieron mis primeros meses. Según mi padre que vivió aquellos tiempos en Baire haciendo múltiples trabajos para poder sobrevivir, abuela fue una mujer extraordinaria que veía a los hijos siempre pequeños aunque estos ya no lo fueran.
   
    -Si el mundo tuviera madres con el corazón de esa vieja fuese un lugar maravilloso –me decía y me sigue diciendo.
 
Papá no mentía cuando afirmaba esto porque sin especular, fui testigo de las veces en que la vi quitarse lo que estuviera comiendo cuando llegaba a la casa algún nieto y sin dudarlo dejaba de darle mordidas y se lo daba. 
Nieta y bisnieta respectivamente

Era la primera en levantarse. 

Entonces la casa se llenaba a aroma de café y humo. Nos despertábamos uno a uno. Descalzo me asomaba a la cocina, le pedía un trago y la vieja me regañaba por tener los pies pegaos a tierra. Por la cerca se asomaban algunos de los vecinos y le pedían un buchito o la saludaban con el Uve, ¿Cómo anda? de cada mañana, antes de seguir sus diferentes destinos bajo la neblina que caracterizaba al amanecer por aquellos tiempos. A mí nunca me faltó el pan aunque sea con aceite o con huevo de gallina criolla y mi vaso de café con leche  sobre la mesa cuando tenía que partir a recibir clases en la escuelita de El Cayo. 

Para abuela como buen cubana no le podía faltar ese brebaje tan caribeño ni sus tabacos Made in Casa que algunos productores independientes hacían en la mismo barrio. (Recuerdo que por un tiempo ya yo crecido traté de hacerle una huelga generalizada cuando me pedía que le buscara unos ejemplares que se vendían a cincuenta centavos y yo me negaba rotundamente dando votos de jamás comprarle ninguno.)

Las primeras palabras antes de ponerse en pie y prender el fogón de leña  era llamar al Miso, uno de mis tíos, para saber cuándo partiría para el Plan Vianda.  

II

Dicen por ahí que el amor de pareja se acaba con el pasar de los años pero eso, estoy seguro que no pasó con abuelo, claro, sin dejar de restregarle hasta la muerte de que no fuera tan goloso, que dejara los calderos tranquilos cuando regresaba de ver la pelota o el boxeo y metía las manos en la olla de harina de maíz o en el arroz recién hecho. 

Emilia Fernández Aguilar, una de sus hijas mayores
En los ochenta y ocho febreros en los que pudo ver la luz del sol la doña fue la reina de su cocina y en el dos mil seis esas vueltas de la Revolución Energética y todos los huracanes juntos no la hizo desprenderse de los cuatro pilares de ceniza. Se podían ir al a mierda la olla arrocera y la hornilla eléctrica. Nadie tendría el coraje ni los cojones de desbaratarle el fogón mientras ella respirase. Era un curiosidad que todos los hogares cocinaban con los nuevos equipos y desde la Calle E  no. 4 del reparto Vista Alegre, Baire, conocido popularmente como Barrio Mocho y otros nombres del imaginario popular, el humo se elevase al cielo día a día. Los más viejos del barrio la saludaban y yo sentía que aquellos afectos demostraban que las gentes de antes tal vez tenían más amor que los de ahora.

 


III
 
Muchos se empeñan en afirmar que yo fui un niño malcriado y que a veces irritaba a los mayores. Abuela a pesar de tener su alma llena de bondad también tenia sangre en las venas y sus arranques de vez en cuando. Ella cuando se molestaba conmigo o con alguno de mis incontables primos, siempre la culpa la pagaba nuestras piernas y la mata que en esta región de Cuba afirmamos en llamar Guataca de Burro, que en muchos lugares sirven en cayo como una especie de cercado. Fueron entonces las tantas veces en que nos sentimos en la necesidad de darnos a la fuga para no sentir el fuetazo que era por donde nos cogiera sin tantas explicaciones. Si no lograba sonarnos oíamos desde lejos que nos decía que ella era como un gato, que este no cogía el ratón corriendo. Luego se mantenía en vela y cuando pensábamos que todo había pasado nos arrinconaba para cobrarnos lo debido. Pienso hoy que aquellos guatacaburrazos pusieron en nuestras vidas su granito y la cordura que tenemos en la actualidad se la debemos a la Uve. 

Recuerdo siempre las noches en las que se ponía a contarnos como era su vida en las lomas, aquellas épocas antes del Triunfo en las que con dos o tres hijos chiquitos y ya preñada de otro se alzaba en los cafetales recogiendo el grano, de cuando una avioneta buscando a los rebeldes tiró algunas de sus bombas cerca del bohío, de aquellos vecinos que todavía recordaba uno a uno, de aquel mundo que ya existía cuando mis padre y su hija no eran ni semen ni óvulos listos para el milagro. En sus últimos lustros de vida, no cabía mañana, luego de colado el café en la que, echando un humo mirando al camino, sentada desde una esquina de su cama asomando a la ventana, no recordase los viejos tiempos o pensara en qué cocinaría o cuando lo haría.

IV 
Mi madre y yo

Entre los hermanos nunca faltan sus peleítas y mis tiazos varones no estuvieron exentos de esta costumbre tan humana. En casos de esos mi abue tomaba palo de escoba en mano y como buen jueza que era repartía palazos a izquierda y a derecha aplacando la bronca. Abuela comentaba que el trabajo no le quitaba ningún pedazo al hombre y que el tener las manos callosas no significaba ninguna deshonra, al contrario, bienaventurados los que mostraban al mundo las suyas como islas llenas de montañas. 

No existía ningún despenque de maní en la zona, por ejemplo, al la que no indujera a sus hijos en aras de buscarse unos pesos. A pesar de ser una guajira toda la vida brillaba por la atención que les brindaba a conocidos y a desconocidos. Recuerdo que nunca le vi negarle el café ni a aquellos vendedores del grano que a veces se lo vendían a altos precios. El reparto Vista Alegre se llenaba de comerciantes en bicicletas y de a pie y ninguno puede dar mala fe de que aquella señora flaca y menuda  de la primera calle ni aunque sea unas palabras de usted a usted dijera. Hasta Israel el loco en sus incontables caminatas llegaba cantando con la niebla y la vieja le preparaba un jarro metálico bien calentito. Luego Israel daba las gracias y en aquel idioma que solo el entiende seguía su peregrinar. Cuando chama medaba miedo. Esperaba que se fuera y abuela sonreía porque sabía.


V

Wilder, otro de sus nietos
Abuela tenía a Cristo en su hacer cotidiano. Jamás lo oí referirse a él para que tuviese misericordia ni por uno ni por otro exclusivamente, rogaba por todos.
     -Acuérdate de nosotros los pobres –decía si les faltaba dinero para sacar los mandados o si algunos de nosotros estaba metido en algún problema de cualquier índole.

Para ella sus hijos no solo eran aquellos salidos de su vientre sino también las generaciones engendradas por estos hasta los mismísimos tataranietos. Ignoro, porque nunca se me ocurrió preguntarle, quién le había hablado por primera vez ni en qué época de Dios. Pero si puedo asegurar que fue ella quien nos inculcó desde su manera peculiar creer en la sombra del Divino que nos protege desde las Alturas.  

VI

Otra nieta y bisnieto
Para sacarla de la casa cuando se sentía algún malestar o simplemente se sospechaba de algún síntoma, hacia al policlínico o al consultorio, la tarea se tornaba una odisea. ¿Miedo o terquedad? Solo ella tenía la respuesta. Se sentaba en una de las esquinas del viejo multimueble como tronco de piñón echando raíces profundas mientras que pensativa sacaba su tabaco y lo prendía. En silencio aspiraba y soltaba las bocanadas y ni su propia madre si resucitaba para pedírselo, la hacía moverse del sitio. 

El porqué de esta crónica quizás un poco desorganizada se la debo al sueño que no pude realizar: de hacerle grabaciones y que ella misma me hablase de su vida, de cosas que ya nadie nunca sabrá. Mientras me toque vivir y tener la mente lúcida sobre mi pasado, de mi procedencia, de gentes que contribuyeron a mi formación, abuela será en mi recuerdo una gran mujer, alguien que demostró con su ejemplo, que me dice desde ultratumba que olvidarla sería la peor de las traiciones que le puedo hacer a su legado.

Finales de agosto – 8 de septiembre de 2017.

Olber Gutiérrez Fernández. 

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