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sábado, 2 de enero de 2021
sábado, 27 de junio de 2020
Galería Fotográfica: Cazando Cangrejos
viernes, 29 de noviembre de 2019
Pilar café a la antigua en Guamá, una de las tierras en la Cuba Oriental
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| Café tostado en un recipiente plástico amarillo |
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| Listo para pilar |
Entre
el lapso de ser cultivado en nuestras lomas, recolectado, y el momento en que
llega al colador, el café guamense pasa por una estricta rutina de despulpe y
secado, para luego ser tostado y molido hasta convertirse en el cotizado polvo
que millones de personas veneran tanto a nivel nacional como internacional,
utilizando para ello anónimos molinos electrificados, o simplemente a la
antigua con los brazos en las más humildes casas, donde es refinado a pilonazos
dentro de un pedazo de madera ahuecada, que con el tiempo va tornándose más y
más oscura sus paredes, debido a lo restos que van quedándose en los poros de
la madera, de aquellos granos que lentamente van triturandose luego de pasados
por la candela, con el toque de azucar parda o cruda exacto dependiendo de la
cantidad a tostar. Esta última forma de preparar dicho polvo para luego ser
colado con elegancia y maestría, es una de las costumbres que todavía queda
arraigada profundamente en los nativos de estas serranías y que no pierde su
encanto cuando se tiene la oportunidad de realizarla, como una de las
actividades diarias en las que nos involucramos cuando nos encontramos en casa.
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| El editor de este blog con el pilón en mano |
Dicho
ejercicio ha pasado por una extensa lista de generaciones en Cuba, desde que
los colonos franceses, llegados del Santo Domingo, introdujeron el cafeto en el
oriente cubano colonial, cuando despavoridos huían de la revolucion esclava
desatada a fines del siglo XVIII en La Española, territorio que hoy alberga a las
naciones de Haití y la
República Dominicana en la parte occidental y oriental de ésta respectivamente. Quien escribe estas lineas no escapó a dicha tradicion y
la obtuvo de su abuela materna que cuando pequeño, le pedía ayuda mientras
tostaba bandejas y más bandejas en un santiamén de dicho fruto que desde
aquella remota época, (la de fines de los mil setecientos y pico), fue
ganándose pedazos en el espíritu de los criollos quienes unos setenta años
luego se volcarían a la manigua cubana en busca de su propio camino.
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| Café despues de los pilonazos |
Ahora
con el paso de los años ya mi abuela no esta presente (se ha reunido a sus
antepasados), pero me queda en el corazon su huella profunda y pienso
inevitablembte en ella cuando tengo la oportunidad de pilar cafe y voy retornando
con el inconfundible olor que se despide en la escena con cada pilonazo, a mis
origenes en aquel pequeño reparto de calles de tierra y gravilla llamado Vista
Alegre, perteneciente este al Baire de los mambises legendarios. Me siento en
cada ocasion experimentado sumo sacerdote, que venera la grandesa brindada por
Dios de que gracias a los efectos de aquella revolucion de hombres y mujeres
libres arrancados de su patria africana, planta tan exquisita se halla vuelto
criolla y cimarrona en los montes de mi tierra donde no les falta el rocio
divino.
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| De vuelta en el recipiente amarillo |
Como
muestran las instantáneas que acompañan este modesto trabajo, esta es una de
esas en la que me he sentido bien caribeño pilando café tostado, sintiendo el
aroma que caracteriza las mañanas guajiras en estos lares y sabiendo que luego
me tomaré algunas tazas del brebaje más auténtico, salido de la isla más grande
de las Antillas sin truco alguno como ese tan de moda de mezclarlo con chicharo
y que en muchos de lugares ya es considerado normal.
Cubano en fin, y cafetero
como mis antepasados, aquellos que guiados por sus mayores, algun dia se
levantaron y no pudieron jamas depegarse de la olla con el agua hirviendo, mientras que dentro del colador, echo de la más fina tela que tuvieran a mano,
un duende esperaba para contagiarseles en el alma mientra repiraran, reproduciendose
este en cada presa que se sumaba al encanto. como se puede ver, eta es otras de
las maravillas que nos hacer ser un pueblo sin igual de este mundo en que
habitamos tantas culturas diferentes.
martes, 5 de noviembre de 2019
Muestra Numismática en Guamá
Por un descuido, luego de hacer algunas
fotografías en el patio de esta guamense (Oleibis Estrada Naranjo) y con el
objetivo de ilustrar el pequeño trabajo que editara en las páginas de ECO*,
olvidé hacerle junto a las plantas a esta carismática mujer una muy importante
instantánea que no debía faltar en dicho trabajo.
Con idea de tomarla regresé a su casa unos
días después y en aquella jornada, nos sentamos a conversar de la cultura,
plato fuerte que siempre está presente en nuestras conversaciones y entre los
temas abordados nos centramos de un momento a otro en la numismática, ese arte
que es el de coleccionar monedas antiguas así como papel moneda. En ese
instante Oleibis hizo una revelación que hizo crecer mi curiosidad: ella posee
una gran colección de billetes cubanos (y extranjeros) anteriores a la etapa de 1959.
No quise marcharme sin verla y tomarles
algunas muestras para que también hoy esta se comparta en este blog guamense:
martes, 15 de octubre de 2019
Un artefacto bien guajiro que todavía se niega desaparecer...
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| El fogón de Mamá Flora en plena Sierra Maestra |
Las comodidades traídas con la llamada Revolución Energética
a principios de este siglo en Cuba estuvieron acompañadas de la desaparición de
muchos de los hogares cubanos del denominado fogón de leña. Miles de familias
se acogieron a las ollas y hornillas eléctricas y las formas de elaborar los
alimentos fueron otras.
Ya en estos tiempos es difícil ver elevarse desde muchas
de las anónimas cocinas criollas el humo hacia el firmamento como en antaño,
muy común a finales de los noventa cuando todavía era yo aquel niño al que le
gustaba ir a mataperrear con los demás chicos por el barrio o cruzaba el límite
de los extintos naranjales del Contramaestre para degustar la extrañada fruta.
Pero también es un hecho de que los fogones persisten,
al menos a lo largo y ancho de este montañoso municipio cubano que es Guamá. Aquí
la gente los conserva como un verdadero fósil viviente que aun resiste a morir
del todo y en el que cada mañana los más viejos hacen sobre todo su traguito de
café, hierven sus viandas o sencillamente cocinan el alimento a los puercos.
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| El Fogón de Mamá Flora mientras hierve unos plátanos |
El de estas fotografías ha dejado de prenderse pocas
veces en lo mas de cuarenta años que tiene armado y quizás deje de hacerlo el día
en que su dueña ya próxima a las ocho décadas deje de respirar. La señora dice
que los cachivaches electrónicos tienen mucho que envidiarle al abuelo fogón,
que no hay como sus llamas para ganarle tiempo al tiempo a la hora de cocinar
las cosas.
También dice que sin su fogón de leña su vida no estaría
completa. Nada: un artefacto bien guajiro que todavía se niega a desaparecer y
que los habitantes longevos aman demasiado como para dejarlo ser solo un
recuerdo que algunas vez cuenten a los mas jóvenes.
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