jueves, 24 de enero de 2019

Retrospectiva: Con lo nuestro también se llena el cine teatro en Chivirico





 
Por: Benigno Rodríguez Torres: Tomado de su blog GUAMO (En ocasión de celebrarse el 2do festival nacional de Instructores de Arte)







Chivirico. 1 de febrero del 2009
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“Ya no se necesita importar los talentos artísticos de fuera para llenar el teatro de Chivirico” expresó uno de los asistentes al Festival que organizan los Instructores de Arte que pertenecen a la brigada "José Martí" quienes para estos días han sabido demostrar a sus coterráneos que este programa de la revolución aporta ya sus resultados en apenas tres años desde que egresaron de las Escuelas de arte creadas en nuestro país.

En esta localidad, tal vez por la falta de sistematicidad en las presentaciones culturales, no es usual que el cine teatro Guamá, sala principal para exhibir estas manifestaciones, se llene completamente; sin embargo los jóvenes talentos de el patio supieron organizar un variado elenco que incursionó en diez modalidades del arte, incluyendo hasta la plástica, para deleitar a quienes asistieron.

No pocos dejaron de reír cuando en piezas teatrales, con sátira de buen gusto, criticaron situaciones propias del poblado de Chivirico que merecen una atención para lograr su transformación hacia el bien común. La valoración que se hizo de la evolución que han experimentado los artistas de esta brigada así como de los aficionados es que, los recursos acumulados en su haber demuestran a las claras que existen potencialidades aún sin explotar.

Casi todos incursionan originalmente en sus creaciones, cada background musical es compuesto con autenticidad, se le pone un sello distintivo y, en este obrar no son pocos los que, a la vista de visitantes extranjeros que también presencian estas actividades, reciben el elogio de la calidad manifiesta.

El sectorial de Cultura en Guamá puede explotar estas oportunidades que, de seguro, son frutos de uno de los programas priorizados de la revolución cubana para hacer de este país “El más culto del mundo” expresión muy personal del líder histórico  Fidel Castro Ruz cuando destacó la necesidad de que haya un capital humano que responda decisivamente a esta necesidad.


miércoles, 23 de enero de 2019

Una promotora cultural llamada Yaumara



Yaumara Aroche Martínez

Hay gente que no puede vivir sin la ciudad, a la que le hablas de parajes y montes y enseguidita se asustan. Otras se sienten libres si observan el riachuelo, las altas palmas, o si escuchan el canto de sinsonte, o sienten el aroma del café acabadito de colar. 
 
Yaumara Aroche Martínez es una de esos: santiaguera de Chicharrones, famoso reparto de la sur oriental provincia. Vive en El Francés playa no menos conocida aquí en Guamá. 
 
Allí es la emperatriz en cuanto a la gestión cultural que realiza con los vecinos de la localidad y un poco más allá. Su público predilecto son los niños, cosa que recién me confesara aunque hace mucho tiempo ya supiera debido a sus acciones que dicen bastante. 
 
Lugares distantes como la comunidad de San José, perteneciente esta a unos de los enclaves distantes al centro del consejo popular, Yaumara ha llevado el arte comunitario que corre por sus venas. No fue al azahar que me refiriera a ella como emperatriz porque ante mis ojos y de la gente sencilla de las serranías que la quiere y estima, la Aroche posee un imperio en promoción cultural. Imperio sin precedentes ni igualdad en todos los ámbitos de este extenso territorio.   
Yaumara (de pie) en una de sus actividades

Niña con una de las pelucas con las que Yaumara trabaja

Niñas en taller de teatro antendiadas por la promotora cultural

Fotografía tomada en una escuela donde Yaumara imparte talleres


Niños actuando en unas de las obras

Yaumara Aroche Martinez con los infantes de San José

martes, 22 de enero de 2019

Retrospectiva: Una propuesta ambientalista a partir de la óptica de Germán

Un blog que fue antes que EL CUBO ORIENTAL, lo es GUAMO, creado por el primer periodista graduado en el plan Turquino Benigno Rodríguez Torres. Actualmente esta bitacora de la historia reciente de Guamá, se puede encontrar en INTERNET. En él se pueden encontrar trabajos importantes de a partir de los últimos años de la primera década de este siglo XXI. El CUBO... pretende tomar de este sitio algunos que considere al menos de acuerdo a su línea editorial y compartirlos nuevamente. Sin más el primero de ellos:



Miércoles, 2 de julio de 2008

Por Benigno Rodríguez Torres (Tomado de su blog Guamo)

Los proyectos artísticos ambientalistas constituyen excelentes complementos para imprimirle al entorno sociocultural en que vivimos el matiz necesario que recrea la existencia humana. Es la concepción que inspira a uno de los artistas plásticos profesionales que radican en Chivirico Guamá, poblado que está ubicado a setenta y cinco kilómetros al Oeste de la ciudad de Santiago de Cuba. Germán Portuondo Roca es graduado en la especialidad de artes plásticas de nivel superior y en sus creaciones aporta un especial cuidado a la pintura Mural. Sus trazos ya estampan figuras que a ojos vistas de quienes visitan el poblado de Chivirico reconocen  que desarrolla con maestría la línea del subrealismo.

No sólo estas inspiraciones plásticas en su obra reclaman la valoración de quienes son por naturaleza coterráneos, también visitantes extranjeros, especialmente de Canadá que veranean en las Playas del Hotel Sierra Mar, han solicitado conveniar trabajos comunitarios de esas Organizaciones no gubernamentales que ven una importante propuesta a tener en cuenta por los avezados en esa materia. De seguro, cuando haya que hacer un reconocimiento social a quienes han contribuido con la recreación de diseño urbanístico de este poblado costero en Santiago de Cuba, hay que necesariamente distinguir a Germán Portuondo. He aquí una simple muestra de pinturas murales que aparecen  representadas al público.






El milagro del amanecer en tierra costera



De aquellos milagros que hay en la naturaleza, disfrutar del amanecer es uno de mis favoritos. Ese acto de grabar el nacimiento en mi memoria del día no tiene igual comparación ni emoción. Cada una de las cuatro esquinas de este planeta llamado Tierra tiene sus formas particulares de amaneceres. Los escenarios, geográficamente distintos. Pero los resultados de sentirlo siempre es el mismo para la gente que se sabe sensible ante tal magnificencia.


Aquellos que son observados desde las costas entre mezcla de olas y sal que se te pega al cuerpo, son los que les toca en suerte al que vive en tierras  bañadas por los mares en el mundo entero. Tal suerte que tenemos los hijos del municipio Guamá que como ya sabemos, lleva un extenso litoral de 157 kilómetros aproximadamente.


La luz de un sol parece despertar.


El ruido del agua en su venir e ir se estrella contra la arena y revuelca las piedras. El espectador con cámara en mano una mañana de domingo a las seis y cincuenta y pico sintiendo también la ilusión de ser el único en el mundo para protagonizar el acto.


La luz parece oro. El espectador hace algunas fotografías para quedar luego mirando hasta que los rayos del sol le hieren las pupilas pero no importa y sigue mirando.


“Nadie sabe”, se dice a si mismo, “cuando pueda ser la última vez de ser el testigo de algo tan exquisito.”  

Es inevitable pensar entonces lo breve que son nuestros pasos en la vida, que debemos, y es de sabios y bienaventurados entender que vale la pena aprender a reír que nos es más muy útil aprender a olvidar la tristeza.



El sol, que parece de oro


La primera fotografía

A lo lejos la superficie de las profundidades del Caribe

El editor de este blog, participando en el milagro

sábado, 19 de enero de 2019

Chicharrones con café y platanitos fritos



A mi amiga Cristina le dicen cariñosamente Lala. No tengo mucho tiempo para verla todos los días: cosa que hago de vez en vez cuando llego por las tardes de la larga travesía que supone regresar del trabajo en el que actualmente me desempeño. Recién ayer le hice una de esas visitas para saber de ella luego de algunos días sin vernos. La noche invernal caía y apenas descendí de la Diana me dirigí hacia su casa. Cristina miraba la  televisión antes de meterse a la cocina para distraerse un poco, agobiada por los papeles que caracterizan su labor de trabajadora social y que no importa en que sistema sea, siempre es algo difícil trabajar con tantas formas y carácteres diferentes.

Después de saludarla justo comenzaba el Noticiero Cultural por las frecuencias de Cubavisión y entre los titulares destacaban a prominente escritor cubano. Le comenté ya acomodado en una de las sillas la diferencia que yo siento cuando escucho hablar de un artista, de lo diferente  cuando tienes a alguien que te supervisa, es tu jefe y sientes que no eres libre porque de alguna manera dependes de la formula para tener todos los meses un sustento, a no deberle explicaciones a nadie, de sentirte dueño de tu destino como los la esencia de un literato aunque en la cuestión de práctica no sea del todo así. Al menos esta era la idea. No sé si Lala me entendería.

“Ahora tengo que cocinar Poli” me dice. “Son algunas cositas sencillas para acompañar el arroz nuestro de cada tarde. Te invito a que pases conmigo a la cocina para que te tomes una tacita de café y también para que pruebes algunos chicharrones que nos quedan en el refrigerador todavía de fin de año”.

Ya en la cocina pone el sartén al que, paciente, espera que empiece a calentar para luego echarle un poco de manteca y después de darme la primera taza de café, va pelando unos platanitos maduros a la vez que en un platillo plástico me pone los chicharrones.

“Esto es lo que hay” me explica como si yo no fuese un cubano más de los once millones.

Observo cómo con destreza y de herramienta un cuchillo de mesa, hace con los plátanos unas finas láminas que pronto se freirán en la manteca que ya empieza a desprender el olor. Olor que tiene inquieta a Yuli, una de las dos gatas que tiene  mi amiga. Yuli se frota contras las piernas de Cristina. Esta se levanta. Pone a freír las láminas, y sentándose toma a la gata para acariciarla. Yo disfruto algo que en  toda mi vida jamás había hecho: el comer chicharrones con café y degustar la experiencia de unir dos productos tan cubanos a los que muchos estamos habituados durante toda la vida. Es en ese preciso momento recuerdo que al bolsillo traigo mi cámara.

“¿Puedo hacerte unas fotografías?” le pregunto.

“Ay no Poli. No te atrevas a hacer tal cosa”.

“¿Por qué no? Dale, vamos a hacértelas con Yuli.

“Espérate un momento déjame ver los platanitos, que se van a quemar. Dame el platillo para brindarte dos o tres que ya están fritos” me dice esquivándome por un segundo quitándome éste. Yo ya voy sacando la cámara mientras está de espalada contra la hornilla.

Con un tenedor agrega algunas lascas de plátanos bien fritos para acto seguido devolverme al platillo. Yuli sigue insistiendo en rozar las piernas de mi amiga quien la vuelve a tomar para seguir acariciándola antes de sentarse nuevamente. Yo mientras tanto agrego a mi paladar ya invadido por el gusto de chicharrones con café el del sabor exquisito de platanitos maduros acabaditos de pasar por la manteca y es exactamente en este punto cuando ideo escribir esto. Otros segundos luego, Cristina descubre que he encendido la cámara.

“Quédate ahí mismo con Yuli” le ordeno mientras la enfoco.

“Mira que eres insistente. Está bien, pero que quede buena.” Me dice mientras agarra a la gata con singular cariño.

“Voy a escribir sobre esto. Le pondré “Chicharrones, café y platanitos fritos” ” le comento antes de mostrarle la fotografía con Yuli. “ ¿Viste? , quedó perfecta para incluirla en mi artículo.”

Cristina sonríe mientras observa la instantánea y haciendo un gesto de afirmación me hace saber que fue de su agrado. Le digo entonces que ahora a ella sola le haré una toma. Se ve algo indecisa con mi idea y sin esperar tanto le digo que mire al lente. Lo mira. El flashazo. La fotografía:

Antes de apagar la “Nikon” hago juntar con mis manos la taza de café, los chicharrones y los platanitos. Les tomo algunos cuadros con la derecha y al final, luego de terminar de comérmelos,  pongo de evidencia mi mano izquierda junto al reloj que humildemente llevo como acto final. 

Cristina ahora toma no solamente a Yuli sino también a la madre. Aprovecho otra vez para hacerles más fotos entre las que elijo estas para quedármelas y con las termino este relato, en el que por primera vez en mi vida probé chicharrones con café y platanitos fritos.
      
    

    

viernes, 18 de enero de 2019

Recordando...



Si alguna vez pudiera considerarme el escritor que no soy o recordara las primeras cosas que, creyéndome poeta, hice parir de mi pensamiento, no es perdonable que me olvide de este poema que escribí un 25 de julio de 2006 y, gustándome, llevara mi primera vez al Café Bonaparte como debút en los talleres literarios que en lo adelante participara. Allí sería “hecho trizas” por experimentados escritores que gentilmente me invitarían a que girase hacia otros géneros. De esa experiencia nacería mi cuento “El Cubo” del cual nacería años después la inspiración para nombrar este blog. Comparto pues en ECO aquel pequeño poemilla que todavía guardo con recelos en mi memoria Flash:

I Lección.

La vida y el amor se unen
en el recuerdo del tiempo.

El pasado, el presente y el futuro
Escribirán las últimas palabras.

Recuerda esto eternamente durante tus días
y cuando pases de la materia viva a la muerta,

El sentido de lo común seguirá su camino
Alimentándose de recuerdos

Que se irán contigo.
Nuevas generaciones surgirán,

Y con ellas amores divididos
En lo más profundo de la tierra.

jueves, 17 de enero de 2019

Personajes Guamenses: Félix Cordero Reyes



Félix y el editor de este blog en el momento de nuestra conversación

Félix Cordero Reyes es un hijo de esta tierra guamense y a sus 82 años, testigo vivo que aún conserva en la memoria algunos de los eventos que ocurrieron en nuestra última etapa de liberación que, como sabemos, tuvo sus orígenes en las estribaciones de la Sierra Maestra en la segunda mitad del siglo XX. Según su testimonio, Félix era vecino de la familia Pardo Guerra, aquella que los cubanos no podemos dejar de mencionar cuando hablemos de los pasajes e historia de la Revolución Cubana. 

Nos dice que él y sus hermanos junto a los “bisoños” de los Pardo Guerra, asistían todos a la misma escuelita que era atendida por un maestro holguinero en  aquellos tiempos difíciles. La pobreza extrema era uno de los males que aquejaba al campesino de aquel entonces, nos comenta Félix quien a edad muy temprana tuvo también que sumarse a los trabajos que su padre hacía para ayudar a la manutención de los suyos. Por eso sabe mejor que nadie por qué hay que cuidar lo que la juventud de ahora tiene.

Con su mirada de 82 años, firme.


Recuerda también que uno de sus hermanos estuvo presente en la llamada "Masacre de Peladero", perpetuada ésta por los soldados al servicio del régimen batistiano, cuando desesperados intentaban aniquilar a las fuerzas rebeldes al mando del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz.



"Hay que cuidar esto cueste lo que cueste", me dice con firmeza, "nunca antes los cubanos habíamos tenido la libertad que muchos hoy se empeñan en decir que no existe. Quedamos pocos de aquella gente por ley de la vida, pero todavía tenemos voz para contarles y decirles, que aunque ya no esté Fidel físicamente seguiremos defendiendo esta Revolución al precio que sea necesario".




lunes, 14 de enero de 2019

Donde empieza Guamá...

Aquí les dejo con tres fotografías.

La primera ilustra al forastero el cartel que les da la bienvenida donde unas letras hechas en cemento muestran el nombre del municipio:


la segunda una vista desde la altura del cartel hacia la carretera que viene de Santiago y en la que, curiosamente podemos ver también una camioneta, transporte habitual en estas partes de Cuba Oriental e igualmente un pedazo de la costa;


la tercera muestra la carretera que se hunde a lo largo de 157 kilómetros sierra adentro y en las que podemos encontrar un mundo de cosas.


viernes, 11 de enero de 2019

Curiosidad VIII

Las artes visuales son una forma excelente de expresar lo que sentimos. Cualquiera hoy en día puede tomar un teléfono celular por ejemplo y, sabiendo donde están las herramientas precisas, hacer sus propias obras. Estas las hice con un SAMSUNG hace unas cuaantas semanas atrás. Me parecieron hermosas. los modelos fueron mi hermana de diez años:




el perro que tenemos en casa (y la participación especial de mi pie izquierdo),


un libro sobre Lezama Lima en los que descanza un billete de 20$, mi mano y yo en shorts haciéndome una foto de perfíl hacia mis partes inferiores delanteras






 

miércoles, 9 de enero de 2019

He tocado el cielo con los ojos cerrados...




 ...poema escrito por Marilín Yamilet, una gran amiga en mi tiempos de adolescente...

He tocado el cielo con los ojos cerrados

He visto el Sol de cerca y me he fundido en él.

Me has hecho sentir muy amada, deseada.



Has hecho sentir el amor que no necesita palabras.

Déjame volar, no importa si el vuelo es corto.

Déjame batir las alas al compás del viento.



Escucho la música… es tu respirar,

Gotas limpias de sudor resbalando por mi piel.

Estoy dispuesta, agradecida, como quiero,

En tu compañía.

martes, 1 de enero de 2019

Mi último día en 2018


Yo no tuve un 31 de diciembre normal si se considera como tal pasar la jornada en familia o con los amigos en alguna parte, dándole vueltas a un puerco asado y tomándome unas cuantas copas de ron, esperando ancioso las doce de la noche para gritar a los cuatro vientos que he vencido trescientos sesenta y cinco días más de vida. La mañana la ocupé leyendo hasta cerca de las ocho treinta. Más o menos a esa hora me acordé de un lugar que de niño escuchase y que, ya de grande, visitáse con un amigo que vive al menos un kilómetro: las ruinas de una vieja mina abandonada y que en la actualidad gran parte yace bajo las aguas. Decidí entonces protagonizar la última aventura del año 2018 y diciéndome a mi mismo: ´´Luces, Cámara, Acción´´, emprendí el camino con mi sencillo equipo fotográfico para llevarme de recuerdo algunas cuantas instantáneas.

La mina es una de las viejas huellas que el imperio español dejase en los más de cuatro siglos que dominasen la isla de Cuba y queda ubicada en El Cuero. También visitaría a mi amigo y si no estaba muy ocupado en las cuestiones del 31, le pediría que me sirviera de guía. Estuve sobre la marcha quizas una media hora. En el batey de su casa preparaban ya la vara con el ocsiso. Después de saludarlo a él a su familia le propuse la idea.

´´Acabamos de matar y preparar el puerco´´ me dijo ´´si llegas más tarde y yo me hubiese quitado el traje este de burro que tengo, pago para ver quién me hace subir la loma´´ y, nos preparamos pues para llegar al sitio deseado. Su tío el capitán Senén y el viejo Felo se encargarían de poner la leña para ir adelantando.

´´Tenías que haberte puesto un pantalón y un pullover viejo, por donde tenemos que ir hay malezas y espinas´´ dijo mi amigo mientras recorriamos el sendero.

´´No te preocupes. No debe estar tan malo´´ profié.

´´Allá tú´´ me respondió mientras encendía la nikkon para hacerle una fotogafía. ´´después no te estes quejando que te rayaste o se te rompió el shorts´´

´´Mira, tómame una foto´´.
El editor de este blog
Mi amigo

El sendero conducía a la parte superior de la mina. Por el camino me acordé de su abuelo Pancho Carro. Eduardo, que es el nombre de mi amigo, me contó alguna que otra vez que el abuelo Pancho le contaba cuando niño la historia de la mina. Pancho era hijo de un gallego que a fines del siglo XIX llegáse a Cuba en busca de fortuna. En esas vueltas de la vida conoció a la bisabuela y aquí echó sus raíces las que hoy se traducen en una vasta descendencia.

El abuelo Pancho le contaba que de aquella mina los españoles sacaban hierro y manganeso.  Que un buen día de rutina y excavaciones para seguir extrayendo los minerales, unas arterias de agua subterránes explotaron guardando para siempre en sus galerías a unos cuantos mineros. El punto mágico de aquellas anécdotas del pasado radicaba en lo que en la actualidad se podía ver desde las alturas. Mi amgo y yo pronto estuvimos en la cumbre. Un poco antes tomando algunas muestras de piedras que ofrecen al visitante pistas de los metales hice ésta fotografía:
Muestra de piedra número 1
Muestra de piedra número 2

Ya en nuestro objetivo admiré la vista.

´´No te acerques demasiado al borde pues aquí se desmorona a veces el terreno´´´me advirtió Eduardo.
´´Se ve estupendo´´ le comenté.
´´Desde aquí una vez se cayó una vaca, no quedo pedazo sano. No te ecerques mucho´´
Entonces con suma cautela preparé la cámara para capturar la escena de esta forma:

Las paredes de la mina desde la cima

Paredes y superficie del agua
Superficie del agua que cubre la mina
Terminando revisé el material. Realmente allí no vería la calidad de las fotos. Eso sería cuando llegase a casa y las copiase para la computadora. Mi amigo y yo nos sentamos al lado de unos arbustos. Allí charlamos un buen rato sobre mi vida, sobre la de él hasta que le pregunté que cómo desde ese lugar bajaríamos hasta la orilla para tomar algunos cuadros en sentido contrario y que por favor, que no fuera pasando matas de espinas que abundan en el terreno, que ya tenía algunos rayones en los brazos apartando con ellos los gajos. Me dijo que estaba fastidiado porque por donde el pensaba bajarme había hasta que cruzar cactus que también habitan en gran número la zona.
´´Si no hubieses sido tan porfiado, no estarías ahora con la pintura rayada. Mira, por allá bajaremos´´ sentenció con la mano.

El descenso fue lento mientras conversabamos y Eduardo me contaba las travesuras que lo caracterizaron de muchacho. De cómo junto a una tropa formada por él, sus primos y unos cuantos mocosos más a los que les gustaba mataperrear, tenían de escenario las inmediaciones de la mina para sus infantiles aventuras. Efectivamente llegar hasta la anhelada orilla no fue tarea fácil. Saltando como sí fuésemos carneros, bajando por la pendiente, agarrándome de algunos arbustos mientras Eduardo haciendo uso de su dominio del terreno no tenía grandes percances. Cada ciertos metros miraba hacia atrás para cerciorarse de que le seguía el paso se sonreía al ver que yo había perdido aquella magia y seguridad que tenía como él cuando niño.

´´Parece mentira Olber, tú que prácticamente te has criado en estos montes. Apúrate que estamos cerca. ¿Ves?´´

Mi amigo tenía razón. Sin darme cuenta, andando despacito para no pescar una caída o estrellarme contra los garranchos con sus ramilletes de espinas y sujetándome de las piedras  estaba al lado de mi último destino para poder hacer las fotos finales. Delante de mi una hermosa planta de cactus. Especie que reitero, sobran ejemplares en dicha área. Me parece perfecto para una nueva instantánea. La tomo. Acto seguido y con ágiles movimientos por ya la cercanía me veo prontamente en la orilla. Maravillado hago las últimas tomas:
Vegetación típica de los alrededores de la mina
Mi amigo en el descenso

Desde la orilla en la que se puede observar la tierra que se corre
El color magestuoso del agua por los metales

Parte de la cima en el que hiciera las primeras fotografías
Mi amigo y yo regresamos a casa de éste en un santiamén. Ya el capitán Senén tiene lista la candela para montar el puerco. Allí revisamos parcialmente todo el material que pudimos reunir de nuestra aventura. Le explico a mi amigo lo que pienso hacer. Él no entiende mucho de esas cosas: de escribir un artículo ni menos verme como un escritor de cualquiera de las formas que yo pueda serlo. Comparto un rato con ellos antes de volver a mi hogar. Milagro, la esposa de Senén me cuenta de cómo me escucha por la Radio todas las mañanas que puede. Nomás le respondo que aún no me considero bueno en lo que hago, que sigo siendo un aprendiz.

Como a las cuatro de la tarde me despido de todos deseándoles buen fin de año. Retorno a mi lugar tranquilamente. Solo. En el aire ya se siente olor a la carne asada. Por donde quiera equipos de audio suenan con cumbias, guarachas, se escucha al maestro Candido Fabré. Va cayendo la tarde del último día de 2018. Yo volveré a mis libros, a la televisión: veré lo que hay en cartelera. Esperaré junto a radio Reloj las doce. Me daré a mi mismo felicidades y me iré a dormir no sin antes de esbozar en papel electrónico la historia que les acabo de contar.

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