sábado, 30 de septiembre de 2017

Últimas palabras para Encina.

 
Que estés desde ahora silenciado en algún punto del camposanto de la tierra que siempre amaste suena a ser una idea cruel, desgarradora. Aquella noche cuando aún Irma se ensañaba con el occidente de la Isla y la voz de Arnoldo confirmaba tu partida de este mundo, mi vida cambió. Desde ahora en lo adelante pensaré en ti inevitablemente siempre al cruzar el puente sobre el Contramaestre y cuando visite  aquellos lugares donde sé estuviste: esa va ser mi única defensa al saber que no te encontraré más sentado  en el Café Cantante y que no sentiré más tu presencia física.
Eduard, algunos amigos y yo, 26 de julio de 2016, Contramaestre.

    Queda en lo profundo de mi alma el placer inmenso de haber sido uno de tus tantos amigos y que me enseñaras entre tantas lecciones que las riquezas materiales de esta vida no se compara con este sentimiento tan humano.

   Las palabras exactas no me salen. No existen las adecuadas para describir lo que significaste y significas. Nunca de mi boca escuchaste decir gracias y hoy te las doy pues a tus consejos le debo en parte haberme  graduado en la Universidad a pesar de las adversidades por las que atravesé durante los cinco años de mi carrera. Pido  me perdones donde quiera que estés si en algún momento te hizo falta que yo te las diera.

    Fuiste un gran hermano y los hermanos que aman como tú lo hiciste no merecen ser olvidados porque el olvido es ofensa cuando recibes en la vida un bien como este que me hiciste de descubrir, de hacerme ver y creer a ciegas en esta en enfermedad tan dulce que es sentir amor por las letras.

    Ahora entiendo el valor extraordinario que era verte atravesar las calles desde tu casa hasta el Contramaestre día a día o verte detener tus pasos ante los umbrales de la librería para saludar al Puro o en la acera a las gentes anónimas del pueblo que te vio nacer y que hacían brotar de ti una sonrisa perpetua aunque las horas en tu cabeza fuesen amargas.

    Quizás muchas personas en algún momento quieran condenarte por habernos dejado solos tan tempranamente y al que se atreva a tal cosa que tenga en cuenta que en lo adelante estarás viviendo multiplicado en cada corazón y que saber hacerte venir en cada una de nuestras acciones, será la nueva lección que tendremos que aprender porque es así tu partida: una última clase magistral para que aprendamos que las huellas que nos dejaste son el rastro que debemos sujetar si tu vivir digno ejemplo nos fue.

    “Taller es la vida entera. Taller es cada hombre”: me decía Martí  y ahora le entiendo.
    Construiste el tuyo, y compartiste en él tantas virtudes, que escribir sobre ti es uno de los grandes retos que se le abre a aquellos que te conocieron de cerquita desde nuestro presente hacia ese futuro que ya se no presenta ya a rajatabla.

    El lugar que tienes por derecho en la literatura cubana  no se anidará en la nada, ahora les toca a tus amigos defendértelo, despejarlo de las malas hierbas para que el sol lo ilumine eternamente.

    Me van a acompañar toda la existencia aquella copia de tu novela Ñámpiti que me dedicaste de puño y letra un treinta de diciembre… la selección de escritos de Borges… el poemario Lupus…, y lo más fundamental, me vas a acompañar en todo momento porque todavía tienes cosas que decirme.

    “¿Ya como vaso frío, duerme en la tierra el poeta celebrado?” Tal vez: no me resigno a creerlo de una vez y por todas. Tu espíritu nos seguirá dando señales en los versos, en el canto que le tuviste al chispazo de tierra que anclado en el mar Caribe desde ahora te guarda respetuosa; como hijo y madre que fundidos en un abrazo eterno no quieren dejarse ir.

   “¿Ya está hueca, y sin lumbre tu cabeza altiva, que fue cuna de tanta idea grandiosa, mudo los labios, aquella mano que fue sostén de pluma honrada, sierva de amor y al mal rebelde?” De ninguna manera: más que nunca debes estar latiendo en nuestros pulsos, más que nunca te preguntaremos cuando nos visites en la brisa: ¿qué harías Encina en esto, qué harías Encina en aquello? 

   “¿Fuiste hombre que amó supo y creó, puso luces, vio por sí mismo, señaló nuevos rumbos, le sedujo lo bello, le enamoró lo perfecto, se consagró a lo útil?” Sí, lo afirmo. Y lo seguiré afirmando mientras exista luz en mi pensamiento.

    Me cuesta sentarme en los rincones y con lápiz y hoja blanca entrelazar estos pensamientos para homenajearte. No me hallo capaz de sacar de mi mente nada más. Te doy las gracias a ti y a Dios: a ti por haber existido en mi mismo tiempo, a Dios por haberte creado en la misma época donde al menos pude compartir contigo algunos años.

                                                                                                                   Olber Gutiérrez Fernández
                                                                                                                   27 de septiembre de 2017       

sábado, 23 de septiembre de 2017

Crónica sobre mi abuela.


I

Parte frontal del Carné que llevó mi abuela durante sus últimos días
"Mi abuela está agonizando. Parece un pedazo de plastilina deformada con el vago aspecto de lo que fue en antaño una guajira fuerte para trabajar por su vida y las de su muchachos. Abuela se va a morir y yo no puedo darle aliento ni me puedo cumplir los deseos que tengo de darle de mi energía para que llegue a los cien. Se me va la vieja pero me queda sus huellas. La más profunda es que siempre mostró amor a pesar de que algunas de las situaciones demandaban hasta rajarle la cabeza a alguien. Viví con ella algunos cursos de mi primaria y jamás me faltó un plato de algo que llevarme a la boca cuando venía los mediodías de la escuela. Estábamos a finales de los famosos 90 que volvieron al mundo unipolar. Estaba la cosa mala y por lo general el menú indicaba fufú (de fongo o plátanos) desde el desayuno hasta la cena. Tampoco en casa se hacían pintorescos refrescos que han aumentado hoy en día. Había que coger unas cuantas cucharadas de azúcar prieta y mezclarlas con agua y disfrutarlas. No tengo fotografías que colgar para respaldar esta crónica. Mi abuela, aquella que se las inventaba por todos, con aquel corazón sin igual en el universo, no quiere levantarse más. Ya no volveré a tomar café de sus manos. Tendré que resignarme a guardar el recuerdo del gusto y tratar mientras respire nunca olvidarme de él. No puedo resistir verla como está. ¿Me fui lejos de Baire para escribir este breve párrafo? Digo estar listo para la noticia pero es mentira. Tengo en el fondo miedo regresar y encontrarme a todos llorando."
Dos Bisnietos de mi abuela
Escribí el párrafo anterior sentado en una de las esquinas de la emisora Radio Grito de Baire el día de gracia del once de agosto de 2017 y también, once días después, mi abuela fallecía a eso de las cinco y media de la tarde luego de volver mi padrastro y yo a casa de picar piedras. Como se puede apreciar aquella mañana no tenia ninguna fotografía. Hoy se puede ver que he conseguido al menos la del carné que la acompañó los últimos diecisiete años de su vida. De mi abuela hay tanto que decir. No pretendo que este texto sea famoso y me importa poco si llega a tener o no relevancia. Para mí la tiene y esta crónica es el homenaje que le quiero dedicar, eso nomás es lo que quiero dejar bien claro. 
Magalis Fernández Aguilar, una de sus hijas

Mi abuela se llamaba Euvelina Aguilar Fernández. Nació el 9 de febrero de 1929 en la Sierra Maestra. Hija de Fidel Aguilar y de Estelvina Fernández fue la esposa de Franklin Fernández  Garcés y madre de once muchachos entre los que se encuentra mi madre y curiosamente otro Arnoldo Fernández que abandonó Cuba en la década del 80 dejando dos niñas pequeñas. Llegué a la familia cuando faltaban cuarenta días para que terminara 1990 y entre tantos locos que ya contaba la familia transcurrieron mis primeros meses. Según mi padre que vivió aquellos tiempos en Baire haciendo múltiples trabajos para poder sobrevivir, abuela fue una mujer extraordinaria que veía a los hijos siempre pequeños aunque estos ya no lo fueran.
   
    -Si el mundo tuviera madres con el corazón de esa vieja fuese un lugar maravilloso –me decía y me sigue diciendo.
 
Papá no mentía cuando afirmaba esto porque sin especular, fui testigo de las veces en que la vi quitarse lo que estuviera comiendo cuando llegaba a la casa algún nieto y sin dudarlo dejaba de darle mordidas y se lo daba. 
Nieta y bisnieta respectivamente

Era la primera en levantarse. 

Entonces la casa se llenaba a aroma de café y humo. Nos despertábamos uno a uno. Descalzo me asomaba a la cocina, le pedía un trago y la vieja me regañaba por tener los pies pegaos a tierra. Por la cerca se asomaban algunos de los vecinos y le pedían un buchito o la saludaban con el Uve, ¿Cómo anda? de cada mañana, antes de seguir sus diferentes destinos bajo la neblina que caracterizaba al amanecer por aquellos tiempos. A mí nunca me faltó el pan aunque sea con aceite o con huevo de gallina criolla y mi vaso de café con leche  sobre la mesa cuando tenía que partir a recibir clases en la escuelita de El Cayo. 

Para abuela como buen cubana no le podía faltar ese brebaje tan caribeño ni sus tabacos Made in Casa que algunos productores independientes hacían en la mismo barrio. (Recuerdo que por un tiempo ya yo crecido traté de hacerle una huelga generalizada cuando me pedía que le buscara unos ejemplares que se vendían a cincuenta centavos y yo me negaba rotundamente dando votos de jamás comprarle ninguno.)

Las primeras palabras antes de ponerse en pie y prender el fogón de leña  era llamar al Miso, uno de mis tíos, para saber cuándo partiría para el Plan Vianda.  

II

Dicen por ahí que el amor de pareja se acaba con el pasar de los años pero eso, estoy seguro que no pasó con abuelo, claro, sin dejar de restregarle hasta la muerte de que no fuera tan goloso, que dejara los calderos tranquilos cuando regresaba de ver la pelota o el boxeo y metía las manos en la olla de harina de maíz o en el arroz recién hecho. 

Emilia Fernández Aguilar, una de sus hijas mayores
En los ochenta y ocho febreros en los que pudo ver la luz del sol la doña fue la reina de su cocina y en el dos mil seis esas vueltas de la Revolución Energética y todos los huracanes juntos no la hizo desprenderse de los cuatro pilares de ceniza. Se podían ir al a mierda la olla arrocera y la hornilla eléctrica. Nadie tendría el coraje ni los cojones de desbaratarle el fogón mientras ella respirase. Era un curiosidad que todos los hogares cocinaban con los nuevos equipos y desde la Calle E  no. 4 del reparto Vista Alegre, Baire, conocido popularmente como Barrio Mocho y otros nombres del imaginario popular, el humo se elevase al cielo día a día. Los más viejos del barrio la saludaban y yo sentía que aquellos afectos demostraban que las gentes de antes tal vez tenían más amor que los de ahora.

 


III
 
Muchos se empeñan en afirmar que yo fui un niño malcriado y que a veces irritaba a los mayores. Abuela a pesar de tener su alma llena de bondad también tenia sangre en las venas y sus arranques de vez en cuando. Ella cuando se molestaba conmigo o con alguno de mis incontables primos, siempre la culpa la pagaba nuestras piernas y la mata que en esta región de Cuba afirmamos en llamar Guataca de Burro, que en muchos lugares sirven en cayo como una especie de cercado. Fueron entonces las tantas veces en que nos sentimos en la necesidad de darnos a la fuga para no sentir el fuetazo que era por donde nos cogiera sin tantas explicaciones. Si no lograba sonarnos oíamos desde lejos que nos decía que ella era como un gato, que este no cogía el ratón corriendo. Luego se mantenía en vela y cuando pensábamos que todo había pasado nos arrinconaba para cobrarnos lo debido. Pienso hoy que aquellos guatacaburrazos pusieron en nuestras vidas su granito y la cordura que tenemos en la actualidad se la debemos a la Uve. 

Recuerdo siempre las noches en las que se ponía a contarnos como era su vida en las lomas, aquellas épocas antes del Triunfo en las que con dos o tres hijos chiquitos y ya preñada de otro se alzaba en los cafetales recogiendo el grano, de cuando una avioneta buscando a los rebeldes tiró algunas de sus bombas cerca del bohío, de aquellos vecinos que todavía recordaba uno a uno, de aquel mundo que ya existía cuando mis padre y su hija no eran ni semen ni óvulos listos para el milagro. En sus últimos lustros de vida, no cabía mañana, luego de colado el café en la que, echando un humo mirando al camino, sentada desde una esquina de su cama asomando a la ventana, no recordase los viejos tiempos o pensara en qué cocinaría o cuando lo haría.

IV 
Mi madre y yo

Entre los hermanos nunca faltan sus peleítas y mis tiazos varones no estuvieron exentos de esta costumbre tan humana. En casos de esos mi abue tomaba palo de escoba en mano y como buen jueza que era repartía palazos a izquierda y a derecha aplacando la bronca. Abuela comentaba que el trabajo no le quitaba ningún pedazo al hombre y que el tener las manos callosas no significaba ninguna deshonra, al contrario, bienaventurados los que mostraban al mundo las suyas como islas llenas de montañas. 

No existía ningún despenque de maní en la zona, por ejemplo, al la que no indujera a sus hijos en aras de buscarse unos pesos. A pesar de ser una guajira toda la vida brillaba por la atención que les brindaba a conocidos y a desconocidos. Recuerdo que nunca le vi negarle el café ni a aquellos vendedores del grano que a veces se lo vendían a altos precios. El reparto Vista Alegre se llenaba de comerciantes en bicicletas y de a pie y ninguno puede dar mala fe de que aquella señora flaca y menuda  de la primera calle ni aunque sea unas palabras de usted a usted dijera. Hasta Israel el loco en sus incontables caminatas llegaba cantando con la niebla y la vieja le preparaba un jarro metálico bien calentito. Luego Israel daba las gracias y en aquel idioma que solo el entiende seguía su peregrinar. Cuando chama medaba miedo. Esperaba que se fuera y abuela sonreía porque sabía.


V

Wilder, otro de sus nietos
Abuela tenía a Cristo en su hacer cotidiano. Jamás lo oí referirse a él para que tuviese misericordia ni por uno ni por otro exclusivamente, rogaba por todos.
     -Acuérdate de nosotros los pobres –decía si les faltaba dinero para sacar los mandados o si algunos de nosotros estaba metido en algún problema de cualquier índole.

Para ella sus hijos no solo eran aquellos salidos de su vientre sino también las generaciones engendradas por estos hasta los mismísimos tataranietos. Ignoro, porque nunca se me ocurrió preguntarle, quién le había hablado por primera vez ni en qué época de Dios. Pero si puedo asegurar que fue ella quien nos inculcó desde su manera peculiar creer en la sombra del Divino que nos protege desde las Alturas.  

VI

Otra nieta y bisnieto
Para sacarla de la casa cuando se sentía algún malestar o simplemente se sospechaba de algún síntoma, hacia al policlínico o al consultorio, la tarea se tornaba una odisea. ¿Miedo o terquedad? Solo ella tenía la respuesta. Se sentaba en una de las esquinas del viejo multimueble como tronco de piñón echando raíces profundas mientras que pensativa sacaba su tabaco y lo prendía. En silencio aspiraba y soltaba las bocanadas y ni su propia madre si resucitaba para pedírselo, la hacía moverse del sitio. 

El porqué de esta crónica quizás un poco desorganizada se la debo al sueño que no pude realizar: de hacerle grabaciones y que ella misma me hablase de su vida, de cosas que ya nadie nunca sabrá. Mientras me toque vivir y tener la mente lúcida sobre mi pasado, de mi procedencia, de gentes que contribuyeron a mi formación, abuela será en mi recuerdo una gran mujer, alguien que demostró con su ejemplo, que me dice desde ultratumba que olvidarla sería la peor de las traiciones que le puedo hacer a su legado.

Finales de agosto – 8 de septiembre de 2017.

Olber Gutiérrez Fernández. 

viernes, 22 de septiembre de 2017

Eduard no murió...


"...¿Alguien duda que la muerte marca el inicio?..."
Orlando Concepción, LECCIONES PARA MORIR

Eduard Encina, una amiga y yo, abril 2017
Hay momentos grandes en la vida. Uno fue haberlo conocido en el verano de los juegos de Beijing cuando me lo presentó en la casa de la cultura de Baire, Joan Manuel, amigo del barrio, instructor de arte y pintor. Por entonces me creía poeta. Me habló del Café Bonaparte y del taller literario que armaba en su casa todos los domingos. Le comenté que gustaba de música de la talla de Varela, Silvio y otros. Me dijo que me consiguiera un disco, lo demás correría de su parte. Fue una tarde noche la primera vez que pasé cerca del estadio y cogí la línea para llegar a su Cuartel de las Palabras. Con el tiempo las visitas aumentaron. Ya no pude despegarme de la literatura y aunque mis poemas eran malos seguí asistiendo como un fiel a su templo. 

Las clases comenzaban, ya tenia que volver a las matemáticas y a todo lo demás pero no había ni hubo noche en la que no añorase desde entonces volver. Alentado en ver que creyó en mí aceptándome en el grupo escribí mi primer cuento. Él descubrió el narrador y hasta mis últimos días le estaré eternamente agradecido. No puedo creer ni creeré nunca que ya no esté. Eduard camina mas firme a mi lado. Escucho su voz llamando a Mailer o corrigiendo las andanzas del Malcolm y del Handel por el patio o diciéndome que luche por terminar mi carrera y que buscara a Dios para hallar la paz.   

    Escuchare en mi corazón las lectura que hacia de sus textos, guardaré como tesoro que ya son los ejemplares que me dedicó de su puño y letra. No olvidaré (y se lo pido a Cristo de su inmensa misericordia que me ayude) su mirada; mirada amiga que me aconsejaba, aquella que desde ahora voy a extrañar con el alma. El Contramaestre no lo llorara, yo no lo voy a llorar. Mi hermano está mas vivo que nunca. Quedarán en la memoria aquellas jornadas veraniegas en las que todo el piquete junto a él nos sentábamos en cualquiera de las mesas del Café Cantante y debatíamos tomándonos tazas y más tazas, sus peñas en las que hacía del pueblo asistente su cómplice, los momentos en la sede de la AHS contramaestrense cuando vacilábamos y hasta como buen cubanos que somos nos dábamos cuero. Una de las inmensas virtudes que admiré (y seguiré admirando del gordo) era esa capacidad que tuvo para brindarle amistad incluso a sus enemigos. 

    El amor vivía en su humildad. Humildad demostrada por ejemplo en que siempre quiso escribir (y escribió) desde su esquinita en la Carretera Central sin olvidar a sus coterráneos de tierra adentro ni apartarse de ellos. Que les quede claro a los que lo conocieron: el camino empieza ya, no se detiene. No hay tiempo para lágrimas. Quien desee recordarlo como el inigualable hombre que fue que cuando piense en Eduard Encina Ramírez grite: no murió, Eduard no murió. No voy a mentirle, ni le mentiré a nadie, con decir que no extrañaré su presencia física de ahora en adelante. Estoy convencido de que nos hará falta y tengo la fe de que como él mismo dijera en la despedida de Orlando Concepción en noviembre de 2010: Un día (Mi hermano Eduard), también resucitará.


Olber Gutiérrez Fernández, 
10 de septiembre de 2017.   





sábado, 26 de agosto de 2017

ESPEJISMO


     Una de las puertas estaba entreabierta y la empujé suavemente. Llamé, nadie me respondió. En los cuartos las sábanas estaban revolcadas sobre las camas y descubrí entre ellas los esqueletos de sus moradores. Supe quienes eran. Hasta recordé las veces en las que nos reímos juntos. De regreso en la sala me senté a reflexionar. Afuera el paisaje semejaba una pintura abstracta. Con mis ojos, (de fantasma u hombre extremadamente longevo) recorrí todo aquel sitio. A unos metros veía el camino que conducía a mi antigua casa. Estaba cerrada. Debajo de los matorrales los jardines seguían intactos. Continuaban en pie los mismos árboles, e incluso aquellos que habían sido cortados por mi padre. Como salidas del aire aparecieron gentes que nunca había  visto. Deduje que serían los nuevos inquilinos del barrio. No pronuncie palabra. Cada cual tomó rumbos hacia sus viviendas sin saber por qué lo hacían. Los maldije. Después bajé un trillo buscando el río en donde aprendí a nadar. Sus aguas estaban sucias. Sus orillas llenas de mierda de vaca. Metí los pies en el fango hasta los tobillos. Resbale y caí. Alguien lo advirtió y me gritó. Reconocí la voz. Era mi antiguo profesor. Al parecer no era el único fantasma u hombre extremadamente longevo sobre la faz de una tierra, que sin saber cuándo ni por qué se había vuelto abstracta.

Aserradero, 15 de julio de 2016.

domingo, 13 de agosto de 2017

Picar piedras en Cuba es un trabajo

Los Picapedreros de Gustav Courbet
 
En muchas jornadas veraniegas, en las que cesan las actividades docentes a las que me dedico como profesor de Historia, aquí en el oriente de Cuba, el dinero de las vacaciones empieza a esfumarse de mi bolsillo. He tenido que sudar picando y sacando piedras para buscarme unos quilitos y al menos comer dignamente.

A raíz del esforzado tiempo que he vivido un par de meses haciendo este trabajo, me han entrado mucho ganas de escribir sobre los picapiedras de  Contramaestre. Nada mejor entonces que conversar con uno de mis parientes, que lleva unos cuantos años, jugándosela en esta aventura.

OGF(Olber Gutierrez Fernandez)
-¿Es verdad que sacar piedras da dinero? – pregunté para provocarlo.

P(Pariente)
-Bueno, si trabajas con inteligencia y sin maltratarte, vale realmente la pena. – Responde muy tranquilo.

-¿Es un trabajo duro entonces? –Insisto.

P-Sí, hay que cogerlo con calma, sin matarse. Si lo coges con mucha furia te revienta. Mira, ahora mismo me pasé un mes sin trabajar porque el tractor se rompió; pero lo aproveché para recuperarme físicamente.

-¿Qué se necesita para ser un picapiedras?

P
 Un par de guantes, pantalón, camisa a mangas largas, machete, barreta y mandarria. Se trabaja en lugares intrincados, donde hay  mucho guao, bejucos con espinas, alimañas de todo tipo.

-¿Vale la pena un trabajo así?

No tenía zapatos y otras cosas que me hacían falta y gracias a mi consagración aquí,  me los compré. Es una pincha en que te la pasas al sol el día entero, gastando energía y haciendo fuerza; para el que no esté adaptado, es muy perjudicial para la salud. Un error te puede crear una hernia o joder la columna.  Es tres veces más gasto de energía que cualquier trabajo simple. Hay que sacar las piedras, llenar la carreta y hacerlo con las exactas, porque si no la llenas bien, no hay buena paga.

-Sacarlas y llevarlas al vehículo que va a trasladarlas es un tremendo desafío. ¿Verdad?

Para uno solo es una mañana trabajando sin descansar;  pero cuando somos más, comenzamos a las siete y antes de la diez tenemos dos carretas llenas. Cuando el tractor llega, nos pasamos media hora cargando cada carreta.

-¿Crees que sacar piedras es un trabajo digno?

No es un trabajo vinculado al Estado; no pagas seguridad social;  pero es algo muy digno, pues no te perjudica, ni te enreda con la ley.

- ¿A qué peligros te expones día a día?

Usamos guantes, sin ellos esto es una locura. Yo he recibido unos cuantos picotazos de alacranes, arañas peludas...

-¿Cómo eligen los lugares para sacar piedras?

En mi caso ya tengo un lugarcito para trabajar que no tiene nada que  ver con las fincas de los campesinos.

-¿Hay muchas personas aquí en Contramaestre que se dedican a picar piedras?

-Hasta donde se, somos unos cuantos grupos, por lo menos aquí en la zona donde trabajo. Mira, ahí mismo, al frente, hay dos socios metidos en su pedacito.

No es algo fijo. A veces los mismos tractoristas son los que eligen donde hay buenas lajas. A mí me dijo uno donde había y nos fuimos a inspeccionar. Nos pusimos de acuerdo y nos quedamos.

¿Vale la pena tanto esfuerzo?

-Es un trabajo donde inviertes no más que tu fuerza y acaso la merienda que llevas. Merienda que en todo momento debe ser reforzada. Para tener una saca de piedras, hay que estar bien alimentado dada la intensidad de lo que hacemos. Otra cosa, es mejor que la merienda sea económica porque si la buscas muy cara no da la cuenta. El objetivo es gastar menos para hacer más.

Al principio yo me mataba, pero poco a poco le cogí el ritmo y saco una carreta diaria; son 100 pesos (4 CUC).

-¿Adónde llevan las piedras?

Al molino de Ariel en Cruce de Anacahuita, allí es convertida en múltiples fines.  Tiene un contrato con Fábrica de Puentes. Cuando a esta última se le acaba la materia prima para hacer piezas prefabricadas, mandan carros allí  y van cumpliendo sus planes.

Hablemos ahora de dinero. ¿Cuánto vale cada carreta de piedras?

De cincuenta a cien pesos. El del molino paga al del tractor y el tractorista viene y te da lo tuyo. 

-¿Trabajas todos los días?

El día que no saco piedra, es dinero que me dejo de buscar y la cosa está muy mala. Uno de los trucos claves de esto es que tienes que ser constante. No podemos obviar el descanso, pero si el cuerpo está en óptimas condiciones, fuego a la lata, digo, a las piedras. En los primeros meses trabajaba de domingo a domingo.

Ganas entonces unos 700 pesos a la semana, que en el mes vienen siendo 2800 (112 CUC). ¿Trabajar así, con esa entrega, no te ha traído problemas de salud?

Los que nos aventuramos en esta pincha aprendemos con el tiempo. Al principio te duele el cuerpo, pero luego te vas adaptando.

¿Cómo es un día sacando piedras?

Yo me levanto a las cinco y media de la mañana. Como vivo distante en lo que llego son las siete. Empiezo. Como a las diez hago un receso y me como la meriendita. De ahí comienzo otro turno hasta las doce. Luego almuerzo lo que llevo y tengo un lugarcito donde me doy una breve siesta, hasta hecho un sueñito. A las tres me pego hasta a las cinco y algo más. Cuando quiero aprovechar el día me extiendo hasta la más profunda oscuridad. Después, retirada a casa, baño, comer y a la cama.

¿La saca de piedras es todo el año?

Lo hacemos por temporadas porque es muy duro. No podemos decir que nos vamos a dedicar por entero a ello; trabajamos tres o cuatro meses y hacemos un dinero rápido. No es lo mismo ganarse 25 pesos al día en una empresa estatal, que cien pesos en un rato. La necesidad obliga, ¿entiendes?

Por donde quiera que tú lo mires es mejor. Aquí se gana una platica limpia; no le robas a nadie y sobre todo, lo haces con el sudor de tu frente.

Guamo: Identidad de los guaménses

 
Conozco gente de ciudad que si le dices dónde vives no pueden aguantarse el mal de gesto de asombro y dicen que eres donde el diablo dio cinco voces y nadie lo oyó. Así me ha pasado con Guama, el municipio montañoso que se enclava al oeste de Santiago de Cuba, aquella villa fundada por el adelantado Diego Velázquez y en al cual tengo la dicha de vivir hace más de quince años. Demás está decir que esas situaciones a nadie le gusta sobre todo si te ofenden el lugar donde has despertado tantas mañanas de tu vida. No soy guamense de nacimiento más cuando vine a vivir aquí el verde de las montañas y el azul del mar me adoptaron para hacerme hoy lo que soy. En Guamá reside un mundo maravilloso. Sus residentes loma arriba apenas en la actualidad comienzan a abrirse paso en el mundo globalizado. Mi comentario puede ser buen pretexto para una otra crónica. Quiero hablarles en esta de una obra que recibe al viajero que llega a la capital municipal tanto como a los cubanos o al extranjero. Es el caracol (o Guamo), una obra que identifica al municipio y está situado a mano derecha frente a las cadenas de tienda CIMEX. Tuve la oportunidad de dialogar con Yoandris Arañó, otro hijo orgulloso de su terruño y uno de los dos hermanos que trabajaron en el proyecto. Aquí les va sin más el resultado de la pequeña entrevista pero muy importante que me concediera:

-¿Cuándo surgió la idea de este proyecto y quienes fueron sus protagonistas?

-La idea surgió a mediados de 2015 cuando Benigno Rodríguez Torres*** nos habló acerca de crear una obra que identificara al municipio. Nos propuso varias opciones y por ejemplo la que más funcionaba era la del Caracol. Los protagonistas mi hermano y yo. (Yoandris y Yoendris Arañó. Pintor y Escultor respectivamente). Con el apoyo de Benigno y la institución de Comunales que nos brindaron el espacio y el financiamiento de la obra. Esta fue realizada en cuatro meses y medio.

-¿Quiénes creyeron que se podía realizar la obra y quienes no?

-Creímos en la obra nosotros y nuestra familia, conocidos; demás está decir, o para qué, quienes no.

-A raíz de aquellos que dudaron, ¿Tuvieron ustedes miedo?
-Fue un reto. Nunca tuvimos miedo.

-¿Cómo ha aceptado el pueblo la obra?

-La obra tuvo buena aceptación. El pueblo se siente identificado con esta y siempre hace actos de reconocimiento sobre todo cuando nos detiene en la calle para preguntarnos y hablarnos de ella. Tienen un muy buen criterio como de nuestro trabajo como de nosotros los artistas.

-¿Crees que el Guamo representa dignamente al municipio?

-Creo que el Guamo comienza a identificar el municipio porque el ícono de siempre ha sido el Pico. Creo que el Guamo funciona mejor.

-¿Cómo artista cual ha sido tu experiencia con este proyecto?

-Me sentí muy emocionado al ver el resultado final pero sin embargo en el proceso de creación como muchos otros la disfrute más ya que a la vez tuvimos contacto con el público, trabajando a veces hasta la nueve treinta de la noche, otras hasta las diez lleno de cemento yeso o barro. Mi papá nos ayudó así como otras personas de Chivirico. Ha sido muy interesante y no la voy a olvidar nunca.

-Dices que hasta las nueve treinta, otras hasta las diez. ¿Cómo fueron esas jornadas? Es decir, ¿A qué hora comenzaban? ¿Cuáles fueron algunos de los pasos?

-Empezábamos a las siete u ocho en los talleres de comunales. Hicimos primero la base (encima de una llanta de un carro pequeño). Empezamos a soldar los alambres y cabillas. Utilizamos barro para modelar la pieza (Proceso que duró tres meses, no hubo dificultades.) el yeso utilizado fue comparado en Holguín. (Se utilizaron 10 libras). Luego se trabajó en el área en donde se iba a montar la obra (diseño del espacio). Esperamos unos diez días para que se endureciera la pieza dentro del molde. Después trabajamos en el acabado (figura final que se puede observar).

-¿Qué recuerdas del día de la inauguración?

-El día de la inauguración se celebró un acto que hizo referencia en todos sus aspectos al municipio (Guamá). No faltó la participación de Benigno que expuso las palabras de presentación, representantes de la casa de cultura municipal y el pueblo que fue el principal protagonista.
 
-¿Algún mensaje para aquellos que aún no se deciden a realizar las suyas?

-Solo tengo una sola cosa que decir; arrancar y no pensar.

Mayo 21, 2017.

lunes, 31 de julio de 2017

El hombre desnudo

  
     -Cuídate, Cundo, que hoy se sueltan los perros del cielo –comentó el primo Quique que sonreía pícaramente en forma de despedida mientras que su mujer e hijo lo esperaban ya en el trillo.
   Al rato el viejo salió al portal, y no lograba explicarse por qué todavía le resonaban en los oídos aquellas palabras. La oscuridad, por instantes, era rota por los flashazos de los relámpagos. La tormenta era inminente. Sin temor alguno se sentó a balancearse en su sillón de caoba. Del bolsillo de la camisa Sacó el tabaco y prendió un fósforo.
   Oyó ladrar a los perros y aspiró una bocanada. Extrañado prestó atención. Ninguno de los primos acostumbraba a regresar luego de terminado el juego de dominó. Se paró junto a un horcón para observar mejor. Le disgustaba no obtener ninguna información entre tanta oscuridad. Tal vez le habían cogido miedo a la tormenta. 
   -¿Quien anda ahí? ¿Qué quiere?
   -¿Facundo Martínez? –le respondió una voz desconocida y sintió como desprendían el alambre del portillo.
   -Soy yo. ¿Quién quiere saberlo?
   La silueta siguió avanzando hasta que la luz del candil fue revelándola por completo. Era un joven, y el viejo quedó convencido de que no era por todo aquello. Venía desnudo. Su piel era pálida. Cualquiera se hubiese asombrado menos Facundo.
   -Vengo desde lejos –dijo- Al parecer es verdad lo que me han dicho.
   -¿Y qué le han dicho?
   -Que usted no tiene miedo.
   - Han sido pocas las cosas que me han asombrado. Pero desembuche ¿qué quiere?
   - Vengo del mismísimo infierno.
   -Mas bien parece un loco. Está a punto de llover, entre ¿Allá en el infierno no les da catarro?
   -Intentaré ser breve –interrumpió el desconocido –.No soy ningún loco.
   -Acabe de decir entonces qué es lo que quiere, No quiero perder la paciencia por segunda vez en la vida.
   -Sí, ya sé. La primera fue cuando le robaban los chivos, ¿Recuerda?
   -¿Y cómo usted sabe eso?
   -Su compadre me lo dijo antes de tomar el tren.
   -Eso es imposible. Al que era mi compadre lo machetié en el acto. Ese ladrón no llegó vivo al pueblo. ¿Usted se está burlando de mí, caríjo? 
   -Yo solo me limito a hacer mi trabajo.
   El viejo miró al desconocido a los ojos y se percató de que estos no brillaban. Por primera vez se le agitó el corazón pero quiso disimularlo y apagó el tabaco contra el mango del balance.
   -De donde vengo, veo a su compadre casi todo los días. No le guarda rencor ¿Sabe?
   -Con los muertos no se habla, a menos que uno también lo esté o que la Muerte misma quiera decirme algo en persona.
   -Es verdad, la Muerte suele hablar con algunos vivos. Sobre todo si les toca partir. No le daré más rodeos Facundo Martínez…
   -Aún no estoy listo –dijo el viejo, entendiendo.
   -No puedo hacer nada.
   -Mi madre siempre decía que la Muerte venía encapuchada, y mire usted... ¿gustaría un jarrito de café? Colé un poquito mientras jugábamos dominó. Mi primo Quique se marchó no hace na´. ¿No lo vio por ahí?
   -Me pasaron justo al frente con los mechones en la mano. El único que se percató fue el perro, se puso a ladrar. Uno de ellos lo regañó diciéndole que no fuera tan soquete y que no le ladrara a los relámpagos. A veces es mejor ser un perro. No perdamos más tiempo, le acepto el buchito; se me está prohibido, pero haré una excepción.
   El ya no tan desconocido se sentó en el balance.
   En menos de diez minutos romperá a llover –dijo.
El viejo volvió con el jarro y el tabaco encendido. El café estaba amargo, exactamente como le gustaba, a pesar del protocolo que violaba.
   “De veras que soy osada” –pensó.
   Esperó a que el viejo terminara de fumar y apagara el mocho, después se puso en pie frente a él. Este frunció el seño cuando un rayo iluminó el camino en dirección al portillo.            
   -¿Cómo lo harás? –preguntó Facundo, pues no veía guadaña, ni ninguna otra cosa que pudiera quitarle la vida.
   -Con el dedo, simplemente con el dedo.
   Después de decir estas palabras, tocó la frente del viejo, quien comenzó a sentir un olor a tierra mojada y aunque se esforzaba en abrir los ojos, no pudo ver cómo al joven le salían unas enormes alas grises y emprendía el vuelo.

5 de octubre 2016    

Onel Pérez: ´´La literatura es como un árbol´´




Onel Pérez Izaguirre
-¿Qué es para Onel Pérez Izaguirre la literatura?

-Literatura es la otra realidad que las personas no saben percibir. Hay que tener oídos y ojos espirituales  . Son aquellas palabras que te vienen como susurradas, frágiles y es inevitable que guardes silencio ante ellas. Palabras que al final van a tener un compromiso social, un compromiso para que la gente a través de la literatura pueda crecer.

-Sé que vas a publicar tu primer libro, ¿Cómo te sientes al saber que al fin tu esfuerzo va a salir a la luz?

-Un libro es una criatura, el fruto del trabajo; el sacrificio de los escritores y más de aquellos que somos locales, que vivimos alejados de las ciudades. Publicar Fosa Común me hace sentir feliz. Va a salir publicado por la AHS, organización de los jóvenes artistas que son la vanguardia y el talento, específicamente por Ediciones Ávila. Es un texto complejo. Habla sobre la realidad actual en Cuba, la familia, la concepción que tengo de la poesía, es una obra que habla de cosas que no se dicen. Mi poesía llega a esas partes de la marginalidad. Yo creo que mi libro nos da la oportunidad de ver esas cosas y contarlas a través de la belleza y eso es lo que he querido lograr con este volumen.

-Hay un punto interesante en aquello de que somos escritores locales, ¿por qué tenemos la necesidad de creer que  no somos menos importantes que los escritores a nivel nacional o inclusive internacional?

-La literatura que hacemos desde aquí también ayuda a la gente a vivir. En mi obra no hablo solamente de dolor, hablo de la vida, de cómo mis poemas pueden llegar a sensibilizar. Decía Martí: "La poesía es la lengua de lo subjetivo permanente". Es decir que la poesía (en mi caso) trabaja conscientemente y subjetivamente creando maneras. También decía Martí: "la poesía le da el deseo y la fuerza a la vida". Siento que lo que escribo ha ayudado en los barrios, en esos lugares muy locales, y lo he percibido en mis lecturas, en las formas de avanzar en la vida,  de esforzarse y sacrificarse. Dice en el libro de Josué, en La Biblia: "Esfuérzate y se valiente". Decía José Lezama Lima algo parecido: "solo lo difícil es estimulante". Yo no creo que los escritores locales seamos menos importantes como los nacionales o aquellos que viven fuera de la Isla.

-Para ti, ¿qué es lo más importante, la fama o trabajar para crecer en el espíritu?

-Es verdad que la fama de alguna manera te da reconocimiento y visibilidad. Los premios son importantes. Pero los premios ni la fama dicen si eres buen escritor o no. ¿Qué dice o afirma que lo seas?: El tiempo. Por ejemplo, el gran Lezama Lima no ganó grandes lauros, pero sin embargo fue Lezama Lima y por qué, por todo el sacrificio, todo el empeño que puso en su obra. Él estaba decidido a ser lo sería en su vida sin importarle llegar a la fama. Como el caso de Jorge Luis Borges y otros tantos.

-Podemos resumir que la literatura es como un árbol que primero tememos que sembrar para que con el tiempo nos de sus frutos.

-Exacto.

-Este libro que vas a publicar es la semilla, no de la fama, sino de tu trabajo y el esfuerzo dedicado.

-Sí, creo que mi libro lo hice con inocencia, es mi primogénito, donde creo que hay poemas que me marcaron definitivamente como el que le da nombre al libro. Cuando yo lo escribí me dije: yo voy a ser poeta. Antes había escrito algunas cosas. Este libro va a hacer la semilla y la continuación porque sé que los libros que van a venir detrás, tienen que romper con lo primero, tienen que tener otro crecimiento.

-Entonces, ¿Asumes este libro como el fruto de los machetazos, por así decirlo, de los talleres con Eduard y los demás en el Café Bonaparte, de las críticas... lo asumes como un buen resultado que te anima a seguir el camino de la escritura.

-Exacto.

-Gracias por esta entrevista para El Cubo…

-Gracias a ti.  

miércoles, 26 de julio de 2017

Pico y pala en Cuba oriental bajo un sol picante


Por Olber Gutiérrez Fernández. 

Es verdad que los intelectuales no nos acostumbramos a trabajar duro cuando tenemos que coger pico y pala. No más damos los primeros golpes a la tierra y ya parecemos un tronco tirado a la sombra. Eso fue lo que nos pasó a Arnoldo Fernández Verdecia  y a mí, a pesar de mis 26. Arnold me invitó a deshacernos de un montón detrás de su nueva casa ampliada. Me dijo que llegara temprano, pero el transporte cubanísimo, ese que tenemos, me lo hizo imposible. Comenzamos casi a las once de la mañana. Ya el sol estaba superpicante (no por gusto estamos en julio), y mi socio Arnold y yo, no aguantamos hasta la una de la tarde. Todo el tiempo fui el conductor del vagón, -nunca pico y pala, eso era de Arnold- y sin matarnos mucho adelantamos bastante. Luego nos comimos dos huevos duros y un par de prú de oriente (voy a ser sincero, fueron muchos más). Yo prefería ir hasta donde votaba la tierra y admirar el río Contramaestre y los dos puentes que hacen juego con el paisaje. 
Hablamos de literatura, lo flojo que fue One el poetón de Baire, a quién dedico esta crónica; del viaje del gordo Encina a Colombia; de mi vida; del futuro…El máster Arnold estaba rojo cuando terminamos la primera sesión. Sobre las tres de la tarde le metimos mano al taller de blog que me debía Arnold desde hace unos meses atrás. Mano que duró hasta casi las siete y me fue muy productiva. 
Para no joderme la paciencia otra vez con lo del  transporte, decidí quedarme y antes de que cantara el gallo matutino, “estás listo para seguir votando tierra”, era Arnold que asomaba sus ojos por una ventana. Pensé que no iba a dormir en toda la noche cuando me presentó un modesto catre, pero afortunadamente fue todo lo contrario. 
Ya el supermán de Fernández Verdecia estaba repuesto para de nuevo volver a la cagá, digo a la carga(es que la r del teclado está media mala y sin querer se me fue una tilde). El vagón estaba listo para que lo manejara por segunda vez. Antes de las nueve acabamos. Además de tupirle el baño a Arnold y sacar las conclusiones de que puedes encontrar cosas importantes allí para leer, como el ensayo: “El río de Céspedes, Martí y Fidel está muriendo”  y desayunar bajo un árbol de guásima que hay al fondo de la casa; hablar de una perra que me quería morder cada vez que daba mis viajes de tierra y querer dedicarle al One esto, no hay muchas cosas más que decir… Ah! felicitar a One de corazón por su publicación próxima y que no sea tan blandengue….

martes, 25 de julio de 2017

Los sesenta del Uvero: Crónica de mi viaje a la impoertante celebración, aquel 28 de mayo de 2017


   Primero fue la caminata entre Bayamita y el Campamento de Pioneros Exploradores Pedro Ortiz Cabrera, después, la noche entera despiertos. Podríamos haber dormido un poco pero no: algún duende travieso nos hizo permanecer con los párpados activados mientras el tiempo pasaba.  Así estuvimos hasta las tres y media de la mañana cuando teníamos que seguir caminando hasta alcanzar la localidad del Uvero. Día: 28 de mayo de 2017 en la madrugada.
   
    Éramos un grupo de diferentes sectores, pero todos con un denominador común. Todos jóvenes e íbamos a rendirle tributo a Fidel en el aniversario 60 del famoso combate. Salimos del poblado cabecera a eso de las seis de la tarde. En el puente de Bayamita aprovechamos la crecida del río, resultado de los aguaceros de abril y, sin importarnos los mosquitos que insoportables se mostraban, nos zambullimos un buen rato en sus aguas. Hacía calor, pero el agua congelaba los huesos. Llegamos al campamento pasadas las nueve entre risas y alboroto. De ahí las conversaciones que duraron todo lo que nos quedaba de la noche y parte de la madrugada que recién empezaría.
   A las tres nos alistamos. A las cuatro la mezcla de estudiantes, profesores, trabajadores del deporte, directivos de la Unión de Jóvenes Comunista (UJC), reanudamos la caminata. Objetivo: estar presentes en el asalto simbólico a las cinco de la mañana. Ya era 28 de mayo. Sesenta años atrás desde donde hoy podemos ver ondear dos banderas, el líder rebelde hizo su primer disparo. Los aproximadamente tres kilómetros que nos restaban, no se hicieron sentir bajo nuestros pies. Me sorprendió que ya a esas horas de la madrugada los alrededores en donde en antaño se encontraba el cuartel estuviera tomado por los pioneros. Con nosotros iba un personaje de la radio local Radio Coral, Eliecer Joubert Roblejo. Eliecer había caminado a lo largo de cuarenta y seis millas que separan el enclave de Santiago de Cuba. A las cinco el primer disparo de salva, además de hacer huir un perro que deambulaba a esas horas en el momento equivocado, me hizo saltar el corazón. Imaginé el susto que se llevarían los soldados de la tiranía aquel 28 de mayo de 1957, que soñolientos no esperaban aquellas tres horas de combate.
   
    Durante los minutos previos se dejaron escuchar canciones de Silvio y de Pablo. Luego de los disparos se escucharon en la voz de una pionera los nombres de los caídos por las tropas rebeldes. Después, un poema que los recordaba…
Terminado el asalto, vendría el acto a las ocho de la mañana. Se esperaba la llegada de Guillermo García Frías y Ramiro Valdés Menéndez. Mientras, algunos ya vencidos por el sueño nos tumbamos un rato, luego de desayunar, sobre los bancos del parque. Empezaba a amanecer sobre las lomas que rodean Uvero. Me dieron, a pesar del cansancio, deseos de subir las escalinatas. Dios mediante pido tener vida para en el próximo año hacerlo.
     
Pizarra humana, uno de los atractivos en los 60 del Uvero
   El helicóptero se hizo escuchar sobrevolando sobre nosotros. No recuerdo la hora exacta. Todos vimos cómo se posó sobre el campo de beisbol levantando el polvo majestuosamente. Muchos al no estar habituados todos los días de ver el espectáculo miraban curiosos. En algunos minutos más, la entrada de ambos, protagonistas de los acontecimientos de hace seis décadas.

    El acto no se hizo esperar. No es lo mismo ver las cosas por televisión a verlas en vivo y en directo. Por la TV solamente hacen una sinopsis. Estar presente y no perderse ninguno de los detalles es mucho mejor. A la entrada de los dos héroes, el pueblo en les dio un aplauso que aún dura en mi memoria. Después, la gala arrancó sin más preámbulos. El cielo de Uvero nunca había estado tan azul. El sueño me (nos) seguía rondando pero muchos estuvimos de pie mientras los muchachos vestidos de verde olivo portando el brazalete del 26 volvían a representar a los caídos presentes más que nunca, mientras que el coro madrigalista dedicados para la ocasión nos deleitaba con sus múltiples voces y endulzaba el ambiente, mientras el número interpretado por el septeto Guamá me decía que el son no es solamente de Santiago, sino también propiedad de nuestras lomas, mientras la poesía me hizo recordar que la vida es más placentera si ella está presente. La pizarra humana representaba la enseña nacional y el aniversario 60 de los acontecimientos me decía con sus colores que vale luchar como se pueda por la Patria... Teníamos sueño, sí. Pero las ganas de ser parte de la historia sesenta años luego, nos mantuvo despiertos.

    El regreso fue de la misma forma en la que llegamos a Bayamita. Parecíamos, bueno, éramos los cansados, los que prepararíamos una buena cita con la cama. No sé los demás, pero la experiencia valió la pena. Es curioso que a veces se diga que hay lugares que, por estar apartados de toda civilización, no son tan interesantes. En ocasiones me pregunto, ¿por qué solamente lugares como el Uvero (y otros tantos) solo son tratados cuando llega solamente el 28 de mayo y mientras pasan los otros seiscientos sesenta y cuatro días nadie los recuerda?. Pero eso será punto para otro tema…

Personajes Guamenses: El chino Silva

Chino Silva con algunos de sus nietos jugando dominó.
Uno de los primeros recuerdos que tengo del personaje del que les voy a hablar, se remonta en el tiempo a cualquier día cotidiano que puede tener un muchacho de la Sierra Maestra al que, con el padre ocupado, mandan a la bodega por la tarde a buscar el pan del censo. Allí estaba el Chino Silva junto a su perro Huracán. Era nuevo en el barrio. Aquello se deducía porque jamás lo había visto, porque todas las personas de una localidad rural, aunque se odien a muerte o se amen, se conocen unos a los otros.
  
Yo en chancletitas,  shorts y camisetita sencillas, con la libreta y jabita de nylon, me puse, mientras esperaba mi turno, a estudiar al nuevo inquilino de Cañizo. Era un señor que hablaba alto y de una forma u otra con todos se metía. Me enteré con algunas vecinas, aquellas de las que van a dos cosas a las bodegas y se aburren en sus casas, que el Chino había permutado desde Chicharrones, Santiago de Cuba, con unas de las familias aspirantes a dejar el monte por una cómoda residencia en la urbe heroica y hospitalaria.

Con el paso de algunas semanas supe que se llamaba Manuel y ocupaba la casa de Ester, a la que le compraba duro fríos los fines de semanas cuando le pedía a mi padre uno o dos pesos. Tuve que resignarme, como otros tantos muchachos a perder los ricos duro fríos de Toki y de pulpa de mango cuando era temporada de estas frutas, más, con el nuevo morador, siempre tuvimos quien nos tirara por la cerca, algunos mangos de diferentes variedades y bien maduritos.

Después nos fuimos habitando a su gritería y jovialidad. El Chino entró más en mi vida cuando su hija vino a vivir con él. Esta contrajo una relación amorosa con mi padre soltero y de alguna forma pasó a ser mi abuelo postizo. La nueva situación me trajo numerosas ventajas, aún más cuando, Yolis Inalvis se mudó con nosotros y me mandaban a llevarle alguno que otro posuelo de sopa u otro plato casi siempre arroz con… Tenía el poder de coger cuantos mangos quisiera comerme.   

El chino Silva disfrutaba del juego de dómino. Sentía gran afición por los gallos finos. En sus buenos tiempos del ron puro cubano. De las mujeres tan caribeñas que son nuestras damas criollas. Así, lo supe conocer sin darme cuenta que, años después, estos elementos me servirían para redactar esta crónica y ver su recuerdo perfecto para subirlo a este blog como personaje identitario de lo que significa ser cubano.

En su juventud
En octubre de dos mil diez hice mi entrada a la universidad. Entraba los lunes y los viernes, cansado de una semana intensa de ajetreo entre claes y conferencias, solía encontrármelo al chino en la terminal del Serrano en muchas ocasiones. Antes de yo verlo a él, él me veía y me gritaba: ¡Hijo e Olber! Enseguida me ponía hacer chistes a su lado hasta que la guagua apareciera.  

Un año y medio después murió. Tardé bastante en recuperarme de la sorpresa. Mi madrastra guardó algunos documentos y fotografías que estuvieron a punto de desaparecer pero rescatadas por ella me hicieron coger fuerzas e inspiración para hacerle desde esta página Web este pequeño homenaje. Entre los papeles viejos y machacados por el tiempo encontramos una autobiografía escrita de su puño y letra. La he reconstruido de la forma original debido a que el Chino Silva no era muy amante a la buena caligrafía y la he llevado a tercera persona, cosa que no le quita de ninguna forma mérito al buen tipo que fue. Arreglada ortográficamente no pierde su esencia. A continuación les dejo con la auto biografía. Luego, unos cuantos archivos que pude fotocopiar para dar elementos visuales de quien fuera y será para siempre el Chino Silva. 

´´Manuel Silva Socarrás nació el 6 de abril de 1938 en El Cobre, Santiago de Cuba. Hijo de Pedro Silva y Juana Socarrás. En febrero de 1958 se incorporó a la tropa del capitán Israel Pardo Guerra junto a su hermano mayor Ángel y un primo llamado Samuel, en el campamento de Brazo Frío. Allí sostuvo su primer encuentro con las tropas de la tiranía. Luego pasó al campamento de La Peña donde cumplió varias misiones como fueron la recogida de armas y la busca de alimentos. Después pasó al campamento de La Anita bajo las órdenes del capitán Enrique López ya que Israel Pardo había bajado hacia donde se encontraba el Che Guevara. Por esos días muere en combate su hermano Ángel. Cabe destacar que su madre también se incorpora al Ejército Rebelde. Al triunfo de la Revolución se destacó en varias tareas. Participó en 1961 en los acontecimientos de Playa Girón. En 1968 se desmovilizó de la vida militar pasando a la civil. De ahí en adelante participó en la zafra de 1982 y trabajó en el combinado cárnico de Santiago de Cuba.´´

Murió el 9 de mayo de 2012 dejando tres hijos, cuatro nietos y unos cuantos amigos que le extrañan.




Distinción que lo acreditaba como combatiente de la Revolución

Cartulina que lo evalúa con la medalla 50 aniversario de las FAR

Cartulina que lo evalúa con la medalla conmemorativa ´´Victoria de Playa Girón

En el cumpleaños uno de su nieta Angélica Gutiérrez Silva

Medalla cnmemorativa Playa Girón

Medalla conmemorativa de las FAR





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