jueves, 28 de enero de 2021

Galería Fotográfica: Otras formas de mi visión martiana

 También tengo mis formas artísticas de ver a Martí y las siguientes instantáneas, tocadas con algunas de las opciones que nos pueden regalar las nuevas tecnologías son el ejemplo perfecto. Disfruté cada una de ellas mientras las iba descubriendo en el móvil. Es mi homenaje hacia el más universal de los cubanos en el aniversario 168 de su natalicio:

 





























 

jueves, 21 de enero de 2021

Sobre "La moral y los instintos reprimidos", un texto sugerente de Mark Twain


Es una noche de enero de dos mil veintiuno pasadas las ocho. Sentado en un cómodo balance, de aquellos que están en la sala de mis suegros, tomo de mi pequeño librero que se halla al lado a pocos centímetros bien planificado, uno de los dos ejemplares que poseo de “Mark Twain: un cronista de su época”, conjunto de textos compilados en Cuba y escritos por el creador del aventurero Tom Sawyer hace ya más de un siglo. No sé en realidad que es lo que busco pero como explorador sin más nada ya que hacer en la jornada que pronto terminará, repaso una y otra vez las páginas del volumen. De pronto me detengo en la ciento ochenta y dos por lo sugerente de su título. A mí vista se desliza un párrafo que según los editores aclaran ser fragmentos de una carta escrita a un tal J. H. Moore el (­­­­sábado) dos de febrero de mil novecientos siete  (hace ciento trece años once meses con diecinueve días según mis cálculos en el preciso momento en que las replico en ECO, pero que de una forma trascendental mantienen algo de su vigencia en los tiempos presentes) y empiezo a leer con gran atención. Lo que voy descifrando en el citado texto me provocan en el pensamiento fuerzas equivalentes a la explosión de sesenta mil bombas atómicas juntas y al concluir no tengo palabras exactas con qué expresar realmente la importancia que tienen aquellas seis oraciones halladas por mí sin ser buscadas. Aunque pasados ya algunos días de aquello hoy las anexo en este blog con la esperanza de que no se pierdan olvidadas en los libros y de alguna manera continúen vivas como la lección que creo que son:

 

La moral y los instintos reprimidos

 

Hay una cosa que me sorprende continuamente: como herederos de la mentalidad de nuestros antecesores los reptiles, hemos mejorado la herencia en muchos grados; pero en cuestión de la moral que nos legaron, hemos retrocedido otros tantos. Esa evolución es extraña y, para mí, inexplicable y antinatural. Necesariamente comenzamos dotados de su misma moral perfecta e inmaculada; ahora estamos desprovistos de ella, por completo. No tenemos verdadera moral, moral real, sino sólo artificial, una moral creada y preservada por la represión forzada de los instintos naturales e infernales. Y, sin embargo, somos suficientemente romos* como para enorgullecernos de ella. De cierto, los humanos somos un invento bastante cómico.

 

romos* Pocos inteligentes, sin agudeza intelectual. (Nota del Editor de este Blog)

 

   

lunes, 18 de enero de 2021

Como Don Quijote, contra los molinos de viento (o contra los gigantes, según la percepción de cada cual ante la vida).

Imagen tomada de Internet
 

 

   Aunque en lo personal cuento los años de mi vida a partir de todos los 21 de noviembre  año tras año, por ser este día la fecha de mi nacimiento en 1990, no dejo nunca de mirar cada 1ro de enero como esa forma que es de sumarme yo también a la tradición del mundo entero de un conteo de doce meses cargaditos de recuerdos que han concluido y presenciar la extraña mirada de los otros doce más que empiezan ya a correr.  

2020, espacio de tiempo internacionalizado ya históricamente por los siglos de los siglos debido al disparo biológico que ha suscitado la Covid 19 hacia la comunidad humana mundial, nos ha legado miles de historias en tal sentido y difícilmente cabrían en pequeños tomos una síntesis siquiera de lo jodido que estuvo la cosa:

   Miles de muertos por la pandemia, millones de contagiados.

   Una marea que no baja.

   Ya nos deslizamos 2021 adentro: ahora nos llega dicen, un segundo rebrote más fuerte e intenso y no nos queda de otra que luchar y orar para que las suertes nos den el respiro que necesitamos.

   El miedo hacia los futuros (o los tiempos venideros oscuros tal vez), son inevitables. Unos al punto de morir no del covid sino de los nervios y otros prefieren quedarse sin estresarse demasiado con el asunto en cuestión, como yo que en casa por las noches me las gasto ojeando fríamente en el móvil, pudieran decirme, algunos de mis libros digitales o tomando algunos de mi librero para olvidarme de todos y de todo hasta nuevamente las seis de la mañana en las que me levanto y vuelvo a la carretera.


   Sé que no queda alternativa posible que esta la de seguir luchando a mi forma y a mi manera hasta que la muerte venga y me lleve a la tumba silenciosa. Sigo en pie con lanza en mano, agradezco a Dios y beso a mi esposa cuando en las tardes regreso a casa luego de soportar una jornada más sobre mis hombros y me siento otra vez el Quijote que catapultado ciento de veces por los gigantes se levanta, sacude el polvo y vuelve una y otra vez a la carga.           

lunes, 28 de diciembre de 2020

Desde ya disponible texto indispensable para la historiografía martiana de estos y todos los tiempos: un sueño a dos voces hecho realidad

 

El Editor de este blog mostrando la portada digital del libro
   Han existido, (existen, y seguirán existiendo), textos escritos en Cuba que con el transcurrir  de los años se vuelen clásicos de la Literatura Nacional, sin importar nunca ninguna de las vertientes o temáticas en las que se escriban, y hay otros, que desde su propia intención de ver la luz, ya sea a través del formato impreso o el digital muy de moda en estos instantes por cierto, lo son por derecho propio aún incluso en los momentos en que todavía están en las mentes de sus escritores.

   Tal es el caso e incluido certeramente en el segundo grupo mencionado, el libro-ensayo “José Martí, el Apóstol de Remanganaguas” de los historiadores santiagueros Arnoldo Fernández Verdecia y Antonio Isaac Hechavarría, que según en declaraciones personales en vía telefónica a este servidor del primero, cerraron con la materialización del mismo un largo y extenso ciclo de investigaciones empezadas en los primeros años del siglo XXI. 

   Sin tapujos, “José Martí, el apóstol…” despeja un gran por ciento de incógnitas, a la vez que se convierte en revelador y fidedigno, en lo que refiere a la perigrinación del cadáver del más universal de los cubanos después de su muerte en Dos Ríos, haciendo abundante énfasis en su estancia en el enclave contramaestrense hoy de Remanganaguas, perteneciente antes de 1976 a la municipalidad de Palma Soriano, hasta el traslado del cuerpo a la ciudad de Santiago de Cuba donde permanece hasta nuestros días en el Cementerio Patrimonial de Santa Ifigenia. 

   Considero, después de haberlo leído con sumo interés, que el  libro se abre espacio desde ya para que sea tomado en cuenta seriamente, y de esta forma pertenecer a lo más alto de las investigaciones historiográficas en lo que refiere a Martí, catalogado según mi modesta opinión, un verdadero punto de referencia para comprender mejor la historia del Héroe Nacional que muchos pudieran creer terminada con su deceso a manos de las balas españolas el 19 de mayo de 1895.

   El que devore sus páginas, y sienta en ellas la magia que fuera depositada por estos dos autores orientales humildes, estará de acuerdo conmigo de que en sus vidas existirá un exquisito antes y después.

viernes, 25 de diciembre de 2020

Fotografías Guamenses: “Uvero, un lugar cimero de nuestra historiografía”

Estudiantes de Preuniversitario uvereños subiendo un lugar emblema guamense





  
Uvero, desde las alturas en un atardecer de invierno caribeño

Tarja que recuerda el lugar desde donde se hizo el priemer disparo el 28 de mayo de 1957


 

martes, 27 de octubre de 2020

Conozcan a Lichi, el hombre de los mándalas

Desde que conozco a Ulises Tamayo Aliaga hace algunas semanas atrás, lo visito con alguna que otra frecuencia. Conversamos mucho entonces en esas ocasiones del arte y la vida, de cómo el mundo se vuelve nítido antes las cosas que nos hacen bien y le dan sentido a nuestros caminos mientras respiremos. Ayer fue una de ellas. Lichi estaba en el traspatio de su casa y dibujaba uno de sus mándalas. Es un hombre que ama lo que hace con gran fervor. Faltó en el trabajo anterior dedicadas a estas figuras, instantáneas de este pintor guamense. 

Hoy ECO salda dicha deuda:

 

Retocando una de las obras(Ángulo 1)

Retocando una de las obras(Ángulo 2)

El Editor de este blog con el Pintor

lunes, 19 de octubre de 2020

Daniel Faxas y el destino que lo trajo a Guamá

 

Daniel Faxas junto a su hijo y la escultura
Incontables fueron, a lo largo de nueve años, las ocasiones en las que transité por las calles de Baire en junto a mi amigo Eduard Encina. Fue en una de ellas que este personaje nos abordó cierta vez y existiese entre él y yo algún protocolar apretón de manos, con tal de no ser ambos malos educados aunque no nos conocieramos personalmente. Eran días en los que la muerte del Gordo estaba lejos de nuestras imaginaciones y se nos daban momentos memorables aquellos domingos; días en los que le tomaba “prestada” una cucharada de preciado polvo a mi abuela para darle vida en las tardes a los cafés Bonaparte, entre textos literarios salidos de nuestros humildes corazones e ideas sublimes que despertaban en el alma. Antes ya había oído hablar de él cuando Eduard conversaba con otros veteranos en mi presencia y lo mencionaba. Así fue como Daniel Faxas aunque nunca cruzara palabra alguna conmigo entró en mi vida de cierta forma y nuevamente volvemos a encontrarnos.

   Les cuento:

Es un jornada cualquiera buscando informaciones para mis trabajos periodísticos, producidos bajo meses de estricto adiestramiento por mí para la Revista Informativa Presencia, espacio portada de las emisiones diarias de Radio Coral emisora municipal guamense, territorio montañoso desde donde se edita igualmente este Cubo Oriental. No sé ni como ni cuando pero estoy cerca de unos de mis itinerarios para ese día, alguien me grita por unas de las persianas que me llegue a su oficina  y allí me dan la buena nueva de que hay un grupo de remodeladores contramaestrenses haciendo trabajos para desparecer los efectos de la pasada tormenta tropical Laura en el Parque Central José Martí de la cabecera municipal.

   ¿Dónde puedo hallarlos?, pregunto luego de saber que hay gente de mi tierra natal.

   Son varios las acciones en las que andan, pero me interesa que indagues en una particularmente, me dicen, ésta se realiza en la Casa de Visitas. Si vas a ir para no dejar pasar el suceso por alto sólo te pedimos que nos brindes algunas de las fotografías que hagas.

   No hay problemas con eso, digo a forma de despedida y me lanzo a la carretera donde gasto las suelas de los zapatos camina que te camina diariamente.

Minutos luego, después de atravesar calles, doblar por aquí y por allá tengo frente a mí el lugar. En medio de su patio  bajo de unas matas de mangos diviso la escultura de la que me hablasen en proceso de construcción. Me detengo a observarla varios segundos para seguir enseguida hacia la sala de recepción de la otrora Casa de Visitas del Gobierno que aunque en realidad ya no es tal cosa pero aún le perdura el nombre.

   Buenos Días, digo secándome el sudor de la cara a la primera señal de trabajadores del lugar.

   Buenos Días, ¿qué desea?, me pregunta una mujer delgada.

   Por favor con el escultor que está a cargo de la obra que he visto afuera.

   Ah ¿Daniel?, está por allá, me señalan.

Salgo al traspatio y lo lejos veo a dos individuos sentados con algunos alambres en la mano, uno de quizás cuarenta y tantos años, el otro un joven de unos veinte. Me les acerco.

   ¿Quién de ustedes es el encargado de la escultura que se está realizando en la entrada?, pregunto.

   Soy yo, me responde el de los cuarenta y tantos.

   Soy uno de los reporteros de prensa de la emisora local y me han enviado para cubra el trabajo que usted está haciendo, digo estrechándole la mano.

   Mucho gusto, Daniel Faxas, responde él, pero tan distraído estoy que no lo conecto para nada con mi pasado,  ni mucho menos que alguna vez lo saludé dándole la mano.

   Me comentaron que ustedes son de Contramaestre.

   Sí somos de Baire.

   Mira lo pequeño que es el mundo, mi familia es de Vista Alegre. Yo nací allá pero he hecho vida aquí.

   ¿De veras? Coño compadre, qué gusto.

   Ustedes conocen allá a los escritores Eduard Encina y a uno que le dicen El Puro.

   Claro, sí nos llevamos con ellos. Son socios nuestros. Eduard era mi amigo, un tipo encojona´o.

    Siempre estuve con ellos en los veranos de mi adolescencia. En el Bonaparte.

    Sí lo conocemos. Todavía no creo que Eduard ya no esté.

Con esta información de repente empiezo a unir los cabos sueltos en mi memoria. Aun no tengo la certeza certera pero sí, conozco a Daniel Faxas desde hace años. Allí seguimos dialogando sobre la suerte de conocer Baire a su gente, de la vida cultural que se respira en aquellos pueblitos ubicados a lado de la carretera central, de la añoranza que sienten ellos de no estar por al menos ya cuarenta días fuera de casa y de la mía que tiene más de año y medio.

   Volvemos a caer en conversación sobre Eduard y el de menos se le que le echa.

   Silencio total por más de diez  segundos que rompo cambiando de tema, para no dejarle cabida a la melancolía que me causa recordar a mi amigo. Le hablo entonces de la idea del reportaje que quiero hacer sobre la escultura y nos ponemos de acuerdo en un santiamén. Juntos atravesamos la antigua Casa de Visitas hasta sentarnos unos cinco o seis metros cercanos de la impresionante figura. Allí saco mi SAMSUNG corporativo al mismo tiempo que Daniel me confiesa que las grabadoras le ponen un poco nervioso. Alude inevitablemente entonces a aquellas veces en la que Encina quiso filmarlo hablando de su obra con una camarita que tenía y el desastre que resultara la aventura.

La escultura
   Al fin ponemos le ponemos “play” sacamos un material de unos ocho minutos y otros cinco aparte de Danielito, explicándonos cómo ayuda al padre desde que tiene uso de razón. A Daniel Faxas se le enredan un poco las palabras, síntomas provocados por la grabadora tal como asegurara pero logra dominarse mientras el hijo lo apoya. Quizás, confieso ahora yo, dudé de sacar algo de aquello y que el esfuerzo noble de este bairero quedase perdido en el tiempo pero no: el susto fue superado y ya yo hoy tengo publicado por las ondas de Coral el trabajo periodístico. Antes de despedirme de él tomé algunas fotografías a la escultura aún inacabada del aborigen que pronto será debelada en la fuente del Parque Central. Otras también junto a Daniel y Danielito. 

El editor junto a los escultores y su obra



     

 

 

 

miércoles, 14 de octubre de 2020

Mándalas (o mandalas) para la vida desde Guamá

 

El artista guamense autodidacta Ulises Tamayo Aliaga nos regala estas propuestas desde su visión personal, nacidas a raíz de ese tiempo que estuvo en cuarentena mientras la COVID 19 sumaba sus primeros centenares de victimas infectadas en todo el mundo. “Originalmente, representaciones pictóricas emergidas en el seno de las religiones budistas e hinduistas, ambas asiáticas siglos atrás”, nos dice el propio Ulises, “son composiciones hechas con calma, seguridad y firmeza, todo un recreo visual que transmite al espectador un equilibrio emocional capaz de calmar las ansias del alma”.

Las diferentes técnicas y soportes para darle perpetuidad, según su amigo y curador de la exposición Germán O. Portuondo, director de la Galería de Arte “Guillermo Collazo” ubicada en la Cabecera Municipal donde se exhibe una muestra, lo han sido materiales como el acrílico, las temperas, el óleo, el dibujo, las acuarelas, la artesanía, piedras, lienzos, cartulinas, y así todo lo que pueda abarcar o conseguir para crear su obra. 

Destaca también en las creaciones de Lichi, como es conocido entre sus allegados, el poder que emana de ellas y que te hacen quedar prendido a primera vista de estos singulares trabajos de arte apenas que los descubres y te acercas a este hombre sencillo que es a su vez amante profundo de su terruño, de sus tradiciones socioculturales. Ulises Tamayo Aliaga es muestra verdadera de lo que es ser persistente. Como un gran mago saca de su mente estas maravillas y las comparte con nosotros.

Sirva EL CUBO ORIENTAL para difundir el arte guamense de Lichi:  

 









 
 
 


viernes, 2 de octubre de 2020

El respeto hacia los Héroes debe ser siempre… y en todos los sentidos

Imagen de nuestro Apóstol, pintorreteada

No identificaré el lugar exacto donde fue, sólo que me encontraba realizando un trabajo periodístico de un tema de sumo interés y mientras me encontraba esperando a que el entrevistado me atendiera encontré sobre unos de los burós un viejo libro de Historia de Cuba. Tratando de no aburrirme empecé a hojearlo recordando mis tiempos de estudiante, cuando tenía que recurrir a aquellas bibliografías para lograr aprobar la asignatura y gastarme para ello los ojos en las madrugadas antes de presentarme a los exámenes la mañana siguiente. Sobre las hojas amarillentas van apareciendo las figuras de aquellos hombres y mujeres que lo sacrificaron todo en los siglos pasados y sus vidas fueron ofrendas vivas hasta la muerte por este caimán esmeralda echadito en medio del Mar Caribe. 

 

Antonio Guiteras en igual surte

¡Pero qué es lo que ven estupefactos mis ojos! Me detengo apretando con firmeza el libro mientras  que observo huellas en él de que algún desconocido personaje en el pasado ha mancillado de tal forma cruel y mezquina algunas fotografías pintorreteándoles la cara con el creyón de un lápiz hasta dejarlas de tal manera que se insulta uno al presenciar tal cosa. Cosa que me pone a pensar de verás en el asunto como Big Bang que detona y me saca del alma esta reflexión.

 

La veneración hacia esas personas que dejaron de vivir sus sueños para ser mambises que sus pechosdieron a las balas españolas y cuya sangre se mezcló en la manigua con los montes sagrados de la Patria, hacia aquellos que no durmieron nunca hasta ver la dignidad de Martí echa realidad en las hazañas de Fidel y perecieron en la Sierra y en el Llano bajo la rabia de diferentes tiranías a lo largo de las primeras cinco décadas de la República, deber ser defendida hoy más que nunca en todas la direcciones y probabilidades.

 

En todo momento se les debe respetar. Vivir cada cubano de estos tiempos rindiéndole homenaje digno a sus memorias. Velar porque la bajeza, aunque sea inconsciente quizás de desfigurarles el rostro en los libros en las escuelas (porque es algo que existe y sucede, no cabe duda alguna), no llegue a consumarse y sobre todo, desde el papel de nuestros docentes en las aulas, enseñar a los estudiantes de hoy y del mañana que tal fenómeno no puede estar presente en la sociedad que construimos día a día y de la que nos quedará eternamente camino que recorrer para hacerla mejor.        

Otro importante de nuestra Historia

lunes, 14 de septiembre de 2020

La Otra Guerra 2: momentos televisivos dignos de notar

Mongo Castillo(Osvaldo Doimeadiós)

Dejando a un lado lo que ha supuesto 2020 para el mundo en torno al asunto de la COVID-19, otro tema que ha marcado mi vida en estos últimos meses ha sido atravesar la semana en mis quehaceres cotidianos y esperar con ansias el domingo a las nueve de la noche para deleitarme aproximadamente durante cuarenta y cinco minutos con la exitosa serie La Otra Guerra en su segunda temporada. Confieso que al principio no llamó mi atención cuando transmitieron la primera hace algún tiempo atrás, pero de esta que ahora vemos por Cubavisión, el canal de todos, me tiene enfermo con la pregunta todo un ciclo de seis días de qué sucederá en el próximo capitulo.

De aquellos que he visto hay tres momentos que conmovieron todo mi ser de manera electrificante. El primero fue la recreación del asesinato de los niños de Bolondrón en 1963 por las bandas contrarrevolucionarias, el segundo la historia contada por el personaje de Luis Enrique Carreres del viejo mambí Juan Mateo y la tercera, la muerte del gordo Yeyo en la emisión de anoche 13 de septiembre de 2020. Ignoro si los dos últimos fueron basados en la realidad o simplemente una buena jugada dramática del guionista Eduardo Martín Vázquez Pérez, pero para el espectador que de una forma u otra puede sentirse un personaje más, han sido toques que penetran el espíritu con una fuerza tremenda y profunda.

El entrañable Yeyo el Gordo
Así podemos palpar ese pasado que no está del todo claro en los libros de textos que desde la educación primaria nos acompañan pero que con el discursar de los años llegas a la conclusión de que no dicen aquello que deberían de decir. Eso es tema para otro artículo, recuerdo y aquí lo anoto para cuando me decida a escribir de ello. Por ahora en mi mente el llanto de la madre al descubrir en el piso de tierra los cuerpos inocentes de los infantes acribillados por las balas asesinas; el sentimiento como un escucha más de la historia triste de Juan Mateo al decir que estaba cerca del general Antonio en aquella carga al machete; el gordo Yeyo desangrándose con las ganas de seguir viviendo y la muerte tocándole las puertas de la existencia.

 

Osvaldo Doimeadiós, (Mongo Castillo) y Fernando Echavarría (El Gallo), muestran grandes actuaciones en esta propuesta que es lo mejor de lo mejor en esos tiempos de nuestra televisión cubana en 2020. También merecen sus notas aparte dentro de lo que se piensa en cuanto a los aspectos que forman los engranes principales de esta importante serie. Dejémosle eso al tiempo.          

Escena donde aparece El Gallo

jueves, 20 de agosto de 2020

Acerca de las reglas para no rendirnos antes de tiempo


   La primera regla que debemos aceptar en torno al asunto es que nos tocó ser carne, no Dios Omnipotente e Inmortal y la única rendición que real en nuestras vidas deberíamos adoptar, es la de abrirles nuestros brazos exclusivamente a la muerte al final de un largo camino. Mientras tanto, es cierto: nos agotamos y pensamos en instantes que todo se va acabando, pero ¡oh milagro!: podemos levantarnos y continuar, porque siempre llegarán nuevas fuerzas con las que poder seguir y reordenarnos el universo.  

   De otra forma para que se entienda la idea: vendrán sobre nuestras existencias huracanes tormentosos una y otra vez que nos querrán llevar a “mismísima mierda misma”, como dice un argentino que resume películas en You Tube, pero miremos bien mientras las rachas nos zarandean de aquí para allá y de allá para aquí a los lados, quitándonos el fango de los ojos para ver las dianas amarradas de la esperanza que nos pueden sujetar y ser éstas ángeles salvadores.

   De otra forma más, resumiendo, para entender la idea de una vez y por todas: aunque seamos carne lista para entregar a los sepulcros como producto putrefacto en mercado de orcos, crearnos una armadura de espectador curiosísimo que se pregunta todo el tiempo qué hay después en filme “live action” que somos, es clave esencial para “entender tal cuestión” y procurarnos con lo que nos queda de las ganas después de desechos los huracanes, unos cuantos años más de metraje para ver qué nos sucede.

   Las demás reglas para no rendirnos antes de tiempo, es mera  decisión de cada cual…     

martes, 18 de agosto de 2020

El profe Ibrahim…

Ibrahim en una demostración histórica


Acaba de morir hace algunas horas sumándose a la lista de quienes se hanido sin dejarme contar en este blog las historias inéditas que habían en sus vidas. Tuve el inmenso honor de oírlo hablar de la Historia de Cuba con pasión desorbitarte cuando compartíamos cátedra en el centro mixto “Israel Pardo Guerra” de este municipio y por aquellos tiempos yo era un pedazo de aprendiz en lo que él tenía más de cuarenta años recorridos: el profe Ibrahim era por lo tanto, en el Departamento de profesores de Historia, el más experimentado y hablaba de Céspedes Maceo, Gómez y Martí (por así citar algunos ejemplos), con tanta certeza como si hubise estado machete en cintura en la manigua con ellos. 

Ante aquellos alumnos que siempre estaban en “la guanajá”, como dijéramos en buen cubano en sus turnos de clases, su mano no le temblaba para regañarlos rectamente, cosa que me hacía compararlo con un sacerdote moderno al que no le gustaba que le faltasen el respeto a su religión bajo ninguna razón del mundo.

Recuerdo claramente con especial cariño uno de esos días de dos mil diecisiete en el horario de receso, cuando nos dábamos nuestros buches de refresco y partíamos el pan bañado con una fina capa de mantequilla con tranquilidad, que de buenas a primeras instalamos a conversar sobre aquellos Presidentes de la seudo república cubana. Evocó entonces su época de estudiante en La Habana, de cuando lo llevaron a ver a Grau San Martín que a inicios de la década de los sesenta sacaban de su residencia a tomar el sol en las mañanas y junto a un grupo de compañeros tuvo la oportunidad de ver. Aquello prendió en mí los deseos de realizarle una entrevista para EL CUBO que por entonces empezaba sus andanzas.

Meses luego realizaron en la escuela una ceremonia de reconocimiento a combatientes que en los inicios de la Revolución lucharon contra los bandidos en Guamá y de pie en la plaza estuvo el profe explicando con batuta firme en un mapa y su palabra certera aquellos incidentes de la historia municipal. La entrevista nunca pude hacerla pero de aquel día guardo entre mis archivos fotografías donde lo vemos presente en dicho homenaje a los combatientes.

En materias historiográficas los profesores más jóvenes siempre lo consultábamos y con voz  rápida nos decía: “Coja el libro compay y venga pa´ca”, y ahí mismo, sentados a la mesa o debajo de una sombra te explicaba lo que quisieras párrafo a párrafo. Algo que también lo identificaba ante mí era que a pesar de sus problemas de salud siempre llegaba puntual a la escuela y a sus turnos. En esas cuestiones compartimos en incontables ocasiones desde Chivirico los coches de dos pesos, en las primeras horas de cada jornada para estar a tiempo en los matutinos y en la primera línea de fuego. Con su partida Guamá pierde a un hijo ilustre, a un sabio, a un amigo. Haberlo conocido fue un verdadero placer y lo despido hacia la inmortalidad diciéndole: ¡Gracias Ibrahim por sus lecciones! 

En otro evento pedagógico

 

 

lunes, 10 de agosto de 2020

Aquí también comemos hayaca…

Mientras se cocina hayaca

El maíz en Guamá no se da muy extensivo. Las condiciones desfavorables en las regiones costeras del municipio no propician las grandes cantidades del alimento como lo son Contramaestre, Palma Soriano y  San Luís, por así mencionar algunos terruños que lo cultivan de manera firme durante todo el año. Aquí en las lomas del Primer Frente Oriental José Martí el grano abunda un tanto más en campos “tierra arriba” donde campesinos aferrados se empeñan en cultivarlo, y en otras ocasiones es exportado de esas municipalidades que nos rodean en tractores y carros alquilados. De esta manera es comúnmente comercializado por los barrios humildes en los que nos dividimos a lo ancho de 157 Kilómetros de longitud. 

Independientemente de la explicación que brindo en el párrafo anterior y consecuencia directa de la adquisición,  lo cierto es que los guamenses también tenemos la suerte de poder disfrutar de este verdadero oro en la deliciosa hayaca, preparada con esmero en nuestras humildes cocinas y fogones, a pesar de lo caliente que son estos meses veraniegos, por las manos expertas de nuestras esposas, madres, hermanas y abuelas.

El caldero que no pude faltar

Es duro los avatares de picar el maíz… darle manigueta al molino cientos de veces para lograr la pasta (labor que realizamos preferente los hombre), y luego condimentarla… el seleccionar las hojas adecuadas para montar el producto deseado… aguantar las altas temperaturas mientras se cocinan… hundir las de arriba para que queden perfectas en el agua hirviendo y poner las de abajo en una palangana; pero vale la pena esperar y echarle una buena salsa de hígado de puerco por encima y sentarse a degustar el exquisito sabor que tiene el maíz sembrado en esta tierra caribeña.

Hayacas acabadas de sacar de la candela

Es un plato que amo desde pequeño. Por él dejo hasta el arroz que está en nuestras mesas durante todos los meses del año y recuerdo mientras muerdo los pedazos, a aquellos colonizadores españoles del siglo XV que buscando pepitas del metal más codiciado del mundo hallaron otro legado mejor que a través de los siglos, nos servimos sus descendientes.          

 
En el plato con hígado de cerdo

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