martes, 30 de abril de 2019

La Cultura no tiene momento fijo....

Al guajiro de esta tierra no le hace falta no más que una guitarra y se formó la fiesta. Aquí cantamos sin pedirle permiso a nadie: tenemos el corazón libre para hacerlo. Las siguientes fotografías fueron tomadas un domingo de defensa. Hasta los militares, que también son parte de este pueblo en donde somos todos para uno y uno para todos, olvidaron la rectitud de su profesión luego de terminado el ejercicio y tiraron al ritmo de un son montuno, sus pasillitos. Los que se presentan ante la comunidad son Los Martínez, grupo de la serranía que responde al familión de este apellido.

Representantes del grupo montuno Los Martínez

El pueblo después de la Defensa disfrutándo del número cultural


El Editor de este blog en el lugar







lunes, 29 de abril de 2019

Cuando los pescadores tienen suerte…


Dicen los más viejos que en antaño, estas aguas de la costa guamense estaban llenas de peces todo el tiempo. Ahora el cambio climático ha influenciado mucho y ya estos escasean. No quiere decir esto que los pescadores del también Primer Frente Oriental José Martí, ya no se aventuren a la mar en busca del sustento y no hagan sus buenas pescas, pero éstas ya no son como las de antes haciendo que éstos estén siempre bajo una fe que no muere por nada del mundo.

En tiempos de sargazo llegan los pargos. Las casuelas se llenan de un aroma inconfundible de filetes de este pez, lo mismo que en la más humilde casa que en los modernos paladares que atraen a los turistas nacionales o internacionales. Estuve en lugar indicado hace poco para ahora mostrarles esta galería de fotos. Allí desde la orilla pude ver la maravilla:

Los de la orilla observan cómo viene llegando dos botes

Los botes más de cerca

Así sacan del mar los botes en dicha comunidad pesquera

Hasta las más nuevas generaciones ayudan en el empuje

Instrumentos de pesca entre los que se puede ver un cordel y algunos peces

El fruto de la pesca

sábado, 27 de abril de 2019

Depositados en tierra guamense los restos de los patriarcas Pardo Guerra


Este sábado 27 de abril de 2019, fueron depositados en el Panteón del cementerio de la localidad guamense del Aserradero, los restos de Eufrosina Guerra y Manuel Pardo, patriarcas de la familia Pardo Guerra. Dicha familia jugó papel decisivo en nuestra última etapa de liberación al incorporar a unos cuantos de sus hijos a la lucha por la libertad de Cuba. El Cubo Oriental brinda fotografías de este momento tan emocionante en el que participaron autoridades del gobierno local tanto como provincial y representantes descendientes de estos dos nobles campesinos:    

Parte del pueblo reunido en el Cementerio del Aserradero

El pueblo rinde tributo a Eufrosina Guerra y a Manuel Pardo

Lugar que desde hoy guardará los restos

Placa con las figuras de ambos campesinos
Tarja con el nombre de ambos, fechas de nacimiento y muerte


miércoles, 24 de abril de 2019

Curiosidades Geográficas: Río Macío

En la frontera guamense con la provincia de Granma se encuentra el río Macío que le da nombre a la comunidad existente en el área. Este afluente es pues la división natural de ambas provincias, especialmente con el municipio Pilón que también como es lógico está íntegramente en la Sierra Maestra. Comparto desde El Cubo… algunas instantáneas del mencionado lugar: 


Alrededores que muestran la vegetación típica del lugar

Muestra del río en dirección de la costa


Muestra del río en dirección de las montañas

sábado, 20 de abril de 2019

El Cubo Oriental empieza su tercer año de vida


Llovía bastante en Contramaestre aquel día hace dos años atrás y dos personas que han sido importantes en mi vida aún estaban vivas. Recuerdo aquella tarde noche en la que fuera una verdadera odisea llegar a casa de mi abuela, evitando que se me mojase la memoria flash y le contase, aunque no supiese ni J de lo que yo le hablaba, de que en la blogósfera un nuevo componente de ésta había acabado de nacer en Internet y que éste servidor, unos de sus tantos nietos, tenía a partir de aquel entonces, un reto de aprendiz quizás para toda la vida. Después de bañarme y comer nada me hizo dormir aunque estaba cansado lográndolo sólo pasadas las tres de la mañana luego de seis horas de intento. Durante aquellas tratando de alcanzar el techo en plena oscuridad no podía dejar de pensar en aquel sitio en el que menos de medio día antes habíamos colgado para el mundo completo tres cuentos de mi autoría para empezar. Las jornadas siguientes cada persona allegada a mí dentro del círculo literario fue enterándose del inesperado suceso. Uno de ellos fue Eduard Encina Ramírez quien en una de esas húmedas mañanas mientras degustábamos un cafecito en él Café Cantante, me regalaría una de las primeras lecciones al decirme que desde ahora en lo adelante tendría que “aguantarme los huevos” y mantener, dejando la pereza a un lado, aquella página Web a la que ni yo mismo pensaba llevar tan lejos siéndoles un tanto sincero. Hoy El Cubo Oriental empieza su tercer año de existencia. No he tenido en este tiempo nada más excitante que hacer y que cause el mismo placer que éste, el de colgar parte de mis pensamientos y digitalizarlos para la posteridad. Nadie sabe dónde estaré a la vuelta de otros dos años. Es por eso que agradezco en todos mis amaneceres al Dios Altísimo el que mis pulmones y mi corazón sigan respirando y latiendo respectivamente. El Cubo Oriental es un pequeño mundo que voy expandiendo con cada idea. Estoy orgulloso de ser padre una vez más con cada texto que llega desde el reino de la nada, se instala en mi cabeza y que, saliendo molécula a molécula por las pulsaciones de mis dedos sobre el teclado virtual de una tableta, traspasa la frontera de lo invisible para quedar como una huella profunda de lo que soy y de lo que puedo ser. Aseguro que mientras se me permita, existirá siempre algo con qué alimentar el alma de este blog, escrito y editado desde el centro mismo de la Sierra Maestra y que únicamente podrá apagarse de modo alguno aquel día en que me muera. Escribo estas líneas sentado en la cama de mi habitación un poco agotado, sí, pero satisfecho por lo que ha sido El Cubo… y por las cosas que serán. Tengo como el Maestro fe en el mejoramiento humano. No quería irme a dormir sin antes recordar este segundo cumpleaños y desearle largo camino a recorrer, que siga creciendo para bien y que sea el tiempo quien tenga la última palabra.

Olber Gutiérrez Fernández 10 y 21 de la noche del 19 de abril de 2019.

lunes, 15 de abril de 2019

San José: un viaje inesperado. (Celebrando con este reportaje, el segundo aniversario de "El Cubo Oriental)



Texto: Olber Gutiérrez Fernández
Fotos: Cortesía de Yaumara Aroche Martínez

Caminar por los remotos parajes que existen en toda la tierra del Primer Frente Oriental suele ser un acontecimiento poco inusual para muchos, sobre todo cuando tienes que pasarte semanas y más semanas trabajando a la orilla, por la carretera que hay en la costa, y solo te puedes conformar con observarlos desde lejos, como si estuviese esto prohibido para ti por Providencia Divina. Son diversas  y humildes las comunidades que puede hallar quien se aventure loma arriba teniendo como único medio de transporte no más que su voluntad de combustible y de vehículo piernas y botas bien puestas. Estas se conforman de un grupo de personas que han elegido quedarse en lo alto para vivir sus vidas distanciados de la “modernidad a medias” que se vive en otros lugares del territorio. A lo largo y ancho de un municipio que abarca una franja de 157 kilómetros, no queda pedazo de tierra sin al menos una de éstas.

San José es la muestra que he elegido para contarles de estas comunidades que les he mencionado. Queda a las orillas del carretero que une a Guamá con Cruce de los Baños en el hermano municipio del Tercer Frente Mario Muñoz Monroy de quien es su capital municipal, aproximadamente a unos ocho u nueve kilómetros de Río Seco, uno de los puntos que pude encontrarse el viajante que viene desde la ciudad de Santiago de Cuba hacia Chivirico, poblado cabecera del territorio guamense. Según comentarios de sus propios habitantes, ellos no sobre pasan los ciento cincuenta individuos por lo que la convierte en una de las mas pequeñas.

La gente de San José trabaja en terrenos de los que salen la mayoría de aquellos productos que componen su dieta de alimentos como la yuca, boniato, guineo, ñame; frutas de la talla del zapote, guayaba, limón, mandarinas, etc. por así citar algunas. Podemos decir que estas producciones son  la envidia de las que loma abajo entre tanta modernidad se les hace difícil encontrarlas abundantemente, ya que estos pobladores más próximos al mar para adquirirlas tienen que pagarlas a precios algo elevados, cosa que el guajiro que las hace nacer de la tierra no suele hacer aunque, si lo pensamos detalladamente, éstos  también pagan el precio de sacrificar días y noches en el cuidado de sus cultivos de diversos peligros que pueden aparecer mientras se cumple el ciclo para al final cosechar el esfuerzo de tantos meses de desvelo.

Yo conocía de la existencia de San José desde hace mucho tiempo pero físicamente nunca había estado en él. Que si San José para aquí, que si San José para allá. Que si voy para San José, que si vengo de San José. Miles de comentarios sobre un tocayo bien cubanísimo y montuno de la capital costarricense en Centroamérica, pero jamás ni una fotografía siquiera del citado enclave. Hasta estuve alguna vez listo para subir a pie por cuestiones de trabajo hasta esta comunidad, pero nunca se cumplieron las expectativas de viaje y solo pude cumplirlas hace algunos días atrás en este abril de 2019.

Todo comenzó el 9 de abril. Como todos los primeros martes de cada mes se efectúa la reunión de promotores culturales, en su sede habitual en la Dirección Municipal de Cultura y luego que termina ésta los promotores que asisten a la misma se desparraman en diferentes direcciones. Así fue que hacia el mediodía nos encontramos Yaumara Aroche Martínez, Promotora Cultural del Consejo Popular El Francés y de quien por cierto, ya he escrito sobre su trabajo en este blog. No andaba sola en esta ocasión. La acompañaban Niurka Ortega Cruzata, que, por estos tiempos, la ayuda en la ardua labor que desempeña repartiendo cultura en los mas desamparados lugares y Eduardo Carro La Rosa, quien fuese un amigo inseparable en los años en los que deambulamos juntos becados “en lugares de la Mancha de cuyos nombres no quiero acordarme”  formando nuestro carácter y que ahora trabaja como Promotor en otro de los concejos populares. Mientras merendábamos en “El Gazebo”, uno de los paladares que existen en Chivirico, un exquisito batido y unos panes con tortillas de huevos criollos, se tocó el tema de la comunidad de San José. De ella Yaumara también me había donado alguna que otra fotografía de su trabajo allí, igualmente colocadas en El Cubo…  Entonces nació en mí el deseo de ver el lugar con mis propios ojos y la reservación fue hecha para dos días después, el jueves.

El 11 de abril me levanté haciendo la rutina de siempre. Sólo que esta vez mi viaje no sería hasta Chivirico como de costumbre; esta vez tendría que quedarme en Río Seco para esperar hasta cerca de las nueve de la mañana, pues a esa hora pasa tres veces a la semana con alguna que otra jornada de normal fallo, una guagua de montaña que atravesando por esa demarcación, se dirige al Cruce de los Baños. Las opiniones con respecto a este medio de transporte son divididas. Algunos opinan de la validez del servicio, la que por cierto hallo positiva, mientras que otros hablan del camino en los que hay puntos grandemente peligrosos y, sobre uno o dos accidentes ocurridos en estas vueltas tiempo atrás. La mañana algo lluviosa, detalle digno de notar. “Vamos a ver si nos guarda Dios, en Él confío”, pienso mientras espero.

A las nueve menos veinte aparece el “cajoncito”, como le llamamos popularmente. El precio es de cinco pesos y el corazón sobresaltado de pensar en esos tramos en los que por casualidades del destino pudiéramos estar media hora luego en el fondo de uno de los barrancos, pero la aventura de ver cosas nuevas puede más y ya no hay tiempo para arrepentimientos. El terreno mojado podría hacer patinar las gomas del vehículo. Confiemos en que salga todo bien. Yo no doy a demostrar ningún tipo de nerviosismo, todo lo contrario de Niurka que me dice de los escalofríos que recorren cada fibra de su cuerpo. Alguien desconocido interviene, comenta que no cojamos lucha, que no importa lo que estemos haciendo, cuando nos toca nos toca. Yaumara va formando su rumba y saca su celular para tomar las primeras fotografías de este viaje inesperado al menos para mí. Al menos una hora pasa antes de que vea por primera vez rastros de San José columpiándome al son del “cajoncito” que se mueve de aquí para allá y viceversa.

El “cajoncito” hace la parada justo frente con frente al Consultorio Médico de la Familia que a su lado tiene la pequeña escuela primaria nombrada Braulio Coroneaux  y que le rinde honores tomando su nombre, al héroe que muriese en la Batalla de Guisa finales de diciembre de 1958. Allí los pioneros nos reciben entonando su lema a la vez que curiosos se preguntan a sí mismos, imagino, por las miradas, quiénes son aquellos dos personajes que acompañan la seño Yaumara. Ésta nos presenta y Niurka y yo compartimos con ellos. Recibo de parte de estos la sencillez, la ternura que puede encontrarse en aquellas caritas de este “monte adentro”, siento con esto en el corazón, la respuesta  al porqué de Yaumara, a la que jamás he visto quejarse ni una vez,  sube a estos lares de una tierra que, aunque invisible para los que las oportunidades en el llano les son el mundo todo, se pierden la belleza de lo natural, de sentirse visitantes en entre palmas y rocío donde cantan los sinsontes y tocororos alegremente, amantes de la libertad.

Al rato de la llegada empieza a caer una llovizna que se mantiene por una o dos horas. Pienso en el descenso que será a pie y también en la grabadora de voz que llevo conmigo y con la cual trabajo. Pido a Dios tener más suerte y que solo llovizne sin muchas fuerzas o que escampe. Un aguacero fuerte podría dejármela fuera de uso. Por el momento voy utilizándola con los propios niños y algunos habitantes del lugar que enterados de nuestra presencia, se acercan para saludarnos o compartir con nosotros.

Perder la rutina de hacer lo mismo día tras día es bueno para la vida. No importa aquello que sea. Me sentí con el alma desencadenada subiendo allá arriba y rompiendo mi rutina de casa, trabajo, casa, trabajo, casa… como un autómata más del montón, viajando a ese Guamá que aunque cerca, algunos pretenden olvidar y otros como yo se indignan ante tal cosa.  

Para cerrar y como comentario final, el descenso nos fue bien. Parecíamos Yaumara, Niurka y yo un trío de muchachos divirtiéndonos entre fotografías, bromas y conversaciones. Entre las instantáneas una de las más interesantes es la de la “Baría del Comandante” de quien se cuenta que alguna vez Fidel Castro descansara en ella y hoy es como un objeto histórico natural vivo de la gente que vive en los alrededores de San José. Con ellas pues, las fotografías, cierro este reportaje:        

Niños de la escuela primaria de San José en el momento que llegamos

De izquierda a derecha Yaumara, el delegado de San José y Niurka

Vecino de San José, los niños y Niurka

El editor de este blog con el consultorio de San José detrás

Vegetación típica de San José

Niurka y yo en la Sala de Televisión Los Alarcones, cerca de San José

El editor de este blog al lado de la Baría del Comandante en la que se pintara sobre la corteza una bandera

La Baría desde lejos
Yaumara y Niurka en una de las fotografía tomadas por mí

Niurka y yo en el descenso

viernes, 12 de abril de 2019

Rubio

Caricatura de Armando Rubio

Para él éramos “catetos a la hipotenusa”, los que no disparábamos ni un chícharo en sus clases de matemáticas y lleno de ira se le ponía la cara roja de rabia cuando mandaba a algunos (y especialmente a mi primo Ernesto recuerdo) a la pizarra, pero estos para joder hacían mal los ejercicios, a veces por no saberlos de veras, otras por solo llevarle la contraria. Los muchachos incluyéndome a mí, que quedaban de la parte de acá, de las sillas y mesas en condición de espectadores, gozábamos de lo lindo con el espectáculo hasta prácticamente orinarnos de la risa. Su nombre era (es) Armando Rubio y ya tenía unos cuántos años dando sus lecciones de “tangentes y directrices” en aquella secundaria básica en la que algunas semanas atrás había yo ingresado contento de ir vestido de uniforme amarillo, muy distinto éste al que había llevado durante seis años previos amarrándome al cuello pañoletas azules y rojas. Corría por aquel entonces el primer mes del ciclo lectivo 2002-2003 en la Ciro Redondo García en un lugar llamado Caletón Blanco.

No poseo ninguna fotografía del profesor de quien les hablo. Solo esta caricatura que le hiciera Zulema García Prado, una Instructora de Arte amiga mía en la especialidad de Plástica tiempo antes de que se retirara definitivamente hará menos de tres años. Compartí con Rubio no únicamente siendo su alumno y en el octavo grado que fuera mi profesor general integral, también tuve el placer de tenerlo como compañero cuando cursaba mi cuarto curso de  estudios pedagógicos y me tocara hacer las prácticas docentes en aquel centro donde hiciera mis travesuras de adolescente. Recuerdo con cariño de este periodo no lejano en mi historia, sobre todo los mediodías en que nos sentábamos a reposar el almuerzo y me contaba anécdotas de  su juventud. Desde mis tiempos de alumno hasta aquellos en los que sin proponérmelo llegué a ser, reitero, un compañero de trabajo más a su lado, a este inolvidable educador todos sin excepciones brindaban gigantesco respeto. Nadie podía tacharle ninguna conducta inadecuada que mereciese lo contrario. Comparto con ustedes la caricatura que, archivada entre los papeles de Zulema, recientemente encontrara mientras revisaba con la vista viejos dibujos realizados por ella.

martes, 9 de abril de 2019

Apartamento 7 (Cuento)

El edificio 15-B donde vivo tiene numerosos misterios. El más interesante es el del apartamento 7 con su puerta pintada de verde. Nadie ha visto nunca a la nueva familia que vive en él y quienes aseguran haber visto algo sólo son un par de borrachos que una madrugada vieron tres sombras que entraban y cerraban la puerta rápidamente detrás de sí.

Eso deduce poco pero deja abierta la imaginación.

Tampoco ninguno de los porteros puede aclarar las dudas. Afirman que el apartamento después de permanecer cerrado todo un año fue rentado un martes y el miércoles le estaban pintando la puerta de verde. El viernes casi al amanecer se quedó dormido el portero que estaba de turno luego de una noche completa en vela. Lo despertó con toque de hombros el dueño del inmueble, un viejo estirado y largo, que no se sabe como entró, para decirle que los nuevos inquilinos del apartamento 7 estaban instalados y que no los molestara si ellos no lo pedían. Por las escaleras bajaban cuatro hombres y en la entrada estaba parqueado un carro negro de mudanza. Al portero le llamó el color negro. En la ciudad todos eran preferiblemente blancos. Unos metros más adelante la flamante limosina del dueño.

“¡Imposible!” pensó el pobre hombre cuando miró el reloj. Habían pasado quince minutos. ¿En qué tiempo llegaron, desmontaron todo y lo subieron? Aquel ajetreo lo hubiese despertado. Además, su reloj tenía las pilas nuevas. Improbable que se hubiese detenido. El portero afirma haberse quedado estupefacto sin hallarle explicación al suceso. Mi abuela lo invita a tomar café todas las mañanas cuando termina su turno y de entre los muchos temas de conversación que sacan el preferido es ese del apartamento 7  y por el cuál empezó a interesarme la historia.

“El viejo Borges se está volviendo loco.” me dijo con sus ojos redondos bien abiertos  cuando se marchó el portero mientras levantaba las piernas en su vieja banqueta y se daba abanico sin más opción ante la rotura del ventilador.

Recuerdo que en el apartamento 7 vivía una señora muy anciana. La pobre estiró la pata. Quien la cuidaba era una trabajadora social llamada Mirna que cuando se dio cuenta de que estaba muerta, salió al pasillo formando tremenda gritería. Pero esa es una cuestión menos importante ahora. ¿Quiénes son los que viven en el apartamento  7 y más extraño aún, por qué pintaron la puerta de verde?



3 de julio 2017.       

lunes, 25 de marzo de 2019

Recuerdo de un amigo: Entre el café y la poesía


Eduard Encina por tierras colombianas

Antes que El Cubo Oriental existía Cimarronzuelo Oriental, el blog de mi amigo Eduard Encina. En muchas conversaciones siempre se habló de este sitio, de cómo servía para escribir y desarrollar ideas propias y plasmarlas en la plataforma digital. Todavía por aquel entonces yo no podía imaginar que en el futuro no muy lejano tendría el mío y más extraordinario aún, que encontraría las claves para editarlo desde pleno corazón de la Sierra Maestra, lugar al que le faltan años luz para que las nuevas tecnologías se desarrollen en su máxima expresión. Fueron por los días de abril de 2017 que nacía El Cubo… en que también a Encina le entregaban el premio de La Gaceta de Cuba en poesía por un cuaderno llamado “Manigua”. Mi amigo se fue a Medellín, Colombia para realizar su último viaje en vida. Allí participaría como parte de dicho premio en un famoso festival. A su regreso quedaría este texto que según Alfredo Ballesteros fue escrito después de su retorno a Cuba. Hoy quiero yo guardarlo con una mezcla de cariño y nostalgia en los archivos de este guamense blog:

 

Los cafés de Medellín (Tomado del Blog Cimarronzuelo Oriental (cimarronzuelooriental.blogspot.com)).


Cada domingo mi casa es un Café.  Allí se dan cita los amigos escritores para dialogar sobre el cielo y el infierno. Enseguida Mailer, mi esposa, nos trae la tacita rebosante del aromático cerezo mientras el diálogo comienza. Medellín es una ciudad donde me sentí como en Baire. Cada café degustado me aproximó a mi pueblo inevitablemente

Durante los días del Festival de Poesía, cada mañana ansiaba un tintico colombiano. Gracias a Dama, una paisa enamorada de sus tradiciones y que se presentó  como amiga de los poetas Oscar Cruz y Rito Ramón Aroche, pude conocer los más disímiles sitios para beberme todos los tintos que pude. 

Junto a ella supe que a solo unas cuadras, cerca del parque Bolívar, se encontraba  La Polonesa, un café concurrido y heterogéneo, que bien temprano se animaba con dos muchachos, quienes a flauta y guitarra, nos regalaban entre otros temas “La molienda”. Era un sitio espacioso, con un TV transmitiendo futbol y un constante entra y sale de público que bebe su tintico y se incorpora a las actividades del día.

Visité varios cafés de la ciudad y enfrenté sin mucho éxito la TAZA IMBATIBLE que sirven los colombianos, pues tomarse un tintico, es plantarse frente un tazón exagerado que los paisas degustan con normalidad hasta el mismísimo fondo. Eso echa abajo los prejuicios  que se han formado en torno de que el oscuro líquido es dañino, pues sin dudas hace tiempo no quedara uno solo de estos alegres antioqueños en pie.

Pero fue a una cuadra del parque de San Ignacio, en las Torres de Bomboná donde encontré en sitio anhelado. Raza_ Café, más pequeño que La Polonesa, con ambiente acogedor e íntimo; decorado con sobriedad, en un extremo un lienzo con la figura de Chaplin, del otro la imagen de Cantinflas, y de fondo un viaje musical desde Compay Segundo a Fito Páez, de Louis Armstrong a Julieta Venegas. El dueño, es un conocedor de la cultura latinoamericana, se declaró admirador de Pablo Milanés, Celia Cruz y José Martí.  Al servirnos  café, el mío lo trajo en una tacita y un poco más concentrado “a lo cubano”, me dijo. 

Desde entonces, por el día íbamos a La Polonesa, disfrutábamos su diversidad y la hermosa vista de la Estatua ecuestre del Libertador. Por las tardecitas, nos esperaba el Raza_ Café y las conversaciones sobre la cultura de los colombianos y los sueños con que se despiertan cada día.

 


sábado, 23 de marzo de 2019

Borges y García Márquez en mi vida




Borges, García Márquez, Eduard Encina y yo
Fue en mis tiempos de adolescente en que oí hablar de ambos por primera vez. Quizás en aquellas clases de Español Literatura en los que te inculcaban a algunos autores de renombrado prestigio, no recuerdo exactamente, pero luego pasarían algunos años hasta que al fin, como inevitable profecía, chocaría con las geniales escrituras de ambos. Cómplice del milagro estuvo Eduard Encina, el poeta bairero que en uno de los tantos cafés de aquellos inolvidables domingos junto a él pegadita su casa a la línea del tren, me hizo ver ejemplares del argentino y colombiano respectivamente. 

Así fue que por primera vez llegó a mis manos una copia de esa gran obra que es “Cien Años De Soledad” y a la que le dediqué dos semanas completas de lectura. De esta forma me fui empapando de la historia de los Buendía hasta leerme cada palabra de las más de cuatrocientas páginas del legendario libro. Quedé impactado durante aquellos catorce días al tomar el primer trago de esa fuente que representa ya para el mundo, el legado innegable del “Realismo Mágico”. 

Dos puntos de la novela recuerdo con gran cariño: el primero es el de Remedio la bella que nunca “conoció” varón y por su pureza ascendió a los cielos como vino al mundo; el segundo punto, aquel increíble recorrido de la sangre cuando asesinan a José Arcadio Buendía y esta de mensajera, como guiada por el Ser Divino, le avisa a la madre de éste sobre la tragedia. Aún me queda por leerme otras tantas cosas de García Márquez pero, y no es porque sea una de sus novelas más reconocidas, “Cien Años…” es una muestra perfecta de la genialidad del colombiano. 

En cuanto al argentino, Eduard me obsequió un ejemplar editado aquí en Cuba y que fuera una selección de Roberto Fernández Retamar de piezas icónicas de este hombre también cumbre del siglo XX. Dentro del volumen de ensayos y relatos elegí los últimos. De estos disfruté al máximo. Piezas como “El Sur” o “El Aleph” hacen ver al genio en toda su plenitud. Todavía me quedan pendientes los ensayos. De momento agradezco Encina por habérmelos insinuado. Lo demás fue producto de mi curiosidad ante la magia eterna que significa leer y descubrir el mundo desde otro punto de vista. De Borges y sus cuentos quien a mi juicio se lleva el mérito “La muerte y brújula” por su desenlace tan inesperado para Erik Lönnrot. 

En fin, ambos escritores universales, que desembarcaron en mi intelecto bajo efectos del cubano Eduard Encina quien me los presentara, han calado mi alma y espiritualidad. Aun no he terminado con ellos y creo que estoy a tan solo de haber comenzado a andar algunos metros de las miles de millas que nacen de sus respectivas literaturas.       

lunes, 18 de marzo de 2019

Incluido Bola de Nieve entre mis archivos musicales



Ignacio Villa (Bola de Nieve)
Ahora la gente me mira más raro en las guaguas de las cinco de la tarde. No pueden creer que cuando es normal que los jóvenes de hoy estén “reguetonizados” hasta la médula, venga uno escuchando a Ignacio Villa en su célebre interpretación de “Ay, Mamá Inés…”. Notable en la grabación que su calidad no es a la altura de las que se realizan con las tecnologías actuales, pero tengo la sensación de que parece que el Bola está sentado frente a mí haciendo la pieza como la primera vez. No me importa que me miren asombrados. Bola de Nieve me transporta lejos. Lo escucho más y más mientras avanzo los largos kilómetros que me separan de casa. Hasta hace poco no lo hacia. Sólo había leído algunas cosas sobre él y del gran aporte que legara a la cultura de la isla por lo cual es uno de los grandes exponentes de la música cubana del pasado siglo XX.

Todo comenzó husmeando entre cientos de archivos digitales en los que hay gran variedad de intérpretes del patio, como suelen decir algunos cuando quieren resaltar a los artistas nacionales y diferenciarlos de aquellos de otras partes del mundo. Entonces aproveché que estaba sin más nadie cerca de mí y reproduje los de la carpeta del Bola. Quedé encantado de la frescura de aquello que escuchaba. Me parecía verlo sentado al piano mientras sus dedos se movían ágiles por las teclas produciendo cada pedazo de la melodía. Acto seguido copié dicha carpeta completa hacia mi USB y luego otra para mi teléfono.

Subo ahora los escalones del transporte con las dos manos ocupadas. En la izquierda llevo un peso, aquel que tiendo al chofer. En la otra mi teléfono en “play” con Bola de Nieve. Me arrincono en una esquinita al fondo y mientras observo las montañas a lo lejos, mi nuevo amigo va cantando “Chivo que rompe tambó…” o “Si me pudieras querer…”. Es como si a través de estas grabaciones él supiera que en el futuro, estaría alguien necesitado de escucharlo para así escapar del tedio de las jornadas agotadoras en las que, aunque cansados vamos hacia nuestros hogares, también llevamos la satisfacción de haber vencido un día más.

jueves, 14 de marzo de 2019

Historia de Guamá (Parte II)


Límite que da inicio oficialmente al actual municipio

Esta Historia de Guamá es producto de las ivestigaciones que en el pasado han hecho diferentes investigadores interesados en el tema. Dejo claro por si las dudas que, no es trabajo del editor del este blog a quién unicamente le interesa publicar en el espacio cosas relacionadas con el municipio Guamá.

  I ÁMBITO GEOGRÁFICO:

En la intrincada topografía de Guamá se encuentran numerosos vallejuelos y planos in tramontanos de fértiles tierras, irrigados por cursos fluviales lamentablemente hoy secos o de fluido intermitente. La connotada fertilidad de sus terrenos favoreció el asentamiento humano en antaño. Su dilatada e irregular costa resulta pletóricas en playas, rodas y ensenadas y están dotadas de fondos marinos bien surtidos de peces, gudaneos, crustáceos y moluscos, todos de alto valor nutritivo y agradables al paladar.



II PERIODO COLONIAL:

En relación a la colonización el historiador Sergio Aguirre escribe lo siguiente: “Con la aparición de las últimas Villas fundadas por Velázquez, el establecimiento de las encomiendas y la llegada de los primeros esclavos africanos terminó la conquista de Cuba y empezó la colonización hacia 1515. Así nacía la Cuba Colonial”. Las características geográficas, climatológicas y naturales de este territorio del que hablamos, fueron propicias para que en el propio siglo XVI hubiese en el mismo presencia de los colonizadores españoles, produciéndose los primeros asentamientos aislados por usurpación, ya que la zona estaba poblada por aborígenes. Esto queda demostrado con los hallazgos hechos por los arqueólogos de la Academia de Ciencias de Santiago de Cuba al encontrar objetos con elementos de cobre y barro, lo que induce pensar en un temprano proceso de transculturación indo hispánica. Por otro lado Antonio Núñez Jiménez en “Cuba, la Naturaleza y el Hombre”, tomo I, en el tema “El Archipiélago” dice: “Uno de los nombres primeros que aparecen en nuestra historia es el Turquino, topónimo de difícil interpretación, casi seguro de origen Arahuaco, aunque algunos han querido ver en él una ilusión al azul turquí, o azul intenso como señaló Felipe Poey en su  “Geografía de Cuba...” Es interesante conocer también que por testimonio ya citado de Juan de la Torre al dar fe del reparto de indios ordenado por el Gobernador de Cuba, realizado desde el 25 de Abril al 25 de Agosto de 1530, se puede fijar con certeza que la presencia del Turquino se encontraba donde hoy se sitúa el Pico Turquino, ya que en el mismo se habla del pueblo de Sevilla, nombre que todavía tiene vigencia en aquella región de la Sierra Maestra. Como vemos por dichos documentos, Turquino es el cacicazgo del Indio cristianizado “Gonzalo”.

Las primeras actividades económicas del territorio fueron como en todas las demás  villas, la minería (la búsqueda de oro) a través del sistema de encomienda y la plantación de subsistencia y mas tarde la madera que era trasladada a  Santiago de Cuba principalmente para las construcciones militares y civiles. Ya entrado el siglo XVII aparecen elementos de diversificación económica, aunque la madera sigue siendo uno de los renglones principales, se incorporan a ella la ganadería, el carbón, el coco y los frutos menores que eran trasladados a Santiago en pequeñas  goletas, por lo que establece un comercio de cabotaje entre los dos territorios. Las propias características de sus costas y el auge del comercio de rescate y el incremento de bucaneros, corsarios y piratas en este período, es presumible que los habitantes de esta zona se vincularan a esta actividad, comerciando principalmente los derivados del ganado vacuno, como carne salada, cueros, etc. y en menor cantidad con frutos menores, viandas y maderas preciosas como el cedro, la caoba, la sabina, etc. Es de suponer además que las vías de comunicaciones existentes y la cercanía de los habitantes del Realengo de la Uvita y los de las zonas de Peladero, Uvero y Ocujal, establecieron su comercio con la Villa de Bayamo que en este período constituyó un centro importante para el desarrollo de esta actividad.


III ORGANIZACIÓN POLÍTICA:

Al darse cierto crecimiento económico se va produciendo un paulatino crecimiento demográfico a lo largo de la costa que produce la aparición de  pequeños conglomerados poblacionales, por lo que fue necesario una determinación en la organización política principalmente de tipo militar para garantizar cuidar la costa de ataques enemigos como los de bucaneros, contrabandistas, corsarios y piratas y evitar sus trasiego hacia Santiago de Cuba o Bayamo. Este territorio a partir de l558 que se funda el Cobre y pasa a ser territorio de Santiago de Cuba, era subordinado en lo militar a Santiago y en lo civil al Cobre. Cuando éste se fundó  como cabecera municipal con l4 barrios, muchos de estos pertenecían a lo que es hoy Guamá y aún siguen perteneciendo a él como es el caso de Aserradero, Nima Nima, Santa  Rita y Guamá.


IV ACTIVIDADES ECONÓMICAS. ETAPA 1701 – 1864:

De acuerdo a los datos que se poseen y partiendo de censos realizados que se recogen en obras como “El Barracón” de Juan Pérez de la Riva y “El Cobre y sus términos” del Dr. Antonio Duany Beré, señalan  que la economía de este territorio era fundamentalmente, entre los años l70l a l792, de hacienda y dedicada principalmente al autoabastecimiento de los pobladores  de esta zona, basada principalmente al cultivo de viandas, frutos menores y en menor cantidad la ganadería, aunque productos como  es la ganadería era comercializada en lugares como Santiago de Cuba, Bayamo y Jiguaní. También existieron algunas minas como las del Cuero y Guamá. En la obra ya referida del Sr. Duany Beré aparecen  estas anotaciones. Dice el mismo autor que en el Aserradero y otros parajes de las costas se producían gran cantidad de carbón vegetal.

A partir de la última década del siglo XVIII y a efectos de la revolución iniciada en tierras haitianas, empiezan a asentarse en esta región aquellos colonos franceses que pudieron escapar. Aún pueden verse las diferentes ruinas de construcciones existentes en lugares como son: La Loretina, La Abundancia, El Mastelero, Santa Rita, etc. Además del café los franceses se dedicaron a producir otros productos que influyeron positivamente en la economía del territorio, dentro de ella la ganadería, viandas, algodón e incluso en la zona de Nima Nima  existieron dos pequeños trapiches o pequeños ingenios llamados “El Manacal” y “El Vergel”. Independientemente que los  franceses se dedicaron al cultivo del café, muchos criollos también lo cultivaron y los pequeños terratenientes criollos que se fueron asentando en este territorio, principalmente en litoral costero se dedicaron a la ganadería y al cultivo de frutos menores y viandas. Fue extraída gran cantidad de madera principalmente para utilizarlas en la industria azucarera y en las construcciones civiles de Santiago de Cuba como el caguairán, caguaní, la jatía y otros eran extraídos fundamentalmente de la zona de Aserradero, El Cuero, El Macío  y Río Seco, etc. Los españoles influyeron fundamentalmente en la economía del territorio en la esfera comercial aunque existieron algunos propietarios de fincas, pero no fue característica de ellos dedicarse a las actividades agrícolas, sino más bien al comercio y usurería.


V SITUACIÓN SOCIAL EN EL PERIODO:

Según incrementaba la actividad económica en el territorio fue también creciendo la población, aunque no es hasta 1864 en que se pueden obtener datos concretos sobre ella. Ésta se fue multiplicando en los diferentes barrios y surgieron éstos caseríos y cuartones a partir principalmente de los asentamientos franceses en las profundidades de la Sierra Maestra. Conjuntamente con estos barrios y cuartones se va a dar una heterogeneidad en la formación de la población del territorio ya que producto a la unión de franceses, criollos, negros esclavos y libres africanos, haitianos y españoles, va a continuar incrementándose el mestizaje que van a quedarse de forma estable en dichos barrios y de los cuales van a surgir muchos de los actuales habitantes de este municipio, Los esclavos que radicaron en esta zona fueron los que llevaron el peso principal de la economía cafetalera, maderera y desmonte. La existencia de gran cantidad  de esclavos dio lugar a que se diera gran cantidad de hechos de cimarronaje. Existieron varios palenques como el de Vayamita, Las Bijas, y Guamá entre otras. Dentro de lo social estaba la poca atención médica situación que ocasionó infinidades de muertes curables. Producto  a estas muertes fueron surgiendo los diferentes cementerios que en la actualidad están a todo lo largo de la costa del territorio de Guamá. Al igual que la salud la educación tampoco fue atendida, no existiendo ninguna escuela en este periodo.
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